Las cornadas las asumen los profesionales como el precio que pagan por su ambición.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
El valor es uno de los conceptos del toreo sobre los que más se ha podido escribir, decía Joaquín Vidal que “torear es muy difícil y además, muy peligroso”. Consciente de ello, llegó Isaac Fonseca el pasado domingo a Las Ventas de Madrid dispuesto a triunfar, sabia perfectamente el torero de Michoacán que no podía dejar escapar está oportunidad, porque los contratos escasean, las oportunidades son cada vez mas pocas y los gastos aumentan conforme avanza la temporada.
Consciente de que la plaza de toros de Madrid es la más exigente del mundo y que hace que la temporada pueda ser buena o no para muchos de los toreros que allí acuden, Fonseca se la jugó a cara de perro ante las embestidas criminales de su segundo toro de Torrestrella. Lo tenía claro, no había opción para medias tintas e Isaac derrochó valor y honestidad a pesar de los derrotes que le propinaba su astado en cada muletazo. Pero en un momento, al sentirlo muy cerca, el derrote fue certero y le clavó el pitón por la espalda. Fonseca salió en novillero sabiendo que así tendría más opciones de triunfar, pero también de caer herido (como finalmente sucedió), pero se llevó a la enfermería el respeto del público de Las Ventas.
Hay que señalar también que se presento lesionado, porque tiene una grave distensión de ligamentos desde hace unos meses de la que no ha querido operarse, porque la convalecencia es larga y en estos momentos no puede darse ese lujo. Por eso está toreando sin que casi nadie lo sepa, con distensión de ligamentos.
Con su primero del hierro de Pedraza de Yeltes también respondió donde hay que hacerlo, en el ruedo y con sus armas. Al natural se puso con el toro más atemperado del encierro y se pasó las embestidas muy cerca, mas falto un punto de limpieza en algunos momentos, aunque dejo constancia que ha mejorado en sus formas y concepto. Se tiró derecho como una vela para dejar una estocada hasta las cintas en todo lo alto y la petición fue fortísima para llevarse una oreja de un gran valor.
En general la actuación de Fonseca ha sido muy destacada y merecería serle redituable en contratos, y no como ha sucedido tantas veces con una larga lista de jóvenes toreros que, dotados de condiciones más que sobradas para el triunfo, se han quedado en su casa esperando a que suene el móvil.
Un torero puede perderse por miles de razones pero, de no llegar, que no sea por no haberse jugado la vida.
Es lo que digo yo.





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