El 18 de Agosto de 1987 se presentaba en Bilbao la ganadería de Dolores Aguirre. Dolores, nacida en Berango, se había convertido en ganadera 10 años antes al adquirir la vacada de María Teresa Osborne, con procedencia pura de Atanasio Fernández.
Desde el comienzo la berangoztarra plasmó en la ganadería su marcada personalidad; siendo el trapío, la fiereza y la integridad los fundamentos que la aventuraron en la búsqueda de un toro con la capacidad de trasmitir emoción durante la lidia.
Haría su debut en el coso de Vista Alegre con una corrida de gran trapío que estoquearon José María Manzanares, Pedro Gutiérrez “El Capea” y José Miguel Arroyo “Joselito”.
Una vuelta al ruedo le valió a Manzanares la lidia de “Cartujano”, que destacó en entre los lidiados. El alicantino lo lanceó con unas bellísimas chicuelinas con las manos bajas y una interesante faena de muleta en la que demostró encontrarse en un gran estado de profesionalidad, de sazón y de poder que sólo dan los años de alternativa.
El resto del encierro, con sus dificultades, tuvo un juego desigual impidiendo el triunfo a los espadas que completaban el cartel. Tanto El Capea como Joselito tropezaron con sendos lotes con los que había poco que hacer. Al madrileño, el público lo premió con una ovación de despedida tras lidiar al sexto, pues como en el anterior, intentó darlo todo.

Su presentación en Bilbao en el martes de feria de 1987, desilusionó a la ganadera al perder el triunfo soñado para aquel día. Su pasión por los toros se vio recompensada en 1998 al conseguir el trofeo al toro más bravo de las Corridas Generales con “Mascarito”, lidiado en 5º lugar en el festejo que cerraba la Semana Grande Bilbaína.
Ese toro Mascarito, lidiado en quinto lugar en la última corrida de la Feria de Bilbao de 1998, obtuvo el premio del Club Cocherito al mejor toro del ciclo.

La crónica de ese festejo publicada en el diario El País es la siguiente:
Doña Dolores salva su cartel
Por Joaquin Vidal.
Doña Dolores Aguirre, de las mejores familias de Bilbao, estuvo a punto de pegar un petardo. Y si no lo pegó fue porque trajo toros de aquí te espero, uno de ellos le salió bueno, y eso sólo bastó para que se pasara con disimulo la mansada bochornosa que venía constituyendo la corrida y salvar su cartel de criadora de toros bravos.Una mansada de las que acongojan a los toreros, desesperan a la afición y dan colitis a los ganaderos. Porque irrumpían en la negra arena aquellos bien conformados animales y más que toros bravos parecían bueyes de carreta. O quizá lo eran. Sucede a veces en ganaderías con fama de terribles, que pretenden de súbito endulzar la producción. Buscan para ello sementales bonachones, vaquitas dicharacheras, cruzan sin tino y lo que les sale de las cubriciones es el buey.
No se dice que en la ganadería de doña Dolores Aguirre hayan urdido tales manejos casamenteros, pero algo habrá cuando aquel recio encaste de hace unos años se ha convertido en semejante moruchada.
No es que los toros de doña Dolores dieran el juego manso; es que traían los aires de la tora cunera, y de ahí aquellos trotes cansinos que daban sin rumbo alejándose de donde hubiera coletudos dotados de instrumentos toricidas; aquellas tozudas querencias a los tableros; aquel gusto por merodear los olorosos entornos del toril. Y las arrancadas cobardicas, y las embestidas toponas, y los calamocheos para sacudirse el molesto bambolear de las banderillas, y el escarbar inquieto, y el berrear frecuente.
Tuvieron enfrente toreros voluntariosos y un gran lidiador. El gran lidiador es Luis Francisco Esplá, que anduvo sobrado de recursos para bregar con eficacia, elegir los terrenos adecuados en todo tipo de suertes, muletear sin sobresaltos, pasar por ambos pitones y hasta adornarse toreramente.
Los otros dos diestros echaron el resto: bullidor e insistente José Ignacio Ramos en los derechazos al descastado y topón segundo, que parecía no tener un pase; valentísimo Antonio Ferrera con el bronco tercero, al que llegó a ligar dos tandas de naturales -naturales y ligados; lo que no se lleva- y parecía un milagro. Ambos banderillearon a cabeza pasada con bastante vulgaridad y es lo cierto que ahí estuvieron poco lucidos; al contrario que Luis Francisco Esplá, cuyas reuniones no serían asomándose al balcón, mas prendió rápido, seguro y haciendo alarde de facultades y de dominio de la suerte. Y en estas que salió el quinto toro de doña Dolores.
Y admiró su estampa, impresionó su trapío, emocionó la encastada nobleza con que se empleó en todos los tercios. Era un toro para alcanzar un importante triunfo. Y José Ignacio Ramos se empeñó en conseguirlo empezando la faena de muleta en el centro del redondel, por derechazos, y repitiendo después la misma modalidad con arrojo y ceñimiento, sin faltar cambios de mano, pases de pecho y molinetes. Mató rápido y ganó una oreja.Salió el sexto exhibiendo su bien conformada lámina, se comportó boyante, y doña Dolores seguramente respiró ya tranquila. Antonio Ferrera se entregó fragoroso en su muleteo, pegó derechazos múltiples -la izquierda prácticamente ni la tocó- y si llega a matar pronto a lo mejor se hubiera llevado una oreja también.
No sólo doña Dolores Aguirre, de las mejores familias de Bilbao, sino el propio Bilbao tienen ya argumento para salvar su cartel torista. Doña Dolores puede presumir de que cría toros íntegros, y el taurinismo bilbaíno de que en su coso se lidian toros serios, según reza la fama. Pero son verdades a medias: sólo ha ocurrido una vez, al cabo de ocho funciones; y la mayoría de esos toros íntegros y serios eran carne de matadero.





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