El maestro que dominó los años 80 como máxima figura se sienta frente a su ahijado, que protagoniza el gran gesto de la feria que hoy arranca. Hablan, desde el vínculo íntimo que les une, del miedo escénico. Del éxito y el fracaso. De Morante y Roca Rey.
Por Zabala de la Serna.
Frente a frente adquieren el perfil de una moneda duplicada. Transmiten un nivel de intimidad insospechado. Cuando hablan y, sobre todo, cuando callan. Juan Antonio Ruiz “Espartaco” (Espartinas, 1962) vio nacer a Borja Jiménez (Espartinas, 1992) en todos los aspectos. Como niño, como hombre y como torero. El maestro conserva fotografías de cuando Borja no había cumplido ni siete años y, por supuesto, la foto de cuando le concedió la alternativa en Sevilla, el 5 de abril de 2015. Reapareció sólo para convertirlo en matador de toros y decir adiós. Comparten un vínculo insondable, una calidad humana excepcional.
Sabe bien Juan la dureza que implica alcanzar el estatus de figura, en su caso de máxima figura, y defender esa posición. Su pupilo no cesa en la lucha, contra viento y marea, por conseguirlo. Desde aquella fecha de 2015 transitó Jiménez por un desierto de ostracismo. Hasta que el 8 de octubre de 2023, la fecha exacta de su resurrección, salió disparado por la Puerta Grande de Madrid con una corrida de Victorino. Desde entonces, acumula dos más, en 2024 y 2025. Todo valdría como argumentario para consolidarse en los carteles de figuras que, por extrañas razones, no acaba de pisar: “Me han querido frenar y retirar, pero ahí es cuando me sale la rebeldía y pego el golpe fuerte”
Viene de cuajar una importante Feria de Abril que se quedó en el umbral de la Puerta del Príncipe, en dos ocasiones, por culpa de la espada. Y ahora encara la temida Feria de San Isidro con el compromiso mayúsculo de encerrarse como único espada el 7 de junio y, por si fuera poco, torear, también en Madrid, 72 horas antes. Una estrategia reivindicativa, a tumba abierta, quizá muy loca, de quien en los últimos tres años ha descerrajado tres veces la Puerta Grande. “Triunfar con seis toros en Madrid es una hazaña prácticamente imposible. Le debe todo a esta plaza. Si no sale bien, no sería justo borrar todo lo que ha hecho”, dice quien dominó los años 80 con la fuerza de las verdaderas figuras.
De todo hablan Espartaco y Borja Jiménez. De la inmensa presión psicológica. De los más enconados desafíos. De Morante y Roca Rey. De los miedos y la ética del sacrificio. Del éxito y el fracaso. Del respeto absoluto hacia el toro bravo y la responsabilidad de transmitir la cultura ecológica de la tauromaquia a las nuevas generaciones.
Pregunta. ¿Sufre mucho viendo a Borja?
Juan Antonio Ruiz “Espartaco”. Sí. De hecho, no voy a los sitios importantes. He estado en los momentos más fuertes para él, cuando la Copa Chenel, esas corridas del primer año que de verdad eran un momento muy difícil porque le hacía mucha falta. Hablo siempre con Borja antes de cada corrida o después. En una corrida de José Escolar en Pamplona lo pasé tan mal que decidí no volver.
P. Yo me acuerdo de una imagen suya tapándose la cara.
E. Sí, cuando se fue a la puerta de chiqueros. Prácticamente nunca voy a verlo a esas corridas de toros de máxima tensión, pero estoy muy pendiente todo el tiempo de él. Si yo supiera los triunfos tan importantes que está obteniendo, no me lo perdería. Pero como esas cosas nunca se saben, prefiero que me lo cuente.
P. ¿Qué significa contar con el aliento y el consejo de quien ha sido máxima figura del toreo?
Borja Jiménez. Es para sentirse un privilegiado. Por lo que representa en el toreo y por lo que es como persona, un ser humano excepcional. Al final todo lo que sé del toro lo he aprendido con su padre, con el maestro, con los dos. Ellos me inculcaron desde chico la educación taurina, el respeto al toro y el sacrificio. Y, ahora que ya estoy toreando en las ferias, su voz me ayuda muchísimo más en esos momentos clave.
