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Bregando: ¿Por qué los jueces actuarán de esa forma?


Joselito Adame, sin pretenderlo, mostró por qué son tan solicitados los animales de Teófilo Gómez.

Por Jaime Oaxaca.

En la primera corrida del serial, hace un par de semanas, Adame cayó a la arena frente a uno de Teófilo Gómez; aquella vez el cornúpeta fue incapaz de ir por él, simplemente lo miró, lo ignoró, el torito no sabía que su cornamenta, aunque pequeña, sirve para herir. El pasado domingo, en la tercera, el propio Adame cayó en la cara de un Barralva, éste hizo por el torero infiriéndole un par de rayones y una revolcada; de milagro se salvó de un percance serio.

La sosería, el descaste, la mansedumbre, la bobería, son propiedades, que buscan las figuras extranjeras de algunas dehesas mexicanas. No quieren bravura, por tal motivo son tan solicitadas y exigidas, por El Juli, Ponce, Castella, Morante, por mencionar algunos. Los animales de esas ganaderías no son más baratas porque carecen de bravura. Al contrario. Hay tal demanda que son de las más costosas.

Los aficionados pensantes saben que los diestros con la aureola de poderosos e importantes exigen los toros debiluchos y bobos que se crían en ciertas ganaderías de este país. Los empresarios no hacen valer su dinero, en lugar de poner las condiciones aceptan que se las impongan.

Para el domingo pasado Enrique Ponce optó por las dehesas de Teófilo Gómez y Julio Delgado, así lo anunciaron cuando se dieron a conocer los carteles. Ni Adame ni El Payo, sus alternantes, pueden imponerle toros al divo valenciano ni a ninguna de las figuras fuereñas, nuestros paisanos aprovechan el viaje y se cobijan a la vera de los divos extranjeros.

Sin explicación alguna se cambiaron los de Julio Delgado por Barralva del encaste mexicano, todo indica que la empresa decidió cambiar los Julios porque estaban muy chicos.

Los desacreditados teofilitos, siguieron fijos en el cartel. Ni modo que no.

Enrique Ponce anunció que cedería los honorarios de ese festejo a los damnificados del terremoto de septiembre pasado, sus seguidores le aplaudieron y lo vieron como un acto de generosidad. Hay quien considera que fue un desplante con más marketing que caridad. Sólo el diestro español sabe por qué lo hizo público. Evidentemente es de agradecerle la donación, aunque absolutamente nada tiene que ver con lo que sucede en el ruedo.

Para el mencionado festejo, las pifias de las autoridades de plaza iniciaron desde que aceptaron bureles sin el trapío suficiente para la plaza más grande del mundo para el diestro más importante del mundo. Así le dicen a Ponce.

Innegable que el valenciano es una figura con sello propio, le saca partido a casi todos los toros. En México torea a medio gas con un dominio a veces insultante porque los toros le exigen poco. Si dice que quiere a México, por qué no se da el gusto de demostrar en el ruedo su poderío.

Los abusos de Enrique Ponce no son de apenas. No se olvida aquella corrida de aniversario en que salió un torito castaño de la dehesa de Julio Delgado, un reserva que ni siquiera estaba entorilado en lugar de un Reyes Huerta. Para justificar al valenciano la empresa, en ese entonces de Rafael Herrerías, le echó la culpa a un torilero.

El domingo pasado regaló un toro, por supuesto un Teófilo, Ponce realizó una faena que entusiasmó. Muchos de los que le jalearon los muletazos parecen parte de un público que no le interesa ver el comportamiento de la res. No se percató que iba con la carita a media altura, soseando, sin que provocara la emoción propia del peligro de un toro de lidia. Si alguien le echara el toro a Ponce para que ejecutara toreo de salón, posiblemente entusiasmaría a la mayoría de los que le vitorearon.

La tarde la remató usía, petardeó al soltar los premios. Es frecuente la benevolencia de la mayoría de los jueces de plaza.

Increíble que con un pinchazo le suelte la oreja al Payo. Inconcebible que a pesar de un bajonazo le suelte las dos orejas a Ponce. Absurdo que al toro de regalo que huyó del caballo al sentir la puya y que embistió sin emotividad, ni mucho menos bravura, le concediera arrastre lento.

¿Por qué los jueces actuarán de esa forma?

Publicado en El Popular 

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