Al calor de las palabras más cargadas de temple y valor, resuena un paso doble que expresa la grandeza de un gato montés, una melodía que resuena con el texto confirmando que la fiesta brava sigue viva. Pisando fuerte un paseillo que avanza para abrir plaza frente a una marca que busca sentido en medio del ruido; un símbolo que tambalea pero que mantiene su solemnidad en el ruedo de la vida.
La tauromaquia ya no se practica sólo en las plazas, sino en el campo minado de la opinión pública, la cual ha generado una crisis de marca debido al debate de larga solera sobre su valor cultural. Últimamente en México —sobre todo en la capital— el tema se ha politizado: se aprobó una reforma para que las corridas de toros —como tradicionalmente se conocen— se prohíban, y, a cambio, se lleven a cabo sin estoques ni banderillas… ¿Es acaso una buena idea?
Esta propuesta de… “rebranding” —digámoslo así— parece una broma de mal gusto, debido a condiciones naturales que ponen indefenso a la figura del torero, una disputa que no tocará la Columna Marketera porque la edición de hoy tiene otro propósito: entenderla desde su esencia, cómo venderla en estos tiempos modernos y sus efectos en la economía.
Como expresión artística, su estética se percibe en cada pase, en la forma en que el torero interpreta el peligro, componiendo figuras con su cuerpo y con la embestida del toro como si se tratara de una danza trágica. El ruedo es el escenario y el capote es el instrumento. Hay técnica, estilo, interpretación… como el pintor con su paleta de colores o el poeta con sus versos, el torero se expresa con temple y medida. Esa carga simbólica de jugarse la vida, el miedo y la gloria en el enfrentamiento fue lo que llevó a artistas como Pablo Picasso (‘Toros y Toreros’, 1961) a mirarla de frente y reconocer en ella algo más que tradición: arte en carne viva.
Y todo va bien hasta que te das cuenta que la discusión es por el storytelling, no por la técnica en sí. Mientras unos ven crueldad, otros ven catarsis; exigen prohibición por supuesto anacronismo, cuando en realidad esta industria genera un valor anual global de $6,961,691,274 derivado principalmente de las ganaderías y negocios recreativos, según un estudio de Dimensionamiento del Valor Socio-Económico de la Tauromaquia en México elaborado por SAGARPA en 2018.
Como aficionado desde chico, me ha tocado ver la fiesta brava de cerca; desde ver una corrida de manera presencial y por televisión, hasta trabajar en un restaurante que en su momento se llamaba ‘El Burladero Aguascalientes’… sólo me faltó estar en la Academia Taurina. La tauromaquia forma parte de la vida de muchas personas y además genera derrama económica en ganaderías, festejos taurinos, carnicerías, hostelería, empleos directos en las plazas… ¡Y me puedo seguir con más ejemplos!
A final de cuentas, es totalmente válido que no a toda la gente le guste, como cualquier arte o deporte en esta vida. Sería interesante que la sociedad tuviera más conciencia de lo que es un toro de LIDIA, y que ciertos sentimientos no siempre son fáciles de explicar a quien no los ha vivido. Porque incluso en medio del ruido, sólo las marcas que se mantienen fieles a su esencia terminan cruzando, con dignidad, la puerta grande.
Por Hugo Morales Lozano.
Publicado en El Heraldo






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