El caso pionero e innovador de la Diputación Provincial de Málaga y el alquiler ‘gratis’ de la plaza de toros.

Borja Ortiz, responsable de asuntos taurinos: “No debemos recibir una compensación económica por potenciar la tauromaquia; nuestro compromiso es que se celebren los mejores espectáculos”

Por Antonio Lorca.

“El político debe apostar por los toros porque es su obligación legal; la tauromaquia no debería depender de gustos ni de siglas. Punto final”.

Así de concluyente se expresa Borja Ortiz, 38 años, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento malagueño de Rincón de la Victoria y director de la Unidad de Asuntos Taurinos de la Diputación Provincial.

Y añade: “Nosotros no debemos recibir una compensación económica por potenciar los toros, del mismo modo que no la recibimos cuando se celebra en Málaga la Copa David o cualquier otro espectáculo; al contrario, cuesta dinero. Nuestro objetivo no debe ser buscar una rentabilidad monetaria, sino trabajar para que en esta provincia se celebren los mejores festejos”.

Las palabras de Ortiz están relacionadas con la decisión del organismo provincial, propietario de la plaza de toros de La Malagueta, de establecer un canon cero en el pliego (contrato) que contiene las condiciones para que una empresa gestione la temporada taurina. En este caso, el concurso lo ha ganado Tauroemoción, dirigida por el taurino Alberto García, que durante los próximos cinco años no pagará cantidad alguna a la Diputación, aunque sí deberá contribuir al mantenimiento de las escuelas taurinas de la provincia.

Sin duda alguna, esta es una iniciativa pionera e innovadora sobre la gestión de las plazas de toros de propiedad pública y que, en el caso de Málaga, se explica, en palabras de Ortiz, porque en 2025 se mantenían los mismos precios de las entradas que en 2006, cuando sí se pagaba un canon que ascendía a 500.000 euros. El precio del alquiler se ha ido reduciendo en cada nuevo pliego para mantener el de las entradas hasta que llegó un momento en que la subida del coste de la vida obligó a buscar una alternativa.

“Nos planteamos entonces la obviedad de subir los precios de las entradas a tenor de que los costes habían aumentado un 30 por ciento en los últimos cinco años”, prosigue Ortiz; “y entonces se nos ocurrió copiar en parte el modelo del pliego de Las Ventas: liberar el precio de las localidades sueltas a cambio de que no sufriera el abonado, para lo cual se reducía a cero el canon al empresario, quien solo está obligado a una colaboración con las escuelas taurinas”

A juicio del responsable taurino de la Diputación de Málaga, presidida por el popular Francisco Salado, esta iniciativa permite mantener y acrecentar el vínculo con los abonados, que se anuncien carteles más atractivos, y que el espectador ocasional que quiera asistir a un cartel de lujo lo pague a su precio real.

Pero este escenario forma parte, según el propio Ortiz, del tradicional compromiso de la institución provincial malagueña con la fiesta de los toros, ya existente antes de la mayoría absoluta del Partido Popular, lograda en mayo de 2023.

“Desde entonces, la apuesta por la fiesta de los toros se ha acrecentado una barbaridad, y prueba de ello es la inversión de 5,3 millones de euros que se llevó a cabo en 2018 en las obras de rehabilitación del coso”, remarca con orgullo el responsable taurino.

Y añade, además, dos objetivos que considera fundamentales en el programa de la actual corporación: convertir La Malagueta en un espacio cultural con vida propia durante todo el año y elevar el prestigio de la plaza acorde con su categoría de primera.

En primer lugar, destaca la creación del Centro de Experiencias Inmersivas de la Tauromaquia (CEIT), “el primero de estas características en el mundo”, afirma Borja Ortiz, “en el que se le da una vuelta de tuerca a una visita turística y se enseña el toro de una forma completamente distinta”.

“Con el uso de las nuevas tecnologías de videos, juegos y la inteligencia artificial”, continua, “se muestra la plaza con experiencias sensoriales, olfativas, sonoras y visuales con la intención de educar al visitante sobre el mundo del toro y que pueda hacerse una idea sobre lo que es una corrida en este ruedo”.

El CEIT se inauguró en 2025 y ya contó con casi 80.000 visitas, y este año espera superar las 100.000. “El 95 por ciento de los que acuden son extranjeros”, aclara Ortiz, “pero un aficionado español queda igual de impresionado o más”.

Sobre el prestigio de La Malagueta en el conjunto nacional, reconoce que es un criterio más subjetivo, pero Borja Ortiz parece tenerlo claro.

“Cada plaza es distinta y tiene sus particularidades, y no podemos compararnos con Sevilla o Madrid. Llevamos 20 años buscando el toro de Málaga, y parece que lo hemos encontrado de acuerdo con los criterios de los equipos gubernativos; se ha conseguido que los toreros vengan con más alegría, y que el toro sea menos exigente pero que se mueva más, de modo que haya más resultados artísticos justos sin caer en el populismo”.

Admite, no obstante, que Málaga es una plaza torerista. “Y no podemos dejar de serlo ni pretender otro concepto, pero creo que la afición ha ganado en respeto y exigencia, y la categoría de la plaza se está reconociendo desde hace unos pocos años, teniendo en cuenta que este es un camino largo y lento. A ello se une que Málaga es una ciudad en alza, y no dejo de reconocer que la decadencia de otras ferias importantes facilita que seamos el punto de referencia del agosto taurino. Por todo ello, puedo afirmar que Málaga es hoy la tercera plaza de España”.

Ortiz recuerda finalmente que La Malagueta está celebrando en 2026 sus primeros 150 años desde que fuera inaugurada el 11 de junio de 1876 por los diestros Manuel Domínguez Desperdicios, Antonio Carmona El Gordito y Rafael Molina Lagartijo, que lidiaron reses de Murube.

“Por aquí han pasado los mejores desde ese primer día, las mejores ganaderías, los mejores toreros, y grandes corridas”, finaliza Ortiz, “entre las que yo destacaría como la más importante el mano a mano que el 14 de agosto de 1959 protagonizaron Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, y que con tanta pasión reflejó el escritor Ernest Hemingway en su libro El verano peligroso”.

Publicado en El País


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