Por José Vega.
Es insoportable. Cada día que pasa aparecen más imágenes de toros a lidiar con evidentes signos de manipulación de sus defensas, ya sea por la utilización de las fundas según dicen algunos, u otras causas, con no se qué propósitos. El «Taurino», hemos de reconocer, que ha logrado un hito, y no es otro que el de que una fiesta fraudulenta sea indistinguible de una genuina. Eso es, penosamente, de alabanza.
Pero no nos engañemos. La Fiesta de los Toros, si en algo se debiera de caracterizar, es por la admiración hacia los hombres que son capaces de enfrentarse a un animal increíble, poderoso y con sus defensas intactas, que junto con su comportamiento de superación e instinto de supervivencia basado en la lucha, y su fuerza, son lo único que tiene para intentar ganar la pelea. El hombre tiene el intelecto, ya gana por goleada.
La Tauromaquia debiera ser genuina para ser reconocida y aceptada por la sociedad. Pero ha pasado a ser un espectáculo donde solo importa el triunfo del hombre, sea como sea, con exigencias hacia el oponente: Elegir ganadería, comportamiento que le venga bien a su toreo, cuanto más previsible por selección en nobleza y obediencia mejor, etc. No entiendo la supuesta exigencia en la manipulación de las defensas del toro. Cuando vemos saltar a un ruedo a animales con pitones redondeados por la mano del hombre, (si alguien conoce algún elemento natural que haga ese trabajo tan perfecto, por favor, que me lo haga saber y así aprendo), la Tauromaquia pretende pasar por lo que no es, y lo consigue entre públicos enfervorizados pero no aficionados.
El fraude dice mucho de la Tauromaquia y la época. El mermar las defensas, repito no se con qué intenciones ya que la cornada si tienen que llegar, llegará por desgracia, es por desgracia un espejo sobre la forma de sentir y de pensar en la Fiesta de los Toros como un espectáculo rápido, sin dificultad para entenderlo y a medias. Solo importa el triunfo del hombre. El toro ha pasado a ser un utensilio para un fin, ya no es el oponente genuino e íntegro.
Termino diciendo lo que pienso, (y creo que muchos de nosotros también). La pureza en necesaria en el Arte del Toreo. Su integridad, tanto la del hombre torero que se pone delante sin artificios como la del toro en toda su plenitud, conjugada es la que debería producir placer estético y épico, los dos son necesarios, no sólo el torero. Si es así, como está pasando en la mayoría de las plazas, la Tauromaquia se convierte en un instrumento para conseguir cualquier otra finalidad con no se qué intereses espurios, que no sea la de la emoción del Toreo. En fin que, en el Arte de Torear, el fraude es cualquier cosa que aleja al Artista del camino que conduce a lo Bello y lo Sublime, que al final es lo verdaderamente Integro.
Publicado en el libro del arte





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