Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Víctor Hernández ofreció ayer, en Aguascalientes, una muestra más de lo que es el toreo total, y lo hizo tanto con el toro bueno como con el malo. El toro bravo llegó al último tercio con movilidad y Hernández lo pasó por bajo, torerísimo en cada muletazo de tanteo; lo cambió de terreno, y en un momento desgranó el toreo al natural en su versión más bella. Erguida la planta, baja la mano, instrumento los pases con hondura, cadenciosa lentitud y un toquecito de arte, que colmaba de plasticidad la suerte. Muleteó, principalmente, haciendo alarde de dominio, que combinó con un innato sentido del temple y de la ligazón de las suertes. Toda la faena tuvo unidad, tanto en los terrenos -le bastaron unos pocos metros de ruedo para realizarla entera- como en la estructura del muleteo, y cuando ligaba las suertes fundamentales, con los pases de pecho, el público observó a conciencia de que estaba viendo la creación de un toreo de alta escuela, distinto a lo que habitualmente se ve en esta y en las demás plazas. Remató su faena con unas bernadinas haciendo alarde de su valor y dejó una estacada que cayó ligeramente desprendida. El triunfo no fue grande porque el juez le negó la segunda oreja, pero la plaza estaba entregada a este diestro en continua superación.

En el otro toro, el de más peligro de la corrida, dió su otra medida, la de dominador nato. De nuevo hizo una lidia impecable a un toro se colaba por ambos pitones y desarrollaba sentido, pudo abreviar porque con ese toro tan malo no había futuro, pero insistió y se sobrepuso a la adversidad hasta ganarle la pelea. Lo mató de una estocada entera -algo caída- y se retiró entre aplausos.
Al final los aficionados abandonaron la plaza con el asombro prendido en la mirada, deslumbrados por los torrentes de torería que acababan de contemplar por parte de Víctor Hernández.
El resto de la corrida ya fue otra cosa.
El Calita no fue capaz de templar las boyantes embestidas del ejemplar que abrió plaza. Ni se desquitó en el cuarto, al que toreó sin mucha convicción. Tampoco el planteamiento de su faena fue técnicamente bueno y los muletazos los ejecutaba dejando atrás la pierna contraria y adelantando el pico. No es nuevo, en este torero, que ha convertido una amalgama de virtudes y defectos en estilo personal. En un pasaje de la faena salió volteado de forma escalofriante, pero se incorporó sin mayores consecuencias. El público se metió fuerte con el Calita y no le valoró casi nada.
Sergio Flores se llevó al toro más noble y más toleable del encierro, con el que encontró inspiración para hacer el toreo e interpretarlo a su manera. El quinto era escaso de temperamento y Flores le dio la réplica con una labor larga sin mucha trascendencia.
La corrida de Corlomé tuvo de todo. Hubo toros que mansearon con claridad, pero también dejaron ver un fondo de casta que sostuvo la emoción durante la lidia. Ninguno alcanzó nota alta, es cierto, aunque en tiempos de reses descastadas, previsibles y sin transmisión, el simple hecho de que mantuvieran viveza y exigencia, es casi un triunfo.
CORLOMÉ / CALITA, FLORES Y HERNÁNDEZ
Toros de Corlomé, desiguales en presentación y juego, de los que destacaron el 2° por su nobleza y ritmo y el 3° por su bravura seca.
Ernesto Javier “Calita”: Silencio y división de opiniones.
Sergio Flores: Oreja y silencio.
Víctor Hernández: Oreja con petición y palmas.
Aguascalientes, Ags.- Plaza Monumental. Novena corrida de feria. Corrida de la prensa. Un cuarto de entrada.
Fotos: EMSA.




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