Un cartel atractivo desemboca en una decepción, por la falta de casta y bravura de los toros de los hierros de Montecristo y Pozohondo.
Sólo se ovaciona la capacidad muletera de Juan Pablo Sánchez en una faena importante por técnica y algunas pinceladas de arte de Juan Ortega en su primero. Diego Silveti se fue inédito con un lote sin posibilidades para el lucimiento.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
A los que no siguen la actualidad taurina quizás les ha sorprendido la faena al segundo toro de Sánchez. La realidad es que su evolución artística en los últimos años ha ido creciendo: probablemente por su madurez como profesional y a nivel personal. Lo de hoy en Sánchez, que prendió en el tendido de La México con mucha fuerza, fue un sentir el toreo y sentirse torero. La faena de su triunfo transcurrió con firmeza, clase y más aciertos que fallos técnicos. Hubo unidad y un adecuado sentido de las distancias. Desgranó series de derechazos y algunos naturales, poco a poco, exhibiendo una depurada técnica de torero caro con un valor seco, serio, quieto e inteligente. Todo esto gracias a un toro noble de Montecristo de embestidas enclasadas. Acertó con la espada y el público pidió insistentemente la oreja, que la autoridad concedió.

Su primero fue un toro soso, flojo y manso de Pozohondo con el que Juan Pablo Sánchez correctamente abrevio. Pero como balance final podemos decir que la actuación de Sánchez fue prometedora e interesante. Esperemos volver a verlo en la próxima feria de aniversario.
Juan Ortega confirmó su alternativa con la fórmula de algunas figuras españolas: lo de más presencia no lo quieren ni ver y optan siempre por lo más cómodo. Lo más preocupante es que parece que no hay solución, ya que la autoridad de la Plaza México no actúa siempre en cumplimiento de su deber.
Sin irnos más lejos hoy confirmo su alternativa con un toro justo de trapío de Montecristo al que dio unos lances impecables, con una media superior, luego en la brega, supo llevar al toro con los capotazos justos, midiendo muy bien distancias y terrenos. Con la muleta anduvo por momentos con empaque y garbo, especialmente en unos derechazos que fueron pinceladas de arte y unos naturales aún mejores…todo esto (milagrosamente) sin TORO. En un punto de la faena hubo un molinete, que dirían en Sevilla ¡con un arte que no se pué aguantá! En ese momento el que mandaba en la plaza era el torero y en ese momento justo vino la estocada, que esta vez quedó algo trasera, después el toro se amorcillo y tuvo que descabellar perdiendo la oportunidad de cortar una merecida oreja al “medio toro” de Montecristo.

El sexto de Pozohondo tampoco le valió. Pero fue un toro pastueño para la muleta, tanto, que el artista sevillano le quiso hacer faena y hasta lo brindó al público. Hubo pases por todos los terrenos, pero sin mucho temple en una labor algo monótona. La postura aflamencada de Ortega, que en otras tierras levanta clamores, aquí no le valió para tapar las condiciones de su astado. Pero lejos de claudicar, permaneció en el ruedo con sitio y responsabilidad en una faena demasiado larga que finalmente no tuvo recompensa.
No podría decir que la presentación de Juan Ortega en La México fue un fracaso o que ha sido mala. Pero en general ha decepcionado y esto se debió principalmente a la selección y trapío del ganado que escogió para su confirmación. Nada que ver con la gran presentación de Borja Jiménez de hace apenas una semana.
Se podrán hacer mil campañas de publicidad alrededor de un torero, pero la realidad es está: Cuando no hay toro, no hay nada.
Diego Silveti, con el lote más deslucido, derrochó voluntad. Pero sus dos toros fueron fuertemente protestados por el público y no le tomaron nada en cuenta. A su segundo toro, un sector del público lo protestó por chico, con airadas voces y grandes aspavientos. Tenía razón el público: el toro era chico. Lo cual no impedía que, a su vez, fuera un toro. Establecida así la cuestión, esto parecerá un contrasentido para muchos, pero la realidad es que aun siendo un toro con sus cuatro años cumplidos, su trapío no era el ideal para que se lidiara en la Plaza México.
Al final la llamada «corrida del arte», que se esperaba interesantísma, se rompió por la mansedumbre y flojedad de los toros de Montecristo y Pozohondo. Aún así nos quedó para el recuerdo una faena maciza de Juan Pablo Sánchez y algunas pinceladas de arte de Juan Ortega.
MONTECRISTO, POZOHONDO / SÁNCHEZ, ORTEGA Y SILVETI
Toros de Montecristo y de Pozohondo (3° sobrero y sustituto de uno devuelto de Montecristo) desiguales de presentación, mansos y flojos en líneas generales.
Juan Pablo Sánchez: Silencio y oreja.
Juan Ortega : Vuelta tras petición con algunas protestas y silencio.
Diego Silveti: División de opiniones en su lote.
Incidencias: Juan Ortega confirmó la alternativa con el toro “Sevillano” de Montecristo marcado con el número 70 con 482 kilos.
Plaza México. Quinta corrida del serial “Celebra tu pasión”. Un cuarto de entrada.







Deja un comentario