El estilo del matador David De Miranda, el onubense que impacta en las plazas: sin mentir, despacio y vertical.

Por José Luis Benlloch.

Más allá de las cualidades artísticas, De Miranda tiene un fuerte anclaje social, detalle clave para la consolidación de los toreros. Sus últimos triunfos en este 2026 le han colocado en el foco de atención sin que le afecte la presión, coyuntura que tanto condiciona a los jóvenes, a la vez que le han convertido en un ídolo en su Huelva natal que le acompaña y vibra como en otros tiempos lo hiciera con los Litri o Chamaco. En la última feria los aficionados llenaron la plaza hasta las banderas y recuperaron en su honor la vieja tradición de entonar a la muerte del tercer toro el «Quiero cruzar la bahía» de los Cantores de Híspalis, momento que fundió la devoción a la Virgen del Rocío y al propio torero en un caso proverbial de comunión entre el pueblo y sus devociones.

Resiliente al paso del tiempo, con la prueba de las cornadas más que superadas, si hubiese que definir su estilo habría que decir que más que firme ante el toro se muestra hierático como el mástil de una carabela de su Huelva natal, dispuesto a resistir los embates de cuantas tempestades sistémicas se interpongan en su navegar como ya se ha comprobado. En su plan de viaje, un rumbo fijo: no hay más puerto que el del éxito.

Tomó la alternativa en su Huelva natal, en agosto de 2016, con José Tomás como padrino. Madrid, Huelva reiteradamente (hasta doce veces y una más se lo llevaron en volandas los paisanos) Sevilla con dos Puerta del Príncipe, Málaga, Linares, son algunas de las puertas grandes más relevantes que ha conseguido abrir, además de acumular otros éxitos y faenas de dos orejas en Nimes y en la misma Sevilla, cuadro de honor a la espera de otras grandes plazas como Valencia o Bilbao donde se presenta este año.

–A la hora de fijar sus objetivos los tiene claro.

–Tener un sitio en las principales ferias de España.

–¿Sueñas con mandar? La pregunta se la hice en el arranque de su ascensión.

–Claro. Mandar significa ser figura del toreo y uno es torero para ser figura.

–Esto es más difícil de lo que esperabas.

–Bueno… el toreo es muy difícil y desde que comienzas eres consciente de ello. Eso se siente. Tienes que afrontar muchos obstáculos, percances, despachos, alguna

Se define como un chico de Trigueros, perteneciente a una familia trabajadora, «humilde y sencilla» remacha, al que la afición al toro le llegó por su tío abuelo que tiene una punta de vacas bravas en el pueblo. «Gracias a él me entró la afición. Pasaba los veranos con él, asistía a los herraderos, a los tentaderos… Ahí me entró el gusanillo» cuenta el torero que en cuanto surgió la ocasión participó en un concurso para noveles y ya fue un no parar.

–Siempre se habla del valor de De Miranda, pero… ¿Qué tienes más allá del valor?

–Me gusta el toreo puro, no me gusta mentir delante del toro y me gusta hacer el toreo despacio… es lo que persigo. En esa búsqueda de la pureza, ni cuando no me salen las cosas soy capaz de mentir, recurso que en ocasiones puede ser necesario para el triunfo pero… En realidad, ni soy capaz ni lo persigo por ese camino. Intento utilizar el poco valor que tengo para intentar torear bien y con verdad.

–Muchas veces se dice aquello de este torero tiene cabeza.

–Yo delante del toro me encuentro despejado. Es necesario. Sin la capacidad de pensar sería imposible estar.

–En unos momentos en los que tan de moda están los toreros de arte apareces tú, que…

–No me catalogan como el torero artista, lo sé. Yo me quedo con el toreo vertical, con el toreo de frente, con la pureza como te digo, luego eso de artista o no artista… Mira, el torero es artista siempre.

Seguro.

Publicado en Las Provincias


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