Radar Taurino – La Sangre Fraterna. Luis Mariscal Vuelve a la Vida.

Salvador Cortes y Luis Mariscal

Por: “Puntillero”

Signo de vida o muerte es observar la vida que se escapa al teñir seda y arena con los borbotones de rubíes de Rafael Alberti.

La corrida es riesgo. Cuando en la arena se esparce el rubí de la sangre, las piedras pierden su dureza, las deshace el caudal incontenible que abandona a quien contempla entre la terrible ansiedad de la impotencia.

Si a la arena cae un torero con los muslos partidos, los ojos de sus alternantes ya sean de oro de plata, e incluso de los auxiliares de arena o de puertas, pierden su brillo, sufren su dolor y se empapan de angustia con la sangre ajena. Ya no hablemos de los aficionados.

Pero si el héroe caído no solo es un compañero sino un hermano de luces vestido el que se mantiene con los muslos intactos siente perder tanta sangre como la que pierde el herido. Dolor que no desahoga, como el de Paco Camino cuando en Barcelona su hermano Joaquín pagó con la vida ser su banderillero o el de la dinastía Freg el día en que en Madrid murió el más pequeño de sus toreros, Miguel. Por supuesto, Sánchez Mejías en Talavera de la Reina, con la cabeza de Gallito en la enfermería o los hermanos Espinosa cuando “Despertador” de Zotoluca partió la pierna del Maestro Fermín “Armillita”.

Agosto, trágico para los toreros al incluir varias de las peores efemérides de la Fiesta Taurina, no ha querido en su edición 2010, lastimosamente, quedarse atrás respecto del resto de los ensangrentados meses de un año de amapolas rojas. Este Agosto ha visto la peor cornada de uno de los más terribles y crudos años que en este malparido rubro se recuerde

 Y esa sensación fraterna a la que referimos, fue la que Salvador Cortés vivió al ver que su hermano Luis Mariscal, matador de toros también y hoy banderillero de su cuadrilla, caía al albero luego de ser herido por las astas de un toro bajo el color casi arterial de los bronces de La Maestranza.

El toreo es así de duro, la vida es igualmente dura. Nos toca sufrir por los caídos y, a pesar de eso, hay que seguir, dar la cara y con ello revestir de mayor dignidad las corridas de toros. Los toros, contrario a lo que se piensen salen a eso, a dar cornadas. Sin ello no tendrían grandeza. Misma que mostró Cortés al tragar y dar muerte al toro de Peñajara.

Era para volverse loco, Salvador superó el trago saliendo al toro y después a lo demás. La sangre derramada, de la que somos contrarios, reivindica la Fiesta como el centro de la actitud vital del rito taurino. Revalora la prevalencia de la vida sobre la muerte, pues en la corrida, como tendría que ser en la vida, la muerte no se ignora o soslaya, se enfrenta.

Y se confronta no solo el instinto de conservación sino los sentimientos humanos, fraternos en este caso, con la investidura de la torería.

La afirmación vital del toreo encuentra su punto culminante del año en Agosto, con las corridas más serias, con el mayor número de festejos, el calor álgido y el toro entero ya con 5 hierbas. Claro, la corrida de toros, el encuentro entre el toro y el hombre es una lucha entre iguales, una situación pari passu, que contemplamos, al menos yo, asombrados por que aflora la fortaleza mental de los seres humanos.

Lo de los hermanos sevillanos, es y merece todo un respeto.

Twitter: @CaballoNegroII

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