José Antonio Morante de la Puebla: «Roca me dijo lo del purito con guasa y me sentó peor»

El maestro explica su relación con el peruano analizando lo sucedido aquella tarde en la plaza de El Puerto de Santa María.

Usted acusó a Roca Rey de vetarle en Santander. ¿Qué pasó exactamente?

-En Santander me enteré por la prensa de que Cayetano no iba y llamamos al empresario, que en ese momento no cogía el teléfono, así que llamamos a la alcaldesa, con la que tengo muy buena relación porque es muy taurina y muy cariñosa con los toreros. Le dijimos que si ellos lo tenían a bien, quería torear la sustitución de Cayetano, ya que la tarde mía anterior, que fue un mano a mano con Ortega, no había tenido suerte con los toros. La sorpresa fue que cuando se lo dijeron a Roca Rey, él dijo que no. Eso no me gustó, pero así fue la historia.

-Eso quiere decir que usted le concede a Roca Rey el poder para vetarle. ¿Es así?

-Es un torero que está en el cartel y el empresario tiene que contar con él porque si no, no sería lo correcto. No está bien que Roca Rey diga que no quería torear conmigo en Santander. Eso es todo.

-¿Y por qué le habría vetado?

-Pregúnteselo a él, la verdad es que me sorprendió, pero yo creo que no tenía sentido. Sí que le dije también al empresario que torearía para alguna entidad benéfica para que el pago no afectase a las arcas del empresario, que yo toreaba gratis para lo que ellos quisieran destinarlo. Al decir Roca Rey que no, el empresario, el pobre, no pudo hacer nada.

-Luego tuvieron sus más y sus menos en El Puerto. Usted se enfrentó con él en el callejón.

-Sí, hubo un rifirrafe. Le hizo un quite a un toro que había entrado cuatro veces al caballo y eso no es reglamentario. La rivalidad hay que hacerla de una forma noble, aquello no me pareció justo. Es verdad que en aquel momento a lo mejor estuve acalorado con él, pero era el momento de la presión. Si él lo vio de una forma acalorada, es mi forma de ser. Le dije que eso aquí no se podía hacer, le dije ‘aquí’ porque él me dijo como que no te metas con mi país. Al revés, yo a Perú le tengo un gran cariño y en América es de los países con más salud taurina. Tampoco sabía si en el reglamento de allí se podía hacer un quite en el cuarto puyazo y él lo tomó a mal. La rivalidad debe estar en el ruedo y de una forma noble. La rivalidad la tengo con todos los toreros y no quiero que ninguno esté mejor que yo, esa es mi forma de ser y todos mis compañeros lo han hecho de una forma noble. Pero se solventa rápido. Son momentos que pasan en el toreo y después se olvidan.

-¿Le dijo Roca que se fumase un purito?

-Lo del purito ya lo dijo con guasa y me sentó peor. Eso quiere decir que en su fuero interno existe una desavenencia conmigo. Yo no la tengo con él. Pero no quise alargar más la discusión.

Ha tardado más tiempo del previsto en reaparecer tras la cornada de Pontevedra. Se le esperaba en Málaga y va a volver este miércoles en Melilla. ¿Cómo está?

-Me encuentro en condiciones óptimas para reaparecer, los médicos me daban de pronóstico más o menos estos días. La herida ha costado que cicatrizara, pero ya he hecho un par de tentaderos y no me duele la pierna. 

-¿Recuerda cómo fue la cornada, cómo la sintió?

-Sí, en el pase de pecho el toro se me quedó corto y no me pude ir. Se revolvió y tiró el derrote. Cosas que pasan.

-Asumir con esa naturalidad las cornadas no tiene lógica. Cosas que pasan…

-Tampoco me puedo quejar, han sido muchas tardes de triunfo este año.

-¿Por qué esta temporada está pisando los terrenos del toro, poniéndose tan cerca de la cornada?

-Estoy pisando terrenos más cerca de la cornada, sí, quizás por amor propio, por la suerte que me ha acompañado con toros que a lo mejor otros años no me han lucido. Me lo dice mucha gente y lo agradezco. A veces me entran ganas de arrimarme menos.

Nunca se le había visto tan cerca de la verdad en todos los sentidos.

-La verdad es que en mi caso puede ser histórico porque lo normal es que a medida que pasan los años el interés en las grandes masas se vaya perdiendo y en mi caso es al revés, ahora es cuando más gente llevo, cuando más ilusión tienen los aficionados puesta en mí, y eso no es normal. Será porque estoy pisando unos terrenos más difíciles y que soy un torero que se distingue por su forma de torear.

-Siempre se ha dicho que los toreros denominados artistas tienen más miedo, menos valor. ¿Está de acuerdo?

-Eso es lo más sorprendente en mí, es verdad que los toreros denominados artistas siempre han esperado un poco el toro apropiado y en mi caso han sido muchos los toros apropiados. Creo que, en parte, eso es por mi disposición. Al torero artista siempre lo han esperado, por eso el aficionado está tan ilusionado con mi tauromaquia, porque cree que siempre va a ver algo diferente.