P. Maestro, ¿por qué a Borja los triunfos en plazas como Madrid no le valen del mismo modo que a otros o no sirven como en otros tiempos?
E. Él ha hecho un esfuerzo sobrehumano mental para superar todas las dificultades hasta llegar aquí. Nosotros hemos estado como amigos, pero después Borja ha estado solo y lo que se ha ganado es todo mérito suyo. Su esfuerzo ya se está viendo valorado. Pero en el corte de torero que tiene Borja, las exigencias son mayores. Es un torero muy poderoso y la gente se da cuenta de que todavía puede llegar a más. Y eso es lo que ha pasado con Madrid, que fue la plaza que lo descubrió y se lo ha dado todo. Ya está en todas las plazas de España, y en Sevilla, claro, pero Madrid fue la que le abrió el camino.
P. ¿Usted se siente más exigido que otros?
B.J. Bueno, puede ser que tenga esa exigencia mayor, pero yo nunca he sido un torero de quejarme. Ni siquiera en los años en que no he toreado le he dado mayor importancia a las quejas. Sé cuál es mi camino, tengo muy claro por dónde quiero dirigirlo y adónde quiero llegar. Dios dirá lo que pasará, pero no me preocupo más allá del toro y de entrenar. Si uno acostumbra al público al triunfo diario, te exigen el triunfo diario. No he fallado en las tardes clave en los últimos años. Esa exigencia la han tenido todos los que han sido grandes figuras.
P. Hablando de exigencia, entre una época y la suya, maestro, con una prensa todavía más ácida, existe una diferencia.
E. Querer estar bien con todos los toros te lleva a una responsabilidad que enseña muchas veces tus defectos. Cuando vas buscando el triunfo diario pasa esto, no puedes llegar a la perfección. Borja empezó un poco igual, pero ha perfeccionado muchísimo su toreo. Su apoderado, Julián Guerra, le ha inculcado una forma de interpretar el toreo con una pureza extraordinaria. Llevar esa pureza a intentar torear el mayor número de toros no es fácil.
P. Usted tenía carisma, maestro.
E. Yo he sido fiel a mí mismo. Sigo siendo la misma persona en la calle que en la plaza. Si he pecado de algo, ha sido de prudente. A veces esa prudencia hace que la gente no te llegue a respetar lo suficiente. Eres facilón en el sentido de que siempre quieres quedar bien. Seguiré siendo igual, quiero que me recuerden como una persona normal y agradable.
P. ¿Alguien que ha sido máxima figura del toreo puede ser una persona normal?
E. Hombre, no termina uno de ser nunca una persona normal. Pero tienes que llegar a ser feliz contigo mismo. Yo disfruto mucho, he sido y soy feliz en el mundo del toro. No tengo envidia por nada. Alcancé mucho más de lo que pensaba que podía alcanzar. No soy de dar consejos. Lo que me viene bien a mí puede no encajarle a él. A Borja le cuento anécdotas de las figuras, eso sí.
P. Recuerdo lo que siempre le repetía don Pablo Lozano: los secretos son conocer al toro, conocer al público y conocerte a ti mismo. ¿Se lo ha transmitido?
E. Es la Biblia del toreo. No soy nada humilde, pero si en esto he parecido bueno es porque los demás eran mejores toreros que yo. Al ser mejores y poder competir con ellos, fue lo que me hizo importante. Tuve una gran rivalidad con todos, sobre todo con Joselito. Los apoderados defienden lo tuyo: las fechas, la ganadería, el dinero.
P. ¿Y eso es un veto o mandar en el toreo?
E. Eso es mandar en el toreo, es a lo que hay que aspirar. El torear cuando quieres, lo que quieres y con quien quieres. Eso no quiere decir que evites a nadie. Creo que Borja ya ha pegado suficientes aldabonazos para que se le respete lo que él es. Si hoy no entras en las fechas donde están los que mandan, te quedas descolgado.
P. Borja, usted ha cuajado una Feria de Abril importante, pero ha faltado la espada para materializar las dos Puertas del Príncipe entreabiertas.
B.J. He tenido dos tardes que he disfrutado mucho. Este año es cuando de verdad he visto que Sevilla ha roto conmigo. Ver a la plaza ponerse de pie durante las cinco faenas es un triunfo de peso. Me ha jugado una mala pasada la espada, pero he podido demostrar rotundidad.

