Tarde de héroes en Las Ventas: Víctor Hernández entierra su pureza y el triunfo en el barro con la espada.

Una formidable tormenta convierte la tarde en una hazaña con Talavante, Roca Rey y el torero de Madrid entregándose bajo el diluvio; notable corrida de Victoriano del Río.

Por Zabala de la Serna.

Una formidable tormenta convirtió la Corrida de Beneficencia en una tarde homérica, en un ejercicio de heroísmo bajo el viento huracanado y la tromba de agua que anegó el ruedo de Las Ventas. Y esto, no sólo lo que caía, sino lo que había caído, multiplicaba la importancia de la hazaña. Que alcanzaba el rango de proeza titánica cuando enfrente de Alejandro Talavante, Roca Rey y Víctor Hernández se encontraba una imponente corrida de toros cinqueña de Victoriano del Río. Jugada con otra climatología otro gallo hubiera cantado, pues cuatro toros -especialmente 3º y 6º- sacaron buena nota. El mal estado del piso no causó inseguridad únicamente en los astados, también en los matadores en la hora crucial de irse detrás de la espada y rubricar como merecían sus faenas heroicas, de purísimo toreo en el caso de Víctor Hache, que se tiene que querer morir.

Entre las 20.05 y las 20.50, el cielo de Madrid se oscureció como si fuera la noche, abrió sus compuertas y bajó a la tierra un vendaval primero y el diluvio después. En pleno ecuador de la corrida se desencadenó el fin del mundo, en el instante en que Víctor Hernández trataba de gobernar con la pureza de su izquierda no sólo la encastada viveza del toro, sino los endemoniados remolinos del airazo hostil. A las 20.08 cuajó una serie de naturales brutal, la mejor de tres trazadas con el pulso de la verdad, allí en los terrenos del «5» y el «6», supuestamente más protegidos del huracán. Debió cambiar la mano en última tanda de la importante faena, pero insistió en su izquierda de oro con la embestida en tono menor. Despidió la obra -que sonaba a oreja- por ajustadísimas manoletinas, pero media estocada muy tendida y, por tanto, sin muerte arruinó cualquier posibilidad de triunfo.

Más de una hora después, ya con la noche a cuestas, Víctor Hache mejoró su deslumbrante versión -brindada a Miguel Martín, director del CAT- con un despampante sexto que llamaba Gorrión. 611 kilos de pajarito, pero con bravura carísima. Fue la faena un dechado de valentía desde que empezó con las pases cambiados por la espalda -parecía que no cabría el voluminoso toro- y, sobre todo, fue una demostración del deslumbrante toreo que lo adorna, tan encajado, tan roto, tan tomista. Pesaba un quintal la muleta empapada de barro y agua en la mano del torero de plomo, hundido en el fango. Pero cuando parecía que ahora sí, que no se escaparía la gloria, Víctor enterró la espada en los sótanos. Y así, una tarde importante, con un lote de consagración, pese a las adversidades climáticas, se marchó por el sumidero por donde el ruedo evacuaba la inundación.

Hasta este punto de la corrida se había llegado porque Roca Rey tiró hacia delante teniendo todas las papeletas para haber suspendido. A las 20.45 saltó un quinto toro de trapío irreprochable que levantaba olas en su salida como una narcolancha escapando de la Guardia Civil en las marismas del Guadalquivir. RR apostó siempre por abajo, por una y otra mano, para lanzar la moneda al aire. Respondió el toro con nobleza pero sin continuidad, inseguro en su pisada, mientras arreciaba otra vez la lluvia. Cuando el cielo se rompe así sobre una plaza de toros, todo lo superficial desaparece. Descarado y atalonado, RR levantaba su propia heroicidad. Un desarme con la muleta chorreando lodo, casi al final, no enfrió nada. Pero sí la encasquillada espada.

A las 19.37 había surgido un conato de sacar la tarde del bochorno ambiental que presagiaba la tormenta: Víctor Hernández se clavó ante el toro de Roca Rey en un quite por saltilleras, resuelto con una airosa revolera y brionesa evocadora de José Tomás. Respondió el astro peruano con un enrazado quite de apretadas gaoneras para, al menos, empatar con el joven insurrecto. El toro era un señor toro, un tanto montado, muy hondo -604 kilos en su bodega-, despegado del piso, sin terminar de humillar ni de soltarse -1º y 2º de la corrida fueron los peores-. A las 19.45, Roca Rey paró el corazón de la plaza aguantando, precisamente, un parón del torazo, postrado de rodillas en los cambiados de apertura de faena. Que no despegó pese a su denuedo porque no sólo el toro no se soltó, sino que fue muy a menos hasta rajarse.

Había abierto plaza un toro bajo, de hermosa cabeza, anchos pechos y flaco poder. Todo lo hacía con las manos por delante, menos cuando colocaba la cara con por su lado derecho y apuntaba una categoría que fue imposible de desarrollar. A la fuerza tampoco le acompañó el fondo y Alejandro Talavante abrevió entre protestas. Una hora más tarde, a las 20.20, Talavante parecía un náufrago en la tempestad ante un cuarto que emergía entre las aguas como Moby Dick. Buen estilo en el toro al que AT cogió con embroque retrasado y tino en su mano derecha, tras una apertura de sabrosos ayudados por alto. El cielo se caída en aquellos momentos, el público huía y un hombre se quedaba allí en el ruedo con su soledad y el mar. Resbalaban uno y otro; el buen toro se afligió y se puso a la defensiva yTala, tan seguro hasta entonces, patinó con inseguridad a la hora de matar.

Se marcharon andando de la plaza los tres héroes, con la plaza vacía y el eco del reconocimiento. Allí abajo en el barro quedó enterrada la pureza de Víctor Hernández.

NOTA: El palco real quedó este domingo huérfano de la presencia del Rey Felipe VI, una Corrida de Beneficencia más. Ya suma unas cuantas faltas en la cita señera de la temporada de Madrid y una de las emblemáticas del año taurino español. Me disgustan estas ausencias. Como también que se programe la Beneficencia en domingo. Su histórico jueves le confería señorío. Las Ventas colgó el décimo noveno cartel de “No hay billetes” de esta temporada y todos tan contentos. Isabel Díaz Ayuso, la emperatriz de Chamberí a falta de Rey, ocupó su burladero de callejón acompañada del maestro Curro Vázquez, siempre bien colocado, y Carlos Novillo, Consejero de Interior. Sonó el himno de España y la ausencia del Rey se agigantó en el palco vacío.

FICHA

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 14 de junio de 2026. Corrida de Beneficencia. “No hay billetes”. Toros de Victoriano del Río, todos cinqueños; de imponente presentación; excelente el 6º; encastado el 3º; nobles 4º y 6º con diferentes finales; bajaron la nota 1º y 4º.

ALEJANDRO TALAVANTE, DE NEGRO Y ORO. Estocada delantera desprendida (silencio); tres pinchazos, estocada baja trasera y tres descabellos (palmas tras aviso).

ROCA REY, DE PIZARRA Y ORO. Estocada. Aviso (ovación); dos pinchazos y estocada baja. Aviso (saludos).

VÍCTOR HERNÁNDEZ, DE VERDE BOTELLA. Media estocada tendida. Dos avisos (leve petición y silencio); bajonazo. Aviso (saludos).


Descubre más desde DE SOL Y SOMBRA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Anuncios