Entre el 1 de mayo en Sevilla y el 1 de junio en Aranjuez ha ido dictando antologías. El 28 de mayo en Las Ventas firmó una de ellas. Hoy torea los toros de Juan Pedro con Fernando Adrián y Borja Jiménez, que traen la juventud y la suerte de cara.
Por Zabala de la Serna.
Vuelve este domingo Morante de la Puebla a Madrid después de partir San Isidro por la mitad. Morante borró todo lo de antes y, lo que es más serio, todo lo de después. Obró el milagro del toreo, y luego no hubo nada más. Ese 28 de mayo quedó marcado por su huella, por la faena de la feria, premiada tan sólo con la Oreja de Oro de la Corrida de la Prensa. Dejémoslo estar. Es la historia viva del toreo.
Desde el 1 de mayo en Sevilla al 1 de junio en Aranjuez, Morante ha ido dictando antologías, ninguna igual ni parecida, este es el misterio. Sobre la feria de Abril, su figura se puso de nuevo en pie con toda su grandeza, herrándola con su nombre. Volvió de las tinieblas del invierno para acrecentar su leyenda: cuando se hacía impensable torear más fajado, más despacio, más arrebolado de duendes, lo ha vuelto a hacer. “Torear tan minucioso y desarmado como Morante es el milagro”, ha escrito Antonio Lucas. Sólo él podía superarse.
Asusta la pureza con que se entrega al toro; hay algo sacrificial, de inmolación, en ese ofrecimiento absoluto de su cuerpo. Y emociona contemplar de nuevo el toreo. Como fue, es y será. Las cuatro tardes de Sevilla pasarán a la historia como cuatro lecciones de uno de los toreros más grandes de la tauromaquia.
MdlP se sitúa en la cúspide de la cadena de todos los artífices supremos de la verónica. Conviene decirlo cuanto antes: ha sido el mejor de todos los tiempos. No se trata únicamente de estética, embroque y compás. Es una cuestión de poderío y asiento -y por tanto de nuevo de valor- para cuajar con el capote a un porcentaje altísimo de toros. Surge entonces un magisterio de bronces, un temblor de siglos. Para alcanzar, en definitiva, lo inaudito: la regularidad en el arte.
Morante se asoma, según los días, a Rafael de Paula; a los Gallo, José y Rafael; a Bienvenida, Chicuelo y Pepe Luis. Una loca amalgama de fuentes brota en la cabeza de este genio gallista que se explica por Belmonte. Es una amalgama de tauromaquias añejas, un archivo de todas de ellas, una enciclopedia en movimiento, a veces la refutación de la quietud, el toreo al paso, las suertes perdidas en el baúl de los recuerdos. Un torero clásico. ¿Y qué es lo clásico? “Lo que no se puede hacer mejor”.
Vuelve este domingo a Madid con toros de Juan Pedro y dos compañeros de cartel con la juventud y la suerte de cara: Fernando Adrián y Borja Jiménez. A veces pasa que la gente acude a verlo y luego no sabe verlo (Bayort), sin ser conscientes de que contemplan la historia viva del toreo.
Publicado en El Mundo






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