P. Hablemos de la espada, que no es un dato menor teniendo una cita con seis toros en Madrid. El maestro era infalible.
E. Lo único que le digo es que mentalmente no le afecte. Él tiene que ir con la seguridad de matar un toro bien. Cuando pinchas, te dicen que si te pones largo o corto, que si esto y lo otro, y eso te vuelve loco. Cuando cojas la espada, hazlo con seguridad, busca la distancia y entra a matar mirando arriba.
P. ¿Existe un pánico escénico ante la posibilidad del triunfo?
E. Sí, totalmente. El pánico más agudo que sentí fue el día del triunfo con el toro de Manolo González [Facultades, Sevilla, 1985]. La cosa iba bien, pero sentí que no tenía fuerza para matar al toro. Sabía que lo iba a pinchar. Mi padre se dio cuenta y gritó desde su localidad: “¡Ahora no, Juan!”. Tuve que darle cien vueltas hasta que me vi convencido.
P. Borja, parece que cada temporada tiene que volver a la casilla de salida.
B.J. Cuando uno enseña sus cartas de ambición es cuando más se le exige. Gracias a eso he tenido tres Puertas Grandes de Madrid. Me han querido frenar y retirar, pero ahí es cuando sale la rebeldía y pego el golpe fuerte. Doy gracias a Dios de que me hayan querido parar porque precisamente por eso no me han parado.
E. La preocupación que ahora tenemos es la sensación de que si el día de los seis toros no salen las cosas, Borja vuelva al punto cero. Para mí, ni hablar. Lo hecho, hecho está, queda. Triunfar con seis toros en Madrid es una hazaña prácticamente imposible, pero él tiene que disfrutar. Le debe todo a esta plaza. Si no sale bien, no sería justo borrar todo lo que lleva detrás.
P. Retar a Roca Rey para otoño en la gala de San Isidro, ¿estuvo bien medido en tiempo teniendo en cuenta su gesto como único espada el 7 de junio?
B.J. Salió por orgullo de torero por varias situaciones que estaba viviendo. No le doy importancia más allá de eso porque ahora tengo el compromiso de los seis toros. Lo positivo es que quiero llegar ahí y competir por el puesto del número uno.
P. Maestro, si usted hubiera sido Roca Rey, ¿cómo habría reaccionado?
E. Pues no lo sé. Me enteré por la prensa. Borja no es ese tipo de persona, fue espontáneo. Lo positivo es que él quiere llegar ahí y competir por el puesto de Roca Rey, que indudablemente es un fuera de serie y un número 1.
P. ¿Borja escucha más al maestro Espartaco o a Julián Guerra, su apoderado?
B.J. Escucho siempre al maestro. Tenemos una relación familiar y sabe mis pasos antes de que haga nada, aunque la última palabra la tiene mi apoderado, que gestiona mi carrera. Julián me aprieta hasta no poder más física ni mentalmente, y eso hace que pongas la mente fuerte para la plaza.
P. ¿Existe un perdón mayor hacia el torero de arte que hacia el poderoso?
E. Indudablemente. El torero de arte tiene más capacidad para taparse y exigirse menos con ciertos toros, mientras que el torero poderoso tiene que hacer el esfuerzo con todos.
P. ¿Qué le dijo a Morante en el brindis de Sevilla?
B.J. Él bromeó: «¿Me lo brindas por bueno o por viejo?». Le di las gracias. Entrené en su finca durante cuatro años cuando no toreaba nada, soñaba con estar en esos carteles en Sevilla y se lo agradecí. Está tirando de mí [torea en dos de las cinco tardes de Morante en la Maestranza y, también, en Pamplona; y lo ha respaldado para coger su sustitución de este domingo, 10 de mayo, en Valladolid ].
P. ¿Cómo ven la afluencia de gente joven a las plazas?
E. A la juventud hay que cuidarla. Que sepan que gracias a la tauromaquia hay vida en el campo. Al pagar tu entrada proteges la existencia del toro bravo, el gran guardián de la dehesa, la biodiversidad y el mundo rural.
B.J. Al conocer al toro en el campo, la gente se da cuenta de las dificultades que tiene torear, y eso también fomenta la afición.
Publicado en El Mundo




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