La importante tarde del torero de Ayora termina en la enfermería con una sola oreja y no por la puerta grande como debiera; pincha el mejor toro de decepcionante corrida de La Quinta.
Por Zabala de la Serna.
La historia de Samuel Navalón en su presentación en Santander merecía otro final. Como lo mereció también su historia con Misionero, un toro de finas calidades, el toro de una corrida de La Quinta nuevamente decepcionante. La importante tarde de Navalón debió desembocar por la puerta grande con tres orejas y no únicamente con una y un palizón en la enfermería. Silveti y Román carecieron de opciones en una jornada, además, de espadas negadas.
Diego Silveti, de la gloriosa dinastía mexicana de los Silveti, descendiente del bragado Tigre de Guanajuato —su bisabuelo—, nieto de Juan —el Tigrillo—, hijo del olvidado David —yo vi la histórica faena a Mar de Nubes en la Monumental azteca— y sobrino de Alejandro, debutó en Cuatro Caminos (primera corrida de su temporada) con ceremoniosa elegancia con un guapo Ruiseñor, entipado Buendía de pobre poder, cristalina bondad y raza dormida. Silveti, que se descaró en un quite por saltilleras, lo toreó sutilmente a su altura, lo apretó más al final y lo mató en el tercer viaje con la espada.
Un intento más con el acero le llevó a Román tumbar a Sandiero, que fue muchos toros en uno, tan variable a lo largo y ancho de la lidia. Terminó como salió, distraído. Pero, entretanto, tuvo un momento de chispa y vida, embroque y repetición sobre la mano derecha. Román empleó sus armas de la distancia y la determinación para torear por abajo. Mas en la tercera tanda el toro ya no fue el mismo y mucho menos por el pitón izquierdo, viniéndose por dentro, por el palillo y gazapón, amontonado. Y se aburrió. El valenciano lo quiso alegrar por manoletinas antes de perderse con la espada.

Precisamente por ella, Samuel Navalón tiró por la borda no solo la faena más redonda de la tarde, sino el toro de la corrida de La Quinta: Misionero. Definido de principio a fin con un estilo finísimo que respondía al fino tipo del viejo toro de su estirpe (458 kilos, ese era el peso hasta que jodieron con la báscula). Sostuvo el ritmo y, lo que es más importante, la humillación. Viajaba lejos. Navalón levantó una obra serena con el armazón de la inteligencia, templada y superior sobre su mano izquierda, aquilatada entonces la calidad. Los infinitos pases de pecho elevaron la temperatura de todas las series. Pasó por un tramo de circulares invertidos y, al final, como si sintiese que el triunfo había que amarrarlo —a falta de algo más—, puso bocabajo Cuatro Caminos por luquecinas. En el eco se presentían las dos orejas de aquel Misionero que respondió a todo. Y no fue corta la faena. Pero Navalón no hizo la cruz con la espada —pinchazo y media— y se lo llevó el diablo, maldiciendo su estampa.
Cuarto y quinto toros subieron en trapío, se movieron con ese interés que solo es para el público, sin regalar nada a los toreros, de diferente forma uno y otro: soltándose aquel con arreones mansos entre coces y sin entrega el otro, más correoso. Silveti y Román trataron de ordenar aquello con afán, dificultades y escaso éxito, también con los aceros.
A última hora, Samuel Navalón volvió a torear espléndidamente bien, esta vez con la derecha, a un sexto que arreó mucho hacia los adentros en banderillas —no fue el único— y se daba y humillaba a regañadientes en la muleta únicamente por esa mano, no sin obediencia. Navalón puso mando, bragueta y pulso. Cuando ya remataba la faena al alza por bernadinas, sobrevino el percance. Pudo hacerle mucho daño en el suelo. Un palizón sobre la paliza que ya traía de Valencia.
Sin chaquetilla ni casi respiración, dolorido de la pierna, cobró una gran estocada, sin duda la estocada de una tarde sin ellas. Asomó el palco el pañuelo de un aviso ridículo cuando el toro se trastabillaba sin puntilla. La plaza estalló en una fuerte pañolada. Pero el presidente solo accedió a la concesión de una oreja, que Navalón agarró como premio de consolación antes de pasar a la enfermería, donde le detectaron múltiples traumatismos pendientes de estudio radiológico.
PLAZA DE CUATRO CAMINOS. Lunes, 20 de julio de 2026. Tercera de feria. Toros de La Quinta, todos cuatreños; más entipados en su primera mitad; destacó el buen 3º en un conjunto decepcionante.
DIEGO SILVETI, DE VERDE BOTELLA Y ORO. Dos pinchazos y estocada rinconera (silencio); tres pinchazos y bajonazo. Aviso (silencio).
ROMÁN, DE AZUL PASTEL Y AZABACHE. Tres pinchazos y estocada (silencio); estocada atravesada, estocada y descabello (silencio).
SAMUEL NAVALÓN, DE MALVA Y ORO. Pinchazo y media tendida. Aviso (saludos); estocada. Aviso (oreja y fuerte petición).
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