México sigue sacando toreros: Juan Pablo Ibarra, ganador del Camino hacia Las Ventas.

El mexicano, que tuvo el novillo más bravo, se proclamó triunfador tras dar una vuela al ruedo, al igual que López Ortega.

Por Alicia P. Valverde.

Mayores ganas que López Ortega no se pueden tener. De entrada fue a recibir a Sillero a porta gayola. El animal, que no paró de moverse, se fue en otra dirección, por lo que le dio dos largas en el tercio, llevándose un volteretón en una. Como un resorte se levantó, y, tras el quite del compañero, realizó el bonito y poco visto quite del oro. El nervio del de El Montecillo, unido al viento, hicieron que la labor no pudiera resultar del todo limpia, pero sí se vio la ambición del mexicano, que se tiró perfecto a matar en un segundo encuentro. 

En su segundo, sí pudo recibir en chiqueros al de Sánchez Herrero, y le pegó un ramillete de bonitas verónicas con tres por el izquierdo francamente buenas. Tras las chicuelinas de Rafael de la Cueva, bien dadas, Santiago contestó por lucidas lopecinas. Brindó a sus padres y se postró de rodillas en los medios para sacárselo por la espada. El novillo se llevó la muleta, pero la recuperó con habilidad felina y volvió a las andadas, ahora con feliz término. El buen novillo se dejó con buen ritmo y un largo recorrido, y el mexicano lo entendió, poniendo alegría con faroles y arrucinas, conjuntadas con series en las que siempre le dejaba la muleta puesta. Final de rodillas, con porrazo incluido, y otro golpe se llevó al entrar a matar. 

Otra historia fue Pocasbromas. Lo recibió De la Cueva, quitó Ibarra por chicuelinas, y replicó el venezolano por tafalleras. El novillo se descompuso mucho tras sentir los arpones del primer par, pero una vuelta de campana ayudó a que se limara su aspereza. Rafael comenzó por bajo con suavidad, y le dio mucha distancia, por lo que no necesitó nunca perderle pasos y entendió al animal. El viento hizo que el novillo se le colara, y después de darse una fuerte voltereta, pasó a ser mironcete e intentar rajarse. Muy por encima estuvo el chaval, que no terminó de entenderse del todo al natural.

Mientras el viento seguía molestando, empezó una pertinaz llovizna a caer, mientras el venezolano recibía al quinto por chicuelinas. Recurrió a las tafalleras Ibarra. Por estatuarios comenzó De la Cueva, y el animal se derrumbó. Ese es el resumen del novillo, que no dijo nada y estaba prendido por alfileres. 

Antipático fue el tercero, un animal que iba haciendo paradinhas mientras se lo sacaba a los medios por delantales Ibarra. Quitó por un original quite López Ortega, a lo que contestó Juan Pablo por saltilleras, complicadas por eolo. De hinojos se echó el chaval, pero el novillo era manso y embestía con la cara muy suelta, por lo que pegaba un gañafón que deslucía todo. Mucha voluntad la del novillero, pero poca historia. 

De rodillas recibió al sexto el mexicano. Su compatriota se lució con delantales rematados por una brionesa, mientras que él respondió por una especie de navarras combinadas con caleserinas. Y de nuevo penitente su plantó en los medios para torear con la diestra a Dulcero, que metió, por cierto, muy bien la cara. Bravo fue en la muleta, con la que al de Apizaco le costó cogerle la distancia. Voluntad puso, hasta cobrando una voltereta, pero sin una tanda rotunda por la diestra, que el astado permitía y se llevó al desolladero. En unos doblones se vio que no era igual por el izquierdo, por el que se quedaba corto. Lo mejor fue la ejecución de la suerte suprema y el consiguiente estoconazo. Y muerte preciosa de bravo tuvo el animal.

Publicado en ABC


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