Por Paco Cañamero.
De Emilio Ortuño ‘Jumillano’ ha quedado la huella de una carrera que discurrió siempre en el sitio de las figuras. Únicamente le bastaron cuatro años de alternativa para dejar escrita una página de oro. Desde su retirada hasta hoy han transcurrido casi setenta años y aún mantiene su porte elegante y el orgullo de haber sido torero grande. De figura de los años cincuenta al irrumpir en los ruedos con una fuerza tremenda formando histórica pareja novilleril con Pedrés, poniendo varias tardes Las Ventas boca abajo y el resto de plazas de España. Entonces, al grito de ‘que bien torea Jumillano’, a la Fiesta le trajo una frescura que caló muy hondo. Al igual que continuó calando desde que toma la alternativa en agosto de 1952 hasta su retiro, cuatro años más tarde, en una carrera corta, pero interesantísima y siempre en primera línea. Con el sello de figura y compartiendo carteles con Ordóñez, Aparicio, Litri, César Girón, Luis Miguel, Rafael Ortega…

Señor de los ruedos y de la calle, a tan brillante trayectoria le falta redondearla en su tierra salmantina, quien nunca acabó de reconocerlo. La deuda a su figura ahí quedó sin que la capital y la provincia charra reconocieran a su primera gran figura del toreo.
Al maestro Jumillano, quien inicio el camino glorioso que él vivió antes que nadie al llevar el nombre de Salamanca con todo el orgullo por las plazas de España, Francia y América. De esa América en la que fue un ídolo, más que en ningún lugar en México, en la que llegó a cortar dos rabos en la Monumental. Allá aún se reverencia solamente con recordar su nombre y hasta goza del título de Huésped Distinguido de la Ciudad de México.
La biografía de Jumillano ha quedado escrita en un lugar puntero, siempre con el sello de su cuna salmantina. Por esa razón siempre es un orgullo volver a felicitar a un caballero que vivió con pasión su vida torera abrazado siempre al señorío.
UN ABRAZO, MAESTRO Y AMIGO.
Publicado en Glorieta Digital





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