De Rivera y Agüero – Eleva Fermín Rivera, Replica Mario Aguilar en La México.

Así, sobre la izquierda, bordó el Toreo en La México Fermín Rivera. Foto: Jorge Prado.

Cuando una corrida, por las razones que hayan sido, falla al borde de marcar un estrepitoso fracaso, queda siempre la proveeduría del arte del toreo que rescata de la quema un encierro de Villa Carmela que a punto estuvo de echar a perder por falta de fuerza una tarde que remata en ilusionante noche elevada por el arte y la entrega, respectivamente, de dos toreros mexicanos. 

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Fotos: Jorge Prado.

Será que por fin La México no tiene necesidad de echar mano del toro de regalo y apela al orden natural de la Fiesta. Esto es, en buena medida, gracias a la posibilidad de ver la combinación de una ganadería para no protegidos sino un cartel auténticamente joven.

Para el caza-cartelismo dice poco. Para el buen aficionado implica el interés de ver, ahora como matadores de toros, a los dos toreros que como novilleros realizaron las dos mejores faenas en La México la década pasada – Rivera y Aguilar– más la novedad peninsular que entraña la sevillanía de Daniel Luque. Menos mal hay en momentos en La México de ambiente netamente taurino.

Por eso viene perfecto el aire que con su capote otorga Fermín Rivera al negro, compacto, berreón y enmorrillado toro que abre plaza pese al exceso de tela de los banderilleros. Quejidos todo el tiempo, vueltas contrarias y flojedad no impiden que el potosino luzca despacioso y sereno en la chicuelina revestida de calma y sosiego pese a lo corto de la arrancada y el tranco que en nada mejora tras banderillas.

El toro se desplaza con suma dificultad, Fermín avanza a los medios alternando y luciendo por templado e inteligente. Comienza en pleno centro del anillo aliviando al principio sin agobiar para luego llevar largo en derechazos que gustan por la clase y la ligazón. Rompe al frente con suavidad en nueva tanda pero en un primer intento con la izquierda, con el viento molestando, la vista del toro hacia el toril y dispuesto a herir, casi provoca en su arrancada desaguisado que rompe solo taleguilla para que venga el ajuste de Rivera al volver a tomar la muleta con la derecha.

Al quite, Rivera por chicuelinas al primero de la tarde.

Sin amilanarse o desconcentrarse, vuelve el primer espada a aplicar el cite a la distancia exacta y a la altura justa.

Encuentra la arrancada y el trazo sin estorbar, siempre muy seguro de si mismo. Con cintura torera y corriendo la mano, Fermín emociona y se impone a un manso que en los remates vuelve contrario por abajo. Extiende el derechazo y luce en los medios pases finales. Pese a estocada defectuosa, Rivera es ovacionado en el tercio, aclamación que recibe igual que como ha toreado: con seriedad e irrenunciable torería.

El segundo es formulario de un examen de peculiaridades sobre pintas y cornamentas. A lo veleto y astifino sumemos lo enmorrillado. A lo cárdeno, casi berrendo, agreguemos lo coletero y rabicano, lo careto y calcetero que nos recuerda que la gama de adjetivaciones, encadenas adecuadamente, podrían en su totalidad dar nacimiento a uno de los poemas más bellos y más entregados de la lengua castellana, como bien Santiago Amón decía.

Ese verso es el que intenta Luque bordar desde su recibo inteligente con el capote. Luce en el lance a pies juntos y los recortes pero el toro da muestras de que la clase le falta. El sevillano se entusiasma con el brindis a la generalidad y los primeros derechazos. El toro protesta y se revuelve. Daniel Luque gana y vence llevando largo e imponiéndose, pero someter implica que el hermoso y serio burel vaya a menos.

La cosa se pone peor con la desafortunada forma de dar muerte. Todo queda en discretas palmas.

En el quinto todo sería desacompasado, principalmente por lo informal y violento del toro, así como lo apurado de Luque al que gana la muina y la frustración. Otro día será.

A Mario Aguilar se le aguarda, él responde en su saludo con el percal. Pero el tercero protesta, le sale lo descastado y a Aguilar le cuesta prenderle al frente y en el lugar exacto. A veces acude, otras le sorprende y no pasa de algún derechazo suelto y, como mata mal, la cosa queda en indiferencia.

El cuarto, alto y vuelto, fino de hechuras se llama “Don Juan” y hace cosas distintas de salida como salir de frente y acudir a los engaños. Rivera se hace de su embestida genuflexo con pertinencia, breve pero con sello a la verónica. Un gran puyazo marca el tercio de varas con un burel que bravea y empuja, siendo picado tremendamente bien y arriba. Ovación importante para el de a caballo que regresa a su sitio con torería.

Avanza Fermín rumbo al destino y en medio del silencio pasa el capote a la espalda y aunque los primeros lances son enganchados, la marca de la casa reluce en las últimas dos gaoneras a compás abierto – la última es de auténtica nota porque torea, que no deja pasar- y la lucida es la rebolera por detrás. Reminiscencia en la gaonera a compás abierto, del nieto al abuelo, más de cien años a tal suerte le contemplan. Fuerte ovación.

En banderillas el burel resiente que se escapan las fuerzas y se agarra al piso, solo el buen trato de Beto Preciado a la brega hace albergar esperanzas.

Luque lució con el capote ante el primero.

Destaca aquí que un torero tan poco toreado -estigmas de su alternativa que injustamente pesaban sobre de él- se encuentre