Opinión: El valor de las orejas.

Por Jaime Oaxaca.

Una corrida de toros no puede ser divertida, se trata de un enfrentamiento entre dos seres vivos y uno de ellos va a morir. Una lid a muerte no es graciosa. Pueden considerarla solemne, emocionante, sublime, aterradora, insensata, cruel, sangrienta, artística, pero jamás divertida, la muerte no provoca risa.

En una corrida existen reglas para el hombre, no para el toro, éste puede atacar, herir, cuando le plazca, el torero sólo tiene un momento para matar. Casi siempre el toro es el que muere, dirá alguien, es cierto, el humano demuestra su superioridad porque es un ser pensante.

No obstante, el toro no la pone fácil, existen cornúpetas que han dado muerte a toreros. No siempre hay muerte humana, pero el torero paga su cuota de riesgo con sangre, con salud. Ninguno termina la carrera ileso, con más o menos cornadas, pero todos terminan probando la dureza de los cuernos de los toros

Sin ir lejos, el pasado sábado, resulto herido el torero Emilio Macías, porque el toro lo sorprendió después de que entró a matar, provocándole una cornada grande, peligrosa y punzante. Dios quiera te recuperes pronto, matador.

El percance sucedió en el segundo toro. Emilio había toreado bien, tanto con capote como muleta, un descuido después de usar la espada y vino ese momento espeluznante del percance.

En La Ranchero de Tlaxcala, se efectuó la corrida de carnaval, se lidiaron toros de Enrique Fraga, con edad, cornamenta, trapío. No se comieron a nadie; sin embargo, su comportamiento no fue de toro bobo, algunos embestían con clase, algún otro se rajó; los toros provocaron que los pocos asistentes presentes pasaran una tarde emocionante, no de bostezo.

Además de Macías, actuaron Gerardo Sánchez, quien mató tres bureles y Sebastián Ibelles. Gerardo cortó una oreja y Sebastián dos, una, yo creo que bien ganada y otra, quizá no tanto. Al final de festejo Ibelles no quiso salir a hombros, por consideración a su compañero herido, eso es categoría. No fue una tarde de jolgorio, había sensación de peligro.

El primer toro tenía un defecto en la pata izquierda, creo que influyó en su comportamiento, fue débil; aun así, metía bien la cabeza, Gerardo le cuajó algunos muletazos. El segundo, el de la cornada, también embistió. El tercero, un castaño, peleó en varas, Omar morales dejó un buen puyazo, salió al tercio “El niño del bar” por buenos pares de banderillas, pases importantes de Ibelles, que cortó la oreja.

El cuarto se descepó, fue sustituido por uno de San Marcos que no desentonó, veleto de cornamenta, embestía con calidad; Gerardo Sánchez logro tandas muy toreras; bien con las banderillas Rogelio Sánchez, saludó en el tercio, al salir de un par, el toro le hizo hilo, ¡uf!, por poquito. El quinto era muy tardo, Ibelles insistía se llevó un susto, creo que fue lo que detonó la entrega de la oreja. El cierra plaza no tuvo mucho, un buen puyazo de Othón Salinas. En el brindis, Gerardo Sánchez puso la montera en tablas, por la puerta donde salió herido Macías. El diestro estuvo insistiendo, el burel era tardo, sólo detalles.

Tanto Gerardo como Sebastián, apreciaron y valoraron las orejas que obtuvieron. Las ganaron con riesgo, los toros no fueron peritas en dulce y estaban bien armados.

Sabido es que en muchas plazas se premia exageradamente. A los toreros les importa la foto con la peluda en las manos y ya. En la vuelta al ruedo, regalan al público las orejas que les dieron. Pareciera una atención, creo que la mayoría se deshacen de ellas porque carecen de valor taurino. Después de la foto, estorban esos retazos de toro. Tanto Gerardo como Sebastián pasearon sus premios sin obsequiarlas, entraron al callejón con las peludas en las manos. Supongo que tenían valía, hubo riesgo pa’cortarlas.

Alguna vez un fotógrafo le dijo a un torero que no regalara las orejas al inicio de la vuelta, porque no siempre les da tiempo fotografiarlos, y son importantes “·los triunfos con premios”.

Estoy seguro que cada diestro, en su interior, siente, sabe del valor de las orejas.

Fotos: Jaime Oaxaca y Angel Sainos.


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