La resurrección de la plaza de Marbella, el Starlite de los toros: “El proyecto se define por el compromiso y la transparencia”

Por Zabala de la Serna.

Cuando finalizó la corrida, entrada la madrugada en una espléndida Marbella, y se llevaban a hombros a Ponce, Talavante y Ortega con su triunfo a cuestas, y Morante marchaba a pie con la huella y el peso del toreo, Khaldoon Al Mubarak preguntó: «¿Cuándo es la próxima corrida?». El presidente del Manchester City había asistido junto a toda su familia a la corrida de los Candiles en una noche de fiesta sin topes que recordaba el viejo esplendor marbellí, cuando se cruzaban los destinos de todas las figuras de la tauromaquia y los nombres de la beautiful people en la crónica social, por entonces más blanca que rosa.

La plaza de Marbella (1964) nació para el mundo de los toros en la España del desarrollismo y la eclosión de la Costa del Sol para el turismo como arma de internacionalización masiva. Fueron inaugurándose cosos por toda la próspera zona: Benalmádena (1968), Fuengirola (1962), Puerto Banús (1968), Estepona (1972)… Quedó establecido un vivo tejido para la industria cultural de la tauromaquia que se desvaneció con el tiempo.

Marbella fue capital del circuito con una capacidad de 9.500 espectadores, pero cerró sus puertas en 2015 por distintos avatares y jaleos urbanístico empresariales. Ahora ha regresado para quedarse de la mano de la sociedad Arenal Marbella que preside Fermín Bohórquez y cuenta con su hermano Iván Bohórquez, consejero de Telefónica, Miguel Báez «Litri» y José María Pacheco Guardiola, fundador del grupo internacional Konecta, entre sus miembros.

Los artífices de la gran apuesta entrelazan genealogía taurina, músculo financiero y una visión moderna del empresariado. Bohórquez agradece tanto al Ayuntamiento marbellí que encabeza Ángeles Muñoz como a la Junta de Andalucía el respaldo -«una colaboración maravillosa»- para la refundación de una plaza que volvió a escena por su 60 aniversario, el pasado 8 de junio, y que se ha sostenido con la misma grandeza este último fin de semana: «Ha sido un compromiso de nuestro grupo con los toros y con nuestra educación taurina, con nuestras formas y lo que hemos vivido tanto Miguel [Litri] como yo en los ruedos y en nuestras familias. Entendimos que Marbella, aquella Marbella de El Cordobés, Antonio Ordóñez y Curro Romero, era un destino taurino, social y de turismo mundial. Queríamos devolver generosamente con este cartel de ocho toros y cuatro figuras lo que el toreo nos ha dado, y recuperar la memoria de las grandes corridas marbellíes».

Yolanda Marín, concejala de festejos, se mostraba minutos antes del exitoso cierre de rejones «orgullosa de este proyecto después de tantos años». «La lucha y la inversión por mantener la plaza durante este tiempo de cierre han sido considerables», subrayaba. De hecho el estado de conservación del coso es impecable, «también sus condiciones de seguridad». Significa mucho para la ciudad, para el nombre de Marbella, vinculada en verano al reconocido festival Starlite como símbolo de excelencia, la recuperación de su plaza y la ampliación de su oferta cultural: «La respuesta fue sorprendente ya en su reinauguración con un lleno total».

Fermín Bohórquez es consciente del trabajo hecho, pero también del que queda por hacer. Resucitar una plaza cerrada durante una década implica recuperar el hábito perdido por el público. «Hablas con Espartaco o Paco Ojeda, que siempre pasaban en verano por esta plaza, y recuerdan sus llenos. Igual que existía el puerto de montaña de Bilbao las figuras venían a Marbella a coger aire. Nosotros hemos querido que ese público vuelva. Porque más allá del glamour y de la élite, está la gente del pueblo, el trabajador del sector turístico, que quiere ver toros. Y por eso hemos puesto precios asequibles. Hubo una época en la que se abusó y sólo se pensaba en un público caro. Marbella es luz y alegría, una alegría fiestera».

¿Les ha faltado tiempo para trabajar en el proyecto? «Sin duda. Los contratos se firmaron a ras con el Ayuntamiento, que luego se ha volcado. Y la gente ha respondido. Falta aún un conocimiento mayor de que los toros han vuelto a Marbella. Nuestro proyecto se define por la transparencia y la seriedad. Defendemos nuestras tradiciones, la esencia, lo que somos. Al toreo le falta creer en su grandeza y saber comunicarla», concluye Bohórquez, mascarón de proa de esta sociedad que, como los toros a Marbella, también ha venido para quedarse: «Hay muchas plazas, el toreo cambia de año en año y nuestra actuación es inminente».

Publicado en EL MUNDO


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