Mérida: La leyenda continúa.

Frase de Guillermo Hermoso de Mendoza al medio día en la Plaza Mérida: “Quiero escribir mi propia historia, como hijo del mejor rejoneador de la historia”.

Frase de Pablo Hermoso de Mendoza, mientras su hijo salía a pie, entre ovaciones, luego de una actuación que pudo ser de triunfo grande: “No tienes idea de cuánto disfruto esto de verlo torear y realizarse”.

Pablo, el rey del rejoneo moderno, fue uno de miles que disfrutaron la actuación de un Guillermo que, de ser certero con el rejón de muerte, pudo dejar una jornada de rotundidad en la corrida de Año Nuevo en la Mérida.

Perdió una oreja con su primero al fallar en la suerte suprema (le concedieron una por fuerte petición del público), y se le fueron tal vez las dos del segundo. La gente pidió los trofeos, pero el juez de plaza Ulises Zapata León no lo concedió (entendemos que hizo bien el usía). Y se le fue la que pudo ser una salida en hombros con rotundidad del heredero de las glorias de Pablo Hermoso.

Fue, hay que decirlo, aunque a ratos duela, apabullante lo que hizo Guillermo en esta tarde tradicional, comparado con lo que dejaron ver los dos mexicanos que completaron el cartel, Jorge Hernández Gárate, quien dio una vuelta al ruedo con su segundo, por su cuenta (la autoridad señaló que sólo aprobaba la vuelta al forcado que encabezó espectacular pega). Fauro Aloi no estuvo en su tarde. Le alcanzaron tres veces a sus caballos en el primero y una vez con el cierra plaza, en el que estuvo interesante con las banderillas, pero sin redondear. Mejoró a pesar de las dificultades, sin duda.

Muy superior lo hecho por Guillermo Hermoso con su educada monta y su toreo (clavando al cuarteo, en el encuentro, a centímetros entre torero-caballo y toro). El que triunfa en Madrid y Sevilla es que tiene algo. El hijo de Pablo tiene mucho, no hay duda. Su triunfo aquí ya le llegará.

Y hay que hablar de dos acontecimientos: uno, la espectacular actuación de los Forcados Amadores de Aposento de Moita, cuatro en total, en encuentros cargando en el centro del ruedo, aguantando las embestidas. Merecidas vueltas al ruedo.

Otra, con todos los honores, el encierro de Zacatepec. Los hermanos Muñoz Reynaud (unos mirando en vivo en un burladero, otro desde el púlpito de una parroquia en Ciudad de México) mandaron un lote de seis toros con toda la barba. El encaste Murube en su esplendor. Astados que exigieron torería a los tres alternantes. No fueron peritas en dulce ni de bandera, cierto, pero con el toro-toro en el ruedo, la fiesta brava adquiere una dimensión especial.

Así el Año Nuevo taurino en la Mérida. Guillermo Hermoso alargando la leyenda del apellido, unos forcados brillantes toros en toda la extensión de la palabra.

Gaspar Silveira MalaverDiario de Yucatán.


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