Juan José, un maestro sin libro.

Cada cierto número de años, las rutinas profesionales y domésticas obligan a restaurar aposentos en las casas, cambiar cachivaches de lugar, revolver papeles…y en esas estaba yo el otro día cuando me encontré con una copia de un largo artículo que un día me pidió hace varias años, no tantos, Paco Cañamero para un libro que estaba escribiendo sobre el maestro de La Fuente de San Esteban, Juan José.

En 2020 nos dejó tristemente. Tenía 68 años.

La historia de este torero salmantino, figura del toreo en los 60 y en su momento el matador de toros más joven de España, pues según los libros tomó la alternativa con poco más de 16 años, su historia, digo, es una edificante epopeya de superación personal tras un desafortunado accidente de tráfico ocurrido en el mejor momento de su trayectoria profesional. Perdió la visión de un ojo y su extraordinaria proyección de figura se paró en seco.

A partir de ahí, Juan José no tuvo otra obsesión en la vida que el afán de superar aquel fatídico trance. Trabajo duro y persistente para rehabilitar las condiciones físicas y sensoriales, visuales y emocionales para volver a poner en pie y éxito una carrera que había comenzado con la mejor brillantez.

Viví momentos cercanos y de amistad sincera con el maestro de La Fuente de San Esteban, cuando en la feria de su tierra se negaban a ponerle, aun demostrando, cuando así lo hicieron, estar a la altura de las figuras del momento (Capea, Robles…), mostrando a la afición un concepto del toreo de la mejor cepa clásica, de atinada y definida personalidad.

Pero en ese artículo al que aludo más arriba, yo incido en su labor extraordinaria al frente de la Escuela de Tauromaquia durante veinte años.

Juan José fue un maestro perfecto en toda la acepción didáctica de la palabra. Cuando figurones del toreo eran incapaces de enseñar y trasmitir el arte de torear a los jóvenes aspirantes, Juan José fue el paradigma del cabal profesor que enseña, de quien lo ha hecho, pero conoce las teclas que hay que tocar para trasmitir a las claras a los chicos y chicas la letra y la música del toreo, sus claves, el oficio, su ciencia y el misterio de su naturaleza.

En eso baso mi artículo, un artículo del que estoy especialmente satisfecho por el recuerdo imborrable que tengo del maestro y la cercana complicidad emocional que compartí con él cuando estaba a punto de vestirse de torero en la habitación de un hotel.

Paco Cañamero, buen escritor y taurino, paisano suyo, ha sabido entender lo que significa para la fiesta y para Salamanca la historia, la vida y el legado en tantos toreros jóvenes (ya no tanto) del maestro Juan José.

Sin embargo hay un problema para que ese libro, ya terminado hace tiempo, vea la luz, como merece la Salamanca taurina y los aficionados que vieron y disfrutaron en el ruedo la maestría de Juan José y escucharon atentamente sus consejos en la Escuela de Tauromaquia.

Su familia ha vetado la publicación del libro. No sabemos el motivo pero si sería bueno que repensaran esta opción que creemos injusta quienes, como yo (y una legión grande de aficionados) admiramos profundamente la figura humana y la relevancia taurina de un hombre que vivió con una sinceridad desbordante para el toreo y –muy importante- supo trasmitirlo de forma admirable a futuras generaciones de profesionales de este arte.

Juan José no puede ser un maestro sin libro. Es injusto.

Por Toño BlázquezSalamanca al Día


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