-Usted defiende una estética, un compás, pero esta temporada, además, está desafiando al toreo de valor, como si le molestaran los espejos.

-Nunca he tenido espejo y no sé por qué, la verdad. Sí últimamente he descubierto a Joselito el Gallo. No lo han contemplado nunca como un torero artista, han contemplado más a su hermano Rafael, pero creo que en aquel tiempo que José tomó la alternativa los toros eran mucho más difíciles y tener esa capacidad con esa juventud me ha cautivado. De pequeñito, yo quería ser torero y ya está, sin espejos. Quizás eso me ha dado una personalidad propia que si hubiese querido imitar a otros la hubiese perdido. A mí no me gustan las escuelas porque siempre hay un maestro con un concepto y quiere que su concepto se lleve a cabo en todos los chavales. Lo que yo defiendo es que cada chaval debe tener su propia personalidad.

Hay toreros que lo único que no improvisan son las cornadas.

-Sí, también depende del sentimiento de esa tarde o de las condiciones de ese toro, de ahí la variedad mía, que a cada tipo de toro le planteo una faena donde se den distintos matices.

-Ha dicho varias veces que es la temporada de su vida. Y la empezó con una entrevista en la que confesaba todos sus tormentos personales.

-Sí, es la temporada de mi vida. Pienso que sí. Empezó de una forma muy sufrida, pero aquí estoy. A veces Dios por un lado te lo quita y te lo pone por otro.

-¿Cómo se encuentra de salud?

-Esa cornada sí que es más difícil que cierre. Voy dándole a la pelota para adelante. Meto a mi hijo en la entrevista, que está dándole bien al balón y le han llamado para la Selección Española Sub 19 (risas). Todo aquel que tenga un problema mental de trastorno sabe que esto es difícil y largo, pero con la ayuda de los doctores y con el amor propio se sale adelante, aunque el sufrimiento no se va nunca. 

-¿Esa cornada le quita importancia a la que tiene en la pierna?

-Esa me pasó muy pronto, con 20 años, pero últimamente se ha vuelto a abrir otra vez la herida. Y ya digo que es mucho más difícil que se cierre.

-Este año empezó usted siendo muy valiente fuera de la plaza, contando sus problemas personales en ABC, y ha seguido siéndolo en la plaza como nunca antes se le había visto.

-Intento ser como mi toreo, sincero. En aquel tiempo, antes de comenzar la temporada, la sinceridad era mucho más dramática que ahora, mi realidad fue que empecé la temporada con muchas dificultades de entrenamiento porque el medicamento también te limita, empecé con muchas dudas, pero Sevilla me iluminó y me dio la oportunidad.

-Después de aquella confesión nadie podía esperar su primera Puerta Grande en Madrid y todo lo que pasó allí.

-Sí, la foto del Wellington se ha convertido en icónica, fue un momento inesperado, no ha pasado nunca y sobre todo para mí es muy importante la alegría de ver a tanta gente joven. Hay futuro. Despertar esa pasión en chavales que llevan la camiseta y se hacen tatuajes con tu nombre me parece a veces un poquito exagerado, pero formo parte de sus vidas al parecer.

-¿La juventud en las plazas es la mejor respuesta a los antitaurinos?

-Sí, hemos ganado la batalla cultural del sentimiento de España, no cabe duda de que aquí nació todo y se ha ido despertando un interés en los chavales jóvenes que es extraordinario.

También en el ruedo hay ahora mucha juventud. ¿Está tranquilo con los nuevos toreros que vienen apretando?

-Yo me alegro mucho de los toreros jóvenes, esto tiene que continuar. Soy veterano y no sabemos el tiempo que puedo durar. Hacen falta los toreros jóvenes que ilusionen y despierten esa pasión que ahora mismo despierto yo.

-¿Se le ha pasado ya por la cabeza la retirada?

-Sí, pasa muchas veces, son muchos años, ésta ha sido una temporada muy importante y a veces no sabe uno qué es lo mejor. Por otro lado, no me gustaría dejar a la afición sin mi presencia, ya que cuando me cogen a hombros me dicen «¡no te vayas nunca!». Pero no soy eterno.

-¿Cree que su obra sí lo es?

-Eso es lo más difícil, sólo los que tienen una calidad suficiente permanecen en el tiempo. Por eso digo que es difícil que con el tiempo que llevo en el toreo, desde que me puse delante de una becerra con 6 añitos, sea con 45 cuando más interés despierto. La responsabilidad también pesa mucho.

-¿No echa de menos las broncas?

-Yo pienso que hay dos componentes. Uno es el amor propio y la experiencia. El otro es la suerte. Hay toros que son imposibles y afortunadamente este año han salido pocos, pero han salido algunos y he tenido que tirar por la calle del medio. Otro años se ha visto más, pero la bronca es muy desagradable y muy sufrida. A veces tenemos que pasar por eso pero hay toros que sólo merecen la muerte cuanto antes y de la manera más limpia.

Dice Espartaco que el objetivo del torero en Pamplona es convertir el ruido en silencio. Usted calló a las charangas.

-Lo intenté, pero aquello es muy difícil, ellos siguen con su fiesta, que yo la respeto mucho, pero es una plaza que no es fácil, sale un toro muy grande y relativamente feo. Pamplona es una prueba de fuego ante un público en el que no tiene nada que ver la sombra con el sol. La sombra es un público muy respetable. El sol va a su fiesta. Lo único que podemos hacer los toreros es aceptarlo y dentro de la temporada taurina es de las plazas más importantes. 

-¿Suele ver muchos vídeos?

-Yo cuando me pongo a ver vídeos nunca me pongo a ver los míos, no me gusta, me veo muchos defectos. Se me ha ido esto, se me ha ido lo otro. Me ha pasado ya estando en la plaza recién terminado con el toro.

-Tras su tremenda confesión antes de empezar la temporada ha hecho faenas memorables. ¿El toro es su mejor medicina? ¿El toro cura?

-El toro ayuda, pero desgraciadamente no cura. Cuando ya te estás duchando después de la corrida es cuando el efecto del toro se acusa más. Cuando vas a la plaza son muchos los nervios, pero cuando terminas coges mucha confianza en ti mismo, te dices «yo puedo, yo puedo». Después del mal rato que se pasa delante de un toro, la presión esa es muy dura.

-Las circunstancias también torean. Usted se marchó de La Puebla y se ha recluido en Portugal con la familia de su apoderado, Pedro Jorge Marques. ¿Qué ha encontrado allí?

-La madre de Pedro es como mi segunda madre, tanto ella como su familia. La recuperación la estoy haciendo en Portugal porque ahí tengo la tranquilidad, los médicos, mi psiquiatra.

-¿Necesitaba un poco más de cariño para rehacerse? ¿Se torea mejor cuando se recibe amor?

-Sí, el amor torea, da mucha tranquilidad. Yo tengo que fortalecer las piernas, la cabeza y la madre que lo parió. La serenidad es básica para la preparación y en Portugal vas por la calle y apenas te conoce la gente. Eso es muy bueno porque no tengo que andar dando explicaciones.

-¿Por qué se ha distanciado de la política y de su apoyo a Vox?

-Yo todo aquel partido político que ayude un poco a respetar y a fomentar el mundo del toro, encantado. Hubo un tiempo que sufrimos mucho, todavía lo sufrimos en Cataluña, pero con los años se volverá a la normalidad. Vi una dejadez por todos los políticos, una indiferencia, aquello me parecía injusto siendo el toreo la cultura más distintiva que tiene España. Y me hizo señalarme.

¿Pero volvería si hiciera falta?

-Yo siempre seré como Juncal, se me ve la cojera desde lejos. Me pasa en lo personal y en lo profesional, en todo. Pero ahora el toreo no es un gran problema. Tenemos la mala suerte de que el PSOE, que antiguamente no tenía ningún complejo, hoy sí lo tiene y no van a los toros o lo tratan de una forma peyorativa.

-¿Qué ha pasado con la corrida de El Parralejo en Almería? Le reprochan que pidió cambiar la ganadería a pesar de que no iba a reaparecer allí.

-La verdad es que no estaba para reaparecer, tenía muchas dudas y hay pocos toros en el campo, estamos los toreros muy preocupados, pero yo no he escuchado ninguna polémica. Iban tres toros y tres y así se lidiaron, no he prestado atención. Pero hay que entender que cuando uno reaparece tiene muchas dudas.

Regreso en Melilla

Corrochano bautizó la plaza de Melilla como ‘la mezquita del toreo’. Es la única plaza en activo que queda en África. No parece casualidad que, siendo usted tan reivindicativo, regrese precisamente ahí.

-Todo cuenta, es una ciudad que tiene un sentimiento español muy acusado y que siempre ha sido muy cariñosa conmigo. Es una plaza que está un poco perdida dentro de lo que es la temporada taurina española. Debe tener una visibilidad mayor y ahí vamos a empezar, a ver si Dios quiere y remato la temporada como la empecé.

-Y después de Melilla vienen muchas más. ¿En qué citas tiene puesto el foco?

-Luego voy a Aranjuez y hago todavía muchas grandes ferias, no quiero citar ninguna para no dejar otra atrás, pero me hace especial ilusión el 12 de octubre en Madrid. Por la mañana estaré en el homenaje a Antoñete, que ha sido un torero muy admirado por mí, torero de toreros, y por la tarde la corrida de la Hispanidad. Estoy muy agradecido a todos mis compañeros que han acudido a mi llamada para el festival matutino, es un orgullo.

Por Alberto García Reyes para ABC


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