El torero de Madrid que llevó a los figurones del toreo a una plaza de palos.

Una exposición recoge objetos personales, carteles, obras y recuerdos de la familia Bienvenida. Este año se cumple medio siglo del fallecimiento de Antonio Bienvenida, el diestro más destacado de la saga.

Por José Luis Vadillo.

Que Antonio Bienvenida es una figura capital en el toreo del siglo XX, nadie lo discute. Que su nombre está asociado irremediablemente a la coletilla de torero de Madrid, tampoco. Por si hay algún escéptico resultadista: 11 puertas grandes de Las Ventas y una escultura en las inmediaciones de la plaza avalan su dilatada trayectoria.

Ahora que en unos días se cumple medio siglo de su prematuro fallecimiento (el 7 de octubre de 1975), una exposición recoge en Arganda decenas de carteles originales, obras de arte y, sobre todo, recuerdos familiares de su vida taurina. Y si Antonio Bienvenida era, es, un torero de Madrid, ¿por qué uno de los principales homenajes al diestro en este aniversario redondo se hace en un pueblo que ni siquiera tiene plaza de toros estable?

Hay una explicación que trasciende la figura de este matador y obliga a hablar de su familia, toda una estirpe de toreros que fueron anunciándose en los carteles desde comienzos del pasado siglo: en 1941 participaron en un festival benéfico organizado por el legendario Marcial Lalanda (protagonista del pasodoble Marcial, eres el más grande) en Arganda, donde éste se había criado. El cartel era un lujo oriental para un pueblo de 5.000 habitantes recién salido de la Guerra Civil: el propio Lalanda, Gitanillo de Triana y Antonio Bienvenida. Tras la retirada de Marcial, la familia Bienvenida tomó las riendas de la organización del festival, con el patriarca, El Papa Negro, a la cabeza de sus seis hijos toreros, gracias a su buena relación con Juan Manuel Sánchez, un empresario vinícola local.

A esos festivales benéficos llevaron a la flor y nata de la torería de la época (Manolete, El Estudiante, Morenito de Talavera, Domingo Ortega…), dejando incluso una anécdota histórica en el ámbito taurino: en 1944, un adolescente Juanito Bienvenida, entonces becerrista, ofreció un par de banderillas al Monstruo de Córdoba, quien se sorprendió inicialmente por la osadía del muchacho, pero que finalmente aceptó e incluso contaban los testigos que se atisbó un esbozo de sonrisa en el siempre hierático Manolete. Su único par de banderillas en público. En todo lo alto.

Dado su peso taurino, el nombre de Antonio Bienvenida es el destacado en los carteles recogidos en la exposición, tanto en los de los festivales como en festejos excepcionales, como un tríptico anunciando la corrida del 16 de junio en Las Ventas, con “12 toros él solo” para el diestro. “Caso insólito en la historia del toreo”, como recoge el cartel de estética pop. “Todos los carteles originales han sido recopilados por la comisión de esta exposición removiendo Roma con Santiago”, explica Gonzalo I. Bienvenida, periodista y nieto de Antonio Bienvenida. También destaca la presencia de la familia torera en obras de distintos artistas, con el óleo “Viva los Bienvenida”, de Roberto Domingo, como pieza más destacada.

Ahí están también las cabezas disecadas de varios morlacos que marcaron la trayectoria en los ruedos de la saga, desde el espectacular Polvorillo a Dichoso, estoqueado por Antonio y que le valió la Puerta Grande, como recoge la placa conmemorativa.

Las fotografías en blanco y negro atraen no sólo a los aficionados a la tauromaquia, sino al público en general. Sí, en ellas se puede ver el toreo clásico de hace ocho décadas en los naturales, los remates con el capote e incluso el pase de la muerte, creación del Papa Negro, ejecutado por él mismo ya sexagenario, en el último eral que estoqueó. Pero también atraen los detalles: el público ataviado con chaqueta, faja y alpargatas, muchas boinas, varas en la mano, presenciando la faena dentro del ruedo; el yugo y las flechas en la fachada del viejo Ayuntamiento que preside el coso de maderos; el torero bebiendo generosamente de una bota ofrecida por los extasiados aficionados, con su chaquetilla blanca impoluta; los pitillos antes del paseíllo; las mujeres y los niños apretujados en la grada…

Llaman especialmente la atención los recuerdos cedidos por la familia, como un traje de luces turquesa y oro que vistió Antonio, así como otro traje de corto, el que utilizaba en los festivales, su montera, sus zahones y su fundón de espadas.

Mención aparte para la vitrina que presenta las revistas y suplementos taurinos que recogieron en primera plana en octubre de 1975 el fallecimiento de Antonio Bienvenida, arrollado por la espalda por una becerra que lidiaba en un tentadero. “Réquiem por un torero”, titulaba El Ruedo.

La relación de los Bienvenida con Arganda se cortó en seco cuando dejaron de organizar los festivales taurinos, pero se mantuvo el cariño por ambas partes. Así, en el año 2002, con una Corporación presidida por un alcalde de Izquierda Unida, acordó nombrar Hijos Predilectos de la villa a Ángel Luis y Juan Bienvenida, los dos diestros entonces vivos de la dinastía.

Esta exposición no es el único homenaje a Antonio Bienvenida que se podrá ver en Madrid. Durante la Feria de Otoño habrá otra muestra en la galería de los tendidos bajos del 1 y el 2 de Las Ventas. Su plaza de Las Ventas.

Los Bienvenida, una dinastía taurina en Arganda del Rey

Hasta el 21 de septiembre. Casa del Rey, Avenida del Ejército, 7. Arganda. De lunes a sábado de 17 a 21 horas. Entrada libre.

Publicado en El Mundo


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