Una tromba de agua desluce el fin de fiesta en Las Ventas

Una valiente actuación de Víctor Hernández no culminada en la suerte suprema y una emotiva competencia en quites con Roca Rey, lo más destacado en una tarde rota por la intensa lluvia.

Por Antonio Lorca.

A las siete de la tarde, hora del comienzo de la corrida, lucía un sol de justicia y se notaba un intenso calor en el ambiente; y así fue hasta la lidia del tercer toro, cuando unas nubes negras aparecieron en el horizonte, encapotaron el cielo y fueron las teloneras de truenos y relámpagos. Tomó Talavante la muleta para la faena al cuarto, y las primeras gotas dieron paso a una lluvia cada vez más intensa que, en muy pocos minutos, se convirtió en una tromba de agua impresionante. El personal había venido sin paraguas e, irremediablemente, se produjo la desbandada general de los tendidos, al tiempo que el torero extremeño trataba a duras penas de aprovechar la noble y bondadosa embestida de su oponente con escaso eco por razones obvias.

Cuando murió ese cuarto toro, el ruedo era una piscina. Se supone que hubo reunión de urgencia en el callejón entre las cuadrillas y la autoridad y decidieron seguir adelante con el festejo, sin que por ello cesara la lluvia, que se mantuvo hasta el final.

Hasta entonces, un toro de preciosa estampa, como toda la corrida —bien presentada, muy seria y astifina de Victoriano del Río—, el que salió en primer lugar, gritó a voces su manifiesta invalidez, lo que no fue motivo para su devolución, pero sí para que todos asistiéramos al triste espectáculo de la acelerada muerte de un animal sin vida, y Talavante hizo bien en abreviar la agonía.

Y antes de que lloviera, justo en el tercio de quites del segundo de la tarde, el primero de Roca, se produjo uno de los momentos más intensos de la corrida. Víctor Hernández hizo uso de su derecho al quite y, con solemnidad y parsimonia, se echó el capote a la espalda, y citó desde el centro del ruedo por ceñidas saltilleras que pusieron la plaza en pie; le siguió Roca, picado en su amor propio, y quitó por gaoneras, igualmente ajustadas, que cerraron una secuencia competitiva marcada por la emoción.

Muleta en mano, el torero peruano brindó a la plaza, se hincó de rodillas y trazó dos pases cambiados por la espalda, el segundo muy apurado por la falta de espacio, que aventuraban faena de triunfo. Pero no pudo ser. Al poco tiempo, el toro se vino abajo, se rajó y acabó con lo que pudo haber sido y no fue.

Y llegaba el turno de Hernández, un joven que está llamado a ser figura, pero tiene el inconveniente de que es un hijo de su época, y como tal se empeña en hacer faenas interminables y aburridas, de tal modo que escuchó dos avisos en su primer toro después de una valerosa actuación presidida por cuatro tandas de naturales desiguales, pero, en general, síntomas todos ellos de toreo verdadero. Tras unas apretadas manoletinas, mató mal antes de recibir los dos recados presidenciales y emborronarlo todo.

El ruedo era un lodazal durante la lidia del quinto toro y persistía la lluvia. Roca Rey intentó sobreponerse a las adversas circunstancias, y fue capaz de dibujar una tanda de redondos ligados y otra de naturales largos, lo que no pasó de una faena aseada y solvente.

Y las ganas finales de Hernández las demostró con el brindis al respetable del toro que cerraba la lluviosa tarde, instantes después de que Marcos Prieto se luciera con un magnífico par de banderillas. Dos pases cambiados por la espalda fueron el preludio de otra actuación valerosa de un torero que no renuncia a los terrenos comprometidos y busca la autenticidad en el manejo de los engaños. Su labor resultó desordenada por el escaso fuelle del toro, pero él, hijo de su época, se eternizó dando pases y más pases hasta el aviso final.

Del Río / Talavante, Roca, Hernández

Toros de Victoriano del Río, muy bien presentados y astifinos, cumplidores en varas, nobles, con clase y escaso fuelle en el tercio final; inválido el primero.

Alejandro Talavante: casi entera (silencio); tres pinchazos, bajonazo, dos descabellos -aviso- y un descabello (ovación).

Roca Rey: estocada caída -aviso- (ovación); pinchazo -aviso- pinchazo y estocada caída (ovación).

Víctor Hernández: media tendida y trasera -aviso y segundo aviso- (palmas); estocada tendida y atravesada -aviso- (ovación).

Plaza de toros de Las Ventas. 14 de junio. Corrida de la Beneficencia. Lleno de “no hay billetes” (22.964 espectadores, según la empresa).

Publicado en El País


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