Fascinante contradicción la de matizar a golpe de tuit lo que no se dijo en una entrevista con la grabadora de testigo.
Por Rosario Pérez.
Respondió con la prudencia de quien pisa un terreno minado cuando hablamos de una evidencia: su dificultad para entrar en los carteles de primera línea, lo sorprendente que era que, después de su intachable 2025, su teléfono no fuese de los primeros en sonar cuando los despachos se pusieron en marcha. Cuando las primeras ferias se confeccionaban, después de aquellos triunfos de peso, merecería una escala mayor, otro trato. A fecha del pasado lunes -día de la entrevista-, oficialmente solo tenía cerrada por delante una tarde con Morante, otra con Roca Rey, ninguna con Manzanares… Y así podríamos seguir. La pregunta era legítima. Su diplomática respuesta también, ese «yo llevo mi camino».
Borja huye de polémicas y prefiere no incomodar, lo cual no es nada reprochable. La cuestión es el después, cuando tras el eco de la entrevista, de sus propias palabras, aparecen los ladridos de las redes sociales (y no solo), convertidas en una segunda plaza pública donde los que se tapan tras una máscara se envalentonan como no son capaces de hacer frente a frente. Entonces ese eco de provoca una inquietud que no es la del toro, ni lo que escriban diez tuiteros. Llega también la llamada, la del hombre preocupado por no entrar en polémicas, porque alguien malinterprete, porque Morante pudiera molestarse. Y una supuesta ‘sombra’ le aconseja lanzar un tuit, ese «me siento un privilegiado de compartir tardes con él», que por supuesto es un privilegio. Y entonces se matiza lo que no se matizó en ningún momento durante la entrevista, en la que el torero, la grabadora y yo sabemos lo que hablamos, lo que es ‘of the record’ y lo que nunca se pronunció. Borja Jiménez sabe que en ningún momento, durante esa entrevista, se habló de vetos, que por otro lado son más viejos que el betún, porque el que tiene poder, el que manda, siempre ha elegido. Es la ley del más fuerte. En todos los ámbitos de la vida. Unos la emplean con nobleza y otros con maldad. De vetos, caprichos e imposiciones no solo saben en la plaza los toreros…
A lo que íbamos: en esa pregunta se hablaba de injusticias. En ningún caso fue una cuestión contra Morante, un torero histórico. Ni contra Roca Rey, una primera figura. La realidad, de hecho, desmonta algunos relatos histéricos fabricados estos días en redes, donde imperan las retorcidas formas y una mala fe que roza el fanatismo. Resulta que el primero que propuso a Borja Jiménez para Pamplona fue precisamente Roca. Y eso fue antes del famoso órdago del de Espartinas al del Perú, antes de la gala isidril, pero es que después de la gala, volvió a reiterar que para delante. Y ahí está Eugenio Salinas, de la Casa de Misericordia, para confirmarlo. Pero resulta que Jiménez terminó entrando en el cartel de Morante. Hay veces que interesa más seguir fabricando polémicas, y no por parte del torero -un gran torero-, sino de ‘sombras’ en la trastienda.
El asunto no es que Borja Jiménez agradezca públicamente compartir cartel con Morante (y ahora lo hará no solo en San Fermín, sino también en otras, a las que en ningún momento hizo alusión en la entrevista). Repito: el torero, la grabadora y yo sabemos lo que se dijo y lo que no se dijo. Y lo que nunca se matizó. El asunto, ya digo, es otro: qué sucede cuando un torero con méritos sobrados, que merece triunfar en su mayúscula apuesta de San Isidro, teme incomodar a alguien después de una entrevista ¡por lo que nunca se dijo! Fascinante contradicción ante una verdad incómoda que apunta directamente al corazón del sistema
Publicado en ABC



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