La temporada taurina encara su recta final mientras se sigue hablando de las estrategias de la campaña del genio cigarrero.
Por Álvaro Rodríguez del Moral.
Esta atalaya taurina echó el ancha en las costas almerienses para despedir agosto y tomarle el pulso a las corridas de la feria de la Virgen del Mar. El histórico coso de la avenida de Vilches estrenaba empresa dejando atrás la breve etapa de gestión de Lances de Futuro y, sobre todo, la larguísima hegemonía de la casa Chopera que, con sus luces y sus sombras, otorgó carácter al ciclo almeriense en aquellos años pujantes que se envolvían en los mantones que tímidamente vuelven a los antepechos de sus palcos.
La familia Matilla, apoyada in situ por el diestro retirado José Olivencia, había armado un serial ajustado a la demanda almeriense sin salirse de sus claves habituales: toreros de la casa o bendecidos por el sistema, la estrella de Morante -cabeza de un cartel de campanillas- y el innegable poder taquillero de Roca Rey que -esta vez, también en Bilbao- ganó la mano al cigarrero en la convocatoria de público.
Los hermanos García Jiménez y el trabajo de campo de Olivencia lograron lo que parecía más difícil: devolver el pulso humano a la plaza, recuperar el tono social, captar la onda expansiva de la juventud taurina… Ésa es la verdad; el objetivo más complejo se había cumplido. Las taquillas habían tenido trabajo…
A partir de ahí resulta incomprensible que la empresa no apostara por un mínimo de excelencia en el campo por más que los hierros anunciados aparentaran garantías. Los sucesivos bailes de corrales y remiendos acabaron arrojando un auténtico saldo ganadero lastrado por una presentación escandalosa para una plaza de segunda y en trance de recuperación.
La bondad del público almeriense, que siempre está por agradar, primó siempre lo positivo. Y en la feria, a pesar de todo, se vieron cosas. Pegó primero Daniel Luque, que sigue intratable mientras espera salir de la trinchera para la ofensiva definitiva; siguió Juan Ortega, original e inspirado con el mejor toro de los Matilla. La cosa se iba a redondear en el tercer y último festejo, a plaza llena. Roca Rey tiró de galones en una irreprochable y apabullante actuación saldada con cuatro orejones que rozó un inapropiado indulto. Toca sacar conclusiones…
Pero no podemos concluir el recuerdo de esos días felices en Almería sin subrayar el trabajo, la dedicación y la vocación del Foro 3 Taurinos 3 que los hicieron posible. El equipo de trabajo que lidera Juan Aguilera -infatigable presidente del Foro- pone en pie cada año un ciclo formativo y taurino que anima los previos de cada festejo y alimenta la oferta cultural de una de las ciudades más amables y acogedoras de España. Las altas autoridades de nuestra comunidad deberían tenerlos en cuenta para devolverles -en forma de premio- la dedicación y la afición que derrochan. Ahora todos reman a favor de corriente. Pero no siempre ha sido así…
En la recta final…
A partir de aquí, a punto de estrenar el mes de septiembre, empezamos a otear la otra orilla de la temporada. La campaña está a punto de encarar los dulces meandros del confín del verano en las ferias de la vendimia. Pero hay una cita, fuera de ese gran circuito, que saldrá al paso en pocos días. La plaza de la Real Maestranza de Ronda volverá a abrir sus puertas después de dos largos años de clausura forzados por las obras de rehabilitación que han reforzado sus bicentenarias arcadas neoclásicas.
Morante, Manzanares y Ortega -con el prólogo ecuestre de Diego Ventura- recuperarán el hilo histórico de la Goyesca por antonomasia, una corrida imbuida del espíritu de Antonio Ordóñez que ha sabido mantener su nieto Francisco otorgándole su propia impronta social y personal. Esa cita rondeña -le daremos una amplísima cobertura previa y posterior- había sido uno de las metas que animaron la peculiar reaparición de Morante junto a la oferta de Garzón por vertebrar el abono de su estreno empresarial en el coso del Baratillo.
La extensa e intensa temporada de Morante
Luego llegaron, en una catarata de peticiones, el resto de plazas que ha ido pisando y aún tiene que pisar el genio cigarrero sin abdicar de su altísimo compromiso ante las reses que se ha cobrado varios percances entre la dolorosa cornada de Sevilla y la durísima voltereta de Málaga.
Esa sobreexposición, ante el toro y el público, empieza a cobrarse alguna factura. Hay algunos -e injustos- conatos de impaciencia en según qué plazas a la vez que se aviva el debate sobre la estrategia de una campaña que se antoja agotadora.
Es verdad: Morante no ha renunciado a torear en casi ninguna plaza por más que se haya caído circunstancialmente de algunos compromisos a contrapelo como el del coso de Illumbe en San Sebastián o en la segunda cita de Cuenca, doblemente dolido por los golpes de Málaga y los gritos destemplados en la primera de las dos citas apalabradas con Maximino Pérez.
A partir de ahí su sombre sigue alumbrando carteles y en Sevilla le esperamos por San Miguel. La cita de Madrid, el próximo 12 de octubre, no será la última. El diestro de La Puebla -fiel al compromiso adquirido con Ramón Valencia a comienzos de campaña- estará en la feria del Pilar de Zaragoza, posiblemente haciendo otro doblete. Es segura su presencia y su decidido impulso en la corrida organizada en homenaje al doctor Val Carreres -le atendió, por cierto, después del castañazo de Málaga- y ya se habla de alguna conversación para que el genio esté presente en Jaén por San Lucas con el mes de octubre ya doblado y el otoño dorando las copas de los árboles. Pues ya veremos…
Publicado en El Diario de Sevilla





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