Radar Taurino: La Noche de Antenoche

Diego Ventura: En el Ojo del Huracan.

Por Puntillero

Pasada la euforia y pasado un día de resaca taurina entre el Aniversario y el festejo de lunes volvemos a la Plaza México para cerrar la jornada de Aniversario de 2011. Festejo que vuelve a confrontar la actualidad taurina de ultramar y la realidad, mala o no, mexicana tanto de toros como toreros.

Sabemos bien de que en México nuestras fiestas pueden durar días. En México “Mi casa es tu casa” las fiestas pueden durar, cuando son buenas, varios días. ¿Por qué no? Y tal es la razón por la cual la Monumental despide este fin de semana de Aniversario con otra corrida de toros tras el contrastante y contradictorio cinco de febrero.

Un nuevo capítulo que parece renovar nuestra ilusión al ver anunciados dos hierros que al menos en antecedente parecen estar en aptitud de ofrecer un mejor espectáculo por cuanto a ganadería se refiere. Vuelve Reyes Huerta, un puñado de años después, y Barralva reitera que tanto monta para el compromiso torerista como para los deberes con el toro verdadero, lo mismo con su línea española o su afán mexicano, vía San Mateo.

Pero la realidad es que lo que “pasa en un Aniversario en La México se queda registrado en la historia” y ahora, con redes sociales y demás artefactos, es difícil cambiar el ambiente de un día para otro. Así que, a fin de que esta celebración no sea como uno de esos bailes en donde se empieza descorchando la champaña y acaba uno bailando con la más fea, será necesario que Reyes Huerta nos haga sentir la bravura y lo que ha hecho grande tal ganadería.

Simplemente, recordamos el par de torazos que lidió Fermín Bohórquez en 2002, el segundo, que lo derribó al templarle por un resbalón inoportuno. Ese cárdeno careto de gran bravura y que ha sido el último gran toro de Reyes Huerta lidiado en La México, pues la despedida de Manuel Caballero, en bravura, no representó el nivel de antaño. Por fin Diego Ventura apuesta por algo más real al toro mexicano. Claro, ese toro que le exigirá la velocidad adecuada, la hermandad de ritmo y colocación entre cabalgadura y astado, en nuevo encuentro entre enemigos ancestrales, bos y equus que habrá de realizarse acorde al marco y al tempo que este exige. Despacio, que las carreras son en Sotelo, el arte en Mixcoac. Y ha de ser hoy, porque Pablo Hermoso acecha ya la capital, con el riesgo que ello conlleva para Ventura pinchar de nuevo el triunfo.

Y como es Mixcoac es para los toreros, Miguel Ángel Perera toma el turno. ¿Cómo habrá de salir el extremeño si no es arreando? El ha captado el mensaje de la despaciosidad y por ello “quitó la pena” de la rapidez con la salida de “Quita Penas” de Campo Real. Ahora solo esperamos nos quite la pena de ver (y juzgar) de nuevo a las figuras con toros que se discuten o que nos bajan las pulsaciones de la emoción torera. Tiene Perera el tanto en la mano, la responsabilidad grande frente al tendido numerado a reventar, espero en Dios, no lamentarnos mañana de lo que puede hacerse hoy. Un toro con cara no es mucho pedir.

Cierra la jornada de aniversario Perera tras el paso triunfal de “El Juli” Ponce y Castella, cerrar el debate implica pronunciarse con fuerza y dureza. El día es hoy, el foro La México, sus armas el mando, el valor y desde esta Temporada, el temple.

El lado mexicano nos muestra el Crepúsculo de “El Payo” y la Aurora (posible) de Arturo Saldívar. El de Querétaro, agobiado y abatido, tiene la cuarta oportunidad de levantar el vuelo y de tirar al abismo dudas y presiones. El toro, y solo el toro debe ser el dueño de los toreros. Las marismas cantadoras no pueden sujetar y abatir a los toreros que solo deben tener como dueña la fiera bicornuda. No hablemos más del tema, ni siquiera del cambio de apoderados. La mano izquierda del torero tiene una tarea, templar al correr la mano, no los pies, y tocar con firmeza abajo en la suerte suprema. Nuevo voto de confianza al rubio espada, nueva esperanza y otra vez de cara al gran público esperando que La México sea hoy la que le dé, no la que le quite.

El posible alumbramiento de Arturo Saldívar se alienta tras sus tardes en Guadalajara, León y claro está, La México, con triunfo de dos orejas. Hoy, con la línea mexicana de Barralva, con el favor del público tiene que sentirse torero, olvidar las prisas y además recordar que el torero no es academia, pues recordando a Alameda, hay que dejar la escuela tal como al primer amor a fin de  que no nos pese toda la vida. A la escuela vamos para salir de ella y a su salida no somos un producto terminado, sino apenas preparado para enfrentar el camino, estoy seguro que Arturo, tras escuchar su voz en entrevista ayer, tiene la ilusión a tope y ello ya cuenta.

Finalmente, después de la noche de ante noche, la resaca y el acostumbrado cáncer de la reventa, volvemos a la Monumental con la ilusión que la torería triunfe sobre la vanidad, con el toro por delante y en consecuencia, por fin podamos colocar un ramo de rosas invernales, de los caros claro, en el basamento y los cimientos históricos de nuestra Plaza, creo que de sobra lo merece.

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