Por Aaron C. Solorzano.
A la edad de 83 años, víctima de una neumonía, ha fallecido hace unos días en la ciudad de Monterrey Antonio Franco Padilla, mejor conocido en el mundo taurino como “El Tableado“. Su nombre quedará grabado en la memoria de muchos aficionados por haber sido el inseparable cómplice, veedor y mozo de espadas del maestro Eloy Cavazos.
Nacido en Guadalajara, Jalisco, el 2 de marzo de 1943, Antonio Franco sintió desde joven el llamado irresistible de la fiesta brava. Sus primeros pasos en el mundo de los toros se dieron de forma activa cuando probó fortuna como novillero, llegando a torear dos tardes memorables en la Monumental Plaza de Toros México, donde debutó el 10 de agosto de 1969 alternando con Miguel Ángel Núñez y Alfredo Alonso, con un encierro de La Punta.
Sin embargo, el destino tenía preparado para él un papel estelar fuera de los reflectores, convirtiéndose en un baluarte indispensable de la trastienda taurina.
El encuentro con Eloy Cavazos y los momentos brillantes
La vida de Antonio Franco dio un giro definitivo al entrelazar su camino con el del legendario matador Eloy Cavazos. Más que un mozo de espadas o un veedor de toros en el campo, “El Tableado” se consolidó como un hombre de máxima confianza del regiomontano. Era su sombra, su consejero y el guardián de su seguridad y herramientas en cada tarde de triunfo.
A lado de Eloy Cavazos vivió grandes momentos de la época dorada del torero de Monterrey. Recorrieron juntos las principales plazas de México y España, formando una mancuerna inquebrantable donde la complicidad y la lectura precisa del toro desde el callejón y el campo garantizaban el éxito. Para Cavazos, Franco era mucho más que un colaborador; fue un pilar fundamental en su carrera y un compañero por más de 45 años.
El último tercio
En los últimos días, su salud se vio mermada por una neumonía que finalmente terminó por apagar su vida en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, dejando un vacío entre los profesionales del toro y la afición local que reconoció siempre su calidad humana y su profesionalismo.
Publicado en La Jornada de Morelos.





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