La clase y certera espada de Curro Díaz amortiguan el escandaloso LXXVII aniversario de la muerte de Manolete en Linares.

El torero de Linares lidia en solitario los seis toros de Álvaro Núñez tras la renuncia de Morante de la Puebla y José María Manzanares por las «faltas de respeto» del equipo veterinario; «Eso es lo que hay», les dijeron.

Por Jesús Bayort.

Una misa al alba recordaba a Manuel Rodríguez ‘Manolete’, el mito cordobés del que casi todos parecían haberse olvidado cuando al mediodía de este 28 de agosto presidente, veterinarios y toreros llegaron a tal punto de no retorno que la Autoridad declaró «ilocalizables» a Morante de la Puebla y a José María Manzanares. No sería descartable que incluso meditaran dictar una orden de búsqueda y captura contra estos dos fugitivos. Un escandaloso episodio –uno más en la humillante historia reciente de esta plaza– para la conmemoración del septuagésimo séptimo aniversario de la muerte del IV Califa. Según la tendenciosa acta de incidencias del festejo, los toreros no estaban dispuestos a actuar con las reses aprobadas por este noble equipo presidencial. Atendiendo a lo ahí descrito, la afición se echó en tromba contra los prófugos, a los que, por unas horas, se consideraron únicos responsables de este esperpéntico suceso.

También apuntaban en la controvertida acta con membrete de la Junta de Andalucía que los mismos veterinarios que durante toda la mañana se habían opuesto a la inclusión de un sexto toro de la ganadería titular, en favor de unos remiendos traídos de la divisa de Sorando, habían cambiado de opinión «a las 14.10 horas». Y, «tras hablar la empresa con el presidente, éste ha determinado finalmente declarar útil para la lidia la res número 9 de la ganadería de Álvaro Núñez». Recogían de esta bella manera el cable anteriormente lanzado para salvar, un año más sobre la bocina, los ruinosos muebles que habían traído a la plaza de Linares. Cuando la rigurosa Autoridad dio su brazo a torcer, los toreros ya estaban metidos en carretera. Ni activando una ‘operación Jaula’ los hubieran trincado. Vamos, que hicieron un Puigdemont. Y es en ese momento en el que, después de que cada año se repitan escenas similares –recordemos cuando hace pocas temporadas rechazaron en una misma jornada veinte toros–, uno le pregunta al consejero de Presidencia, Antonio Sanz, que cuándo piensa tomar cartas en el asunto.

En todo momento el relato estaba de parte del presidente y sus veterinarios, y por supuesto en contra de la parte fugitiva. Hasta que la televisión local de Linares emitió su grabación del sorteo, con las elocuentes declaraciones del ganadero Álvaro Núñez (del Cuvillo), quien no tuvo ninguna duda en señalar a los principales culpables: «Ha faltado humildad y que se respete un poco a los toreros», decía el criador gaditano, señalando una nueva «cabezonada» de los veterinarios –en plural, que tiene mandanga que haya más veterinarios para seis toros que médicos de familia para cientos de personas–, empeñados en no lidiar ese polémico número 9 «porque uno de ellos dice que el toro cojea». No se tapó Núñez: «Morante es un torero irrepetible y no se merece que le digan ‘es lo que hay’».

Bajando la pelota al suelo, en esta bochornosa corrida casi todos tienen su parte de culpa: presidente, veterinarios, empresarios, toreros y ganadero. La corrida de Álvaro Núñez distaba mucho del equilibrio y el remate mínimo exigido para un cartel de figuras del toreo; los toreros, y el empresario, deberían haberse preocupado por seleccionar un encierro mejor para una de las corrida más solemnes de la temporada –aunque sus organizadores se hayan olvidado de darle la categoría que merece–; y el presidente, y su equipo veterinario, deberían aprender a tratar con más respeto a los toreros porque lo que no cabe duda es que ellos son, y deben ser, los últimos protagonistas del festejo. Por último, destacar el compromiso de Curro Díaz, que pasó de convidado de piedra del cartel a gran triunfador con su certera espada y su inexorable calidad artística.

Tuvo Curro Díaz pocas horas para encontrar dos cuadrillas eventuales. A la puerta del Hotel Aníbal, mientras cargaban sus bártulos el equipo manzanarista, iban llegando de manera intermitente banderilleros y picadores de cada rincón del mapa. De Sevilla, de Alicante, de Córdoba, de Jaén… Así se fue componiendo el paseíllo que arropó al torero de la tierra cuando a las siete de la tarde se abrió la puerta del patio de cuadrillas con un ramo de claveles rojos reposando entre las dos rayas del tercio de los tendidos 1 y 2. La plaza en pie cuando asomó Curro Díaz, el torero que nació en la misma habitación del hospital de los Marqueses de Linares donde murió Manolete.

Después, poco juego dieron los toritos de Álvaro Núñez, al límite de echarse varios de ellos. Pobres de fondo y fortaleza. Sin aparentar una buena preparación e intuyéndose una mala alimentación. Quince minutos pasaron desde que el flojete Berlanguillo salió de la oscuridad de los chiqueros hasta que Curro Díaz le asestó su luminosa espada. Letal en colocación y efectividad. Como casi todas las siguientes. Fue ésta una de sus faenas más artísticas. Hierático en sus enjutos lances y desmayado en sus artísticos muletazos. Gran tarde del torero, por encima de los toros y del penoso episodio matinal. Curro Díaz, el único que pensó en Manolete.

Plaza de Toros de Linares. Miércoles, 28 de agosto de 2024. Media plaza. Dos horas y treinta minutos de festejo. Se lidiaron toros Álvaro Núñez, de mala presentación y pobre juego. 1º, noble aunque de poca fuerza; 2º, devuelto sin fuerzas; 2º (bis, de Sorando), soso y doblando las manos; 3º, encogido; 4º, sin estilo ni empuje; 5º, desrazado y sin emplearse; 6º, sin poder.
Curro Díaz, de sangre de toro y oro. Estocada (oreja); estocada (oreja); estocada (dos orejas); estocada larga (ovación); estocada (oreja); pinchazo y estocada (ovación).

Incidencias: Morante de la Puebla y José María Manzanares causaron baja tras un desencuentro con las autoridades durante el reconocimiento de los toros, lidiando Curro Díaz los seis toros en solitario. Tras el ovacionado paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Manuel Rodríguez ‘Manolete’, muerto hace 77 años tras sufrir una grave cornada en esta plaza.

Publicado en ABC


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