La ganadería bilbaína lidia una corrida de irreprochable trapío, dura y mansa emotividad; el salmantino corta la única oreja a sangre y fuego; Garrido no aprovecha el ejemplar más boyancón.
Por Zabala de la Serna.
La lucha homérica, titánica, atávica, entre Damián Castaño y el demonio de Árgelón desató la emoción en Vista Alegre y ensalzó a Dolores Aguirre, pues la gente había acudido a ver un espectáculo así. Isabel Lipperhide Aguirre reivindicó el toro de Bilbao como punto final a una feria triste, mustia, vacía, que ha perdido el favor del público y la identidad de su toro.
Los doloresaguirre saltaron con un irreprochable trapío. Diferentes hechuras con la seriedad como elemento igualador. Y también la mansedumbre, pero una mansedumbre inquieta, de tremenda emotividad en sus diferentes registros, de no parar en su entereza (a excepción del devuelto y frágil quinto y un sexto aún más inválido). La bomba estalló cuando fue devuelto el flojo quinto y, en su lugar, apareció otro ejemplar de unas dimensiones estratosféricas. Argelón se llamaba la criatura, un demonio. Nunca se le veía metido en la muleta. Temperamento de pedernal, pies duros, tan entero y crudo. Y no poco agarrado al piso, viajes cortos como rocas volcánicas.
Todo lo que arrancó Damián Castaño adquirió una importancia homérica, puesto y ofrecido como si fuera bueno. Robó una serie de derechazos en la puerta de la enfermería que provocó el bramido de Vista Alegre por su verdad a sangre y fuego. Una ronda más poniendo de nuevo echando toda la carne en el asador. Faena breve e intensa. El corazón en la boca de todos. Y a por la espada. Un pinchazo y una estocada delantera. La gente entusiasmada, pues eso es lo que había ido a ver: un toro duro y un tío dispuesto. Matías concedió la oreja sin pensárselo ante la unánime petición, sostenida en una admiración imponente.
DC ya se las había visto y deseado con otra prenda. Más hechurado pero también muy ofensivo había saltado un castaño chorreado con mucha correa. No funcionó tampoco en el caballo.
Independientemente de que Damián Castaño lo pusiera demasiado en largo en la primera vara. No quiso y, cuando acudió, se repuchó. Quedó entero. Castaño no se desmonteró. Tenía clara la dureza del toro, especialmente por la mano derecha. Tan frenado. Por la izquierda embestía con todo. Y siempre con violencia. Cada vez más agrio. DC lo pasó dignamente como pudo y lo mató mal, de una estocada que hizo guardia.

El interés por recuperar la suerte de varas que existía en el aficionado y en particular en la titular del hierro, Isabel Lipperhide, se vio defraudado. Hasta que saltó Cigarrero, el único que se aplicó en la tarea, una bestia de 622 kilos pero con una armonía cierta. Y también con una templanza amable, boyancona, apuntando cosas esperanzadoras. No es que fuera la quintaesencia de la bravura, pero se acercó al buen toro moderno, se empleó con fijeza en el peto y acudió a la muleta con un estilo más depurado. Sin durar mucho pero pasador. José Garrido se templó con el capote, especialmente en un quite de dos verónicas y media a continuación de un inoportuno traspiés. Garrido jugó con las distancias y las inercias sin mucho asiento y pasó que no pasó nada. Gastado el tiempo y el toro, naufragó con los aceros.
Había estrenado la corrida, enteramente cuatreña, un toro gigantesco, alto, largo, una osamenta tan enorme que repartía sus 640 kilos como si le cupiesen más. Un caballazo. Formidables los pechos. La cara recogida, sin las exageraciones corporales. Fernando Robleño, ya de por sí menudo, parecía liliputiense. Bilbatero, nombre histórico en la casa como otros este domingo –Carafea, Cigarrero, Clavelino-, marcó siempre querencias, cumplió soltándose en el peto, careció de maldad y humillaba con el hándicap de su alzada. Duró apenas nada antes de rajarse: los doblones de apertura y una tanda de derechazos. Después se fue donde siempre quiso, a tablas. FR metió fácil el brazo con la espada. Después, ante el hermoso cuarto, de impecable lámina, se encasquilló, emborronando una faena enormemente meritoria. No descolgó nunca el torazo, que sin embargo tuvo su trato. No asequible para cualquiera, quizá sólo al alcance de Robleño, maestro en estas lides. Muy seria labor.
Cerró la corrida de Dolores Aguirre el lunar negro: un inválido que desdecía los que había sido el duro espectáculo de mansa movilidad. Respeto máximo a quienes se emocionan con esto, y sobre todo a quienes se ponen delante, pero no pidan que me guste.
PLAZA DE VISTA ALEGRE. Domingo, 25 de agosto de 2024. Última de feria. Un cuarto de entrada. Toros de Dolores Aguirre; incluido el sobrero (5º bis), todos cuatreños; muy serios, mansos y duros; el 3º se prestó más sin durar.
ROBLEÑO, DE CHAMPÁN Y ORO. Estocada atravesada (saludos); cuatro pinchazos (silencio tras aviso).
CASTAÑO, DE AZAFATA Y ORO. Estocada que asoma (silencio); pinchazo y estocada delantera (oreja).
GARRIDO, DE AZUL MARINO Y ORO. Cinco pinchazos, media tendida y cuatro descabellos (silencio tras aviso); estocada defectuosa (silencio).
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