En un año de mucho toreo superficial como los tiempos que corren -salvo el renacer de Morante-, Roca Rey regresa a México con la consigna de reafirmar su estatus de primera figura mundial y de no defraudar a los buenos aficionados.
Por J.C. Valadez – De SOL y SOMBRA
Andrés Roca Rey vuelve este fin de semana a los ruedos mexicanos con una mochila en su espalda que pesa más que su propio traje de luces. No es la del torero que viene a cumplir un compromiso más, sino la del que carga actualmente sobre los hombros la responsabilidad de sostener la tauromaquia—y justificar— su condición de figura en plazas donde la afición no le va conceder beneficios, ni le perdonará ningún error, empezando por la presencia de los toros que va a lidiar.
México contrario a lo que piensan algunos taurinos, es de memoria larga: aquí se recuerda al torero que triunfa, pero también al que defrauda. Por eso la exigencia para Roca Rey es doble en esta ocasión. A su nombre lo antecede un ruido mediático (de presa rosa y banal) que él mismo ha construido a fuerza de triunfos pero también de polémicas. Llegará con la obligación de ratificar su lugar en la cúspide del toreo, pero también con la consigna de hacerlo ante encierros bien presentados que justifiquen sus triunfos y no ante reses anovilladas como lo hizo en sus últimas comparecencias en donde no convenció, ni logró triunfos contundentes. Aquí se medirá al torero por su capacidad de imponerse al toro serio y no al toro chico o anovillado. Ahí es donde se verá la talla real de Roca Rey.
Estos próximos días no se juega sólo un triunfo; se juega su credibilidad y se juega el demostrar que la primera figura mundial (tras el retiro temporal de Morante) también puede llenar de verdad los ruedos mexicanos y que no solo viene a pasearse, sino a justificarse.
La exigencia será máxima especialmente en ruedos como Guadalajara y Aguascalientes. La responsabilidad, enorme. Y para una figura como Roca Rey, no hay escapatoria: la historia sólo recuerda a los que triunfan y convencen. México lo espera. Ahora le toca a él responder con seriedad, porque de no ser así, la va a pasar muy mal. La verdadera afición mexicana ya se cansó de que le vean la cara.
Y si no me cree usted, tan solo revise las últimas entradas que han conseguido recientemente en México toreros como Alejandro Talavante y Emilio de Justo, primeras figuras del toreo en España, pero que aquí en México no llevan gente a las plazas por la falta de seriedad y profesionalismo que han demostrado cada vez que se visten de luces ante encierros justos y anovillados. Lo más transcendental de estos toreros en México son sus incursiones en el campo bravo con grandes fotografías y tertulias, pero en las plazas de toros casi nada.
Esperemos que Roca Rey esta vez sea la excepción.






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