Calita y Arturo Gilio cortan una oreja en Pachuca ante un deslucido encierro de Galindo.

Román se marchó sin trofeos en una tarde marcada por la falta de fuerza y bravura del ganado. La cuarta corrida de la Feria de San Francisco dejó más voluntad de los toreros que opciones de triunfo en la Monumental Vicente Segura.

La cuarta corrida de la Feria de San Francisco Pachuca 2026 estuvo condicionada por el decepcionante comportamiento de los toros de la ganadería Galindo, cuyo debut en la Monumental Vicente Segura dejó un balance desfavorable. En una tarde fría y ante una entrada aproximada de media plaza, los mexicanos Ernesto Javier «Calita» y Arturo Gilio consiguieron cortar una oreja cada uno, mientras que el español Román se marchó sin trofeos después de enfrentarse a un lote prácticamente imposible.

La corrida estuvo lejos de alcanzar el nivel esperado. La falta de fuerza, las constantes caídas y la escasa transmisión de los ejemplares de Galindo impidieron que el festejo adquiriera continuidad artística. Los tres espadas tuvieron que recurrir a sus recursos técnicos y a una considerable dosis de paciencia para intentar construir faenas ante animales que, en términos generales, ofrecieron pocas posibilidades.

Calita abrió plaza con un toro de escaso recorrido y pocas condiciones para el lucimiento. El matador mexicano intentó encontrarle las distancias y aprovechar las contadas embestidas, pero la falta de respuesta del ejemplar terminó por limitar su actuación. Tampoco estuvo acertado con la espada y escuchó un aviso.

La situación se complicó todavía más con su segundo, un animal que inicialmente mostró algunas posibilidades, pero que fue perdiendo fuerza conforme avanzaba la lidia hasta desplomarse durante el último tercio, sin conseguir reincorporarse. Ante el negro panorama, Calita optó por obsequiar un séptimo toro.

El ejemplar de regalo, de nombre Orgullo, perteneciente a la ganadería de El Salitrillo, permitió al torero desarrollar una labor de mayor contenido. Aunque tampoco estuvo sobrado de fuerzas, el animal ofreció mejores posibilidades y Calita consiguió estructurar una faena basada en el oficio, la paciencia y la disposición. Después de un pinchazo y una estocada, el público solicitó el trofeo y el matador paseó una oreja que recompensó su perseverancia.

Arturo Gilio fue otro de los protagonistas de la tarde. El lagunero recibió de rodillas a su primero, Legado, que resultó ser uno de los ejemplares más potables del encierro. El joven matador mostró decisión desde los primeros compases y consiguió momentos estimables con la muleta, particularmente por el derecho.

Sin embargo, su actuación perdió fuerza en el momento de la suerte suprema. Dos pinchazos y la utilización del descabello impidieron que su labor tuviera recompensa en el palco.

Con su segundo, Parisino, volvió a encontrarse con un toro de limitadas condiciones físicas, que perdió las manos en distintos momentos de la lidia. Gilio insistió en mantenerlo en pie y extraer los pocos muletazos posibles, hasta culminar su actuación con una estocada efectiva. La petición del público encontró respuesta en la presidencia, que concedió una oreja, aunque el premio fue protestado por un sector del tendido.

Por su parte, Román llegó a Pachuca precedido por su reciente triunfo en Las Ventas de Madrid, pero encontró un panorama muy distinto al vivido en la primera plaza del mundo. Ante la falta de casta de su lote, el valenciano mostró disposición y recursos, aunque ninguno de sus dos toros permitió desarrollar una faena de verdadero relieve.

Su primero, Mi Gusto Es, acusó una evidente debilidad y sufrió varias caídas que interrumpieron constantemente su lidia. El español intentó conseguir algo, pero las condiciones del animal terminaron por imponerse.

Decepción ganadera.

La historia se repitió con Escándalo, otro ejemplar deslucido que tampoco ofreció continuidad ni transmisión. Román hizo cuanto estuvo a su alcance, pero terminó por despachar a su oponente sin posibilidad de redondear una actuación destacada.

El capítulo ganadero fue, sin duda, el aspecto más preocupante del festejo. Galindo, divisa procedente de San Juan del Río, Querétaro, afrontaba su presentación en Pachuca con la oportunidad de demostrar el trabajo realizado en los últimos años por sus propietarios, pero sus ejemplares estuvieron lejos de responder a las exigencias de una corrida de esta categoría.

La falta de fortaleza y el escaso juego de los toros no solamente perjudicaron las posibilidades de los matadores, sino que también privaron al público de presenciar un espectáculo de mayor calidad.

Al final, las orejas obtenidas por Calita y Arturo Gilio representaron los únicos trofeos de una corrida que tuvo más voluntad que resultados artísticos. Román, por su parte, quedó prácticamente inédito ante un lote que no le permitió mostrar las cualidades que recientemente lo llevaron al triunfo en Madrid.

No pasa por un buen momento el campo mexicano, ojala que conformen pasen las semanas, veamos encierros más encastados que sirvan emocionar al tendido, porque de no ser así, será nuevamente un invierno muy largo.


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