El diestro malagueño ha actuado en conmemoración a sus veinte años de alternativa.
Por Antonio Muñoz.
Tengo ilusión, ansia y muchos nervios en el día de hoy”, expresaba David Galán en el patio de cuadrillas de Tarifa a las cámaras de Canal Sur TV. El torero ha estado a una gran altura en su regreso a los ruedos, compartió cartel con Pepe Moral y Manuel Escribano, en un festejo de gran expectación.
Tras seis años sin vestirse de luces, Galán cuajó una de las faenas de su carrera ante Tramposo, un ejemplar de la ganadería de Lagunajanda al que finalmente se le concedió el indulto.
David Galán, hijo del recordado matador Antonio José Galán, recibió al segundo toro de la tarde de nombre Tramposo toreando a la verónica con buen juego de manos y varias chicuelinas con garbo. Se le vio muy predispuesto en los primeros lances de salida. Con la muleta brindó la “faena de la reaparición” a su hija en un emotivo brindis al micro de Noelia López en Canal Sur.
Una faena a un excelente toro
Siguiendo con la ilusión por las nubes, el diestro malagueño se estiró con la rodilla genuflexa con unos doblones por bajo muy templado rematado con un excelente cambio de mano. El toro seguía con la humillación y la nobleza que demostró de salida. Galán se echó la mano a la diestra para torear en redondo, muy templado y toreando en círculo: alternaba la figura erguida con llevarlo profundo.
Con la izquierda no iba a bajar la faena, al natural lo bordó llevando el animal de Lagunajanda muy largo y vaciándose en cada muletazo. Enganchó al animal muy suave con el vuelo de su muñeca para torear detrás de la cintura.
Fue una faena que soñó todos estos años que estuvo sin torear y se le notó, como así demostró en cada desplante con la sonrisa de oreja a oreja. Después de varias series de calidad, el malagueño optó por un toreo de cercanías que también el animal le respetó ganándose la ovación del público. En pleno júbilo, Galán decidió darlo todo en el albero para cuajar al excelente animal y desplegó un toreo más explosivo: cambiados por la espalda, salto de la rana y un cambio de mano de rodillas que reventó la plaza de Tarifa. Ya estaba más que claro: Tramposo se había ganado el derecho a volver a la dehesa.
Después del éxtasis, comenzaron a caer las primeras gotas de agua en Tarifa mientras el toro regresaba a los corrales y Galán se fue al burladero emocionado por la actuación que había realizado: entrega, el temple y la conexión con los tendidos fueron las claves.
Con este triunfo, Galán no solo regresó a los ruedos, sino que lo hizo escribiendo una de las páginas más importantes de su carrera.
Publicado en El Correo de Andalucía





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