Por Lucas Pérez.
La tercera de la Feria de los Remedios, la tarde llamada a ser la estrella del ciclo, terminó convertida en una sucesión de intentos en vano. El cartel había levantado expectación: reaparecía el triunfador de San Isidro, Alejandro Talavantedespués de causar baja el día anterior en Alcalá de Henares; regresaba Juan Ortega, triunfador de la pasada feria, y completaba la terna Pablo Aguado, otro de los toreros que entienden el toreo desde el gusto y la expresión. Pero todo ese atractivo se fue diluyendo a medida que avanzó una corrida de Núñez del Cuvillo que tuvo nobleza, sí, pero a la que le faltó lo imprescindible para sostener una tarde de esta categoría: emoción, transmisión y entrega en sus embestidas.
Fue una corrida bonita de hechuras y con buenas intenciones en el comportamiento, pero demasiado sosa y sin poder. Y frente a ellos la terna lo intentó, puso todo de su parte, pero ni el temple de los toreros artistas fue suficiente esta vez.
Talavante se encontró de salida con un bonito colorado que desarrolló nobleza, aunque se abría mucho en su embestida. Esa condición terminó descolocando al extremeño en numerosos muletazos, muchos de ellos despegados por la propia condición del animal. La faena no terminó de calar y tampoco ayudó el uso de los aceros, con los que terminó por atascarse.
El cuarto mantuvo la tónica de la corrida. Noble, pero sin casta ni transmisión, provocó el tedio de los tendidos. Talavante trató de espolear los ánimos, de buscar alguna grieta por la que hacer aparecer la emoción que el toro no llevaba dentro, pero su empeño cayó en saco roto.

Antes, Juan Ortega había dejado ya algunas de las imágenes más toreras de la tarde. Recibió a su primero con un farol de rodillas y toreó después con gusto y cadencia antes de regalar un extraordinario quite por delantales. El inicio de faena, agarrado a tablas, tuvo mucha torería. Aguantó un parón para, con una serenidad extraordinaria, sacarlo hacia el tercio. Allí surgieron muletazos de esos que llevan su sello: templados, lentos, ejecutados a cámara lenta y con una naturalidad que no necesita adornos. Pero tampoco había fondo suficiente enfrente. El de Cuvillo tuvo nobleza y permitió el toreo, pero su falta de emoción impidió que aquello alcanzara la redondez que pedía una tarde como esta.

Ortega volvió a intentarlo con su segundo, un precioso castaño que llegó a la muleta con suavidad, aunque sin humillar. Comenzó muy torero, con muletazos por bajo y ayudados antes de ponerse en redondo, toreando a la altura que el animal permitía, sin exigirle por abajo. El temple del sevillano volvió a aparecer con nitidez. Sonó incluso la música, pero el toro se vino abajo y con él se apagó también la faena.
Pablo Aguado quedó prácticamente inédito con el tercero, un ejemplar que embistió sin entrega ni codicia. El sevillano intentó ordenar las embestidas, pero el toro apenas le permitió desarrollar su concepto.
El sexto hizo albergar en la afición alguna esperanza. Tuvo algo más de fondo y Aguado supo llevarlo muy toreado, con la figura vertical y ese aire de naturalidad que caracteriza su tauromaquia. Hubo mayor contenido por el pitón derecho, molinetes muy toreros y muletazos de buen trazo, siempre tratando ritmo a una embestida que tampoco regalaba demasiado.
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Ahí estuvo el único conato real de premio de toda la tarde. Pero a la hora de matar, el toro perdió pie y la espada se le fue el sótano y se enfrió definitivamente cualquier posibilidad de trofeo.
Plaza de toros de La Corredera. Lunes, 31 de agosto de 2026. Tercera de feria. Más de media entrada. Toros de Núñez del Cuvillo, bonitos de hechuras, nobles pero descastados y sin transmisión; el 6 tuvo algo más de duración y fondo.
Alejandro Talavante, de azul pavo y oro. Pinchazo, estocada atravesada y dos descabellos (silencio). En el cuarto, estocada baja y atravesada (silencio).
Juan Ortega, de buganvilla y oro. Cuatro pinchazos y estocada (silencio). En el quinto estocada corta y dos descabellos (ovación).
Pablo Aguado, de maquillaje y oro. Pinchazo y estocada corta (silencio). En el sexto, estocada en los bajos (palmas).
Publicado en El Mundo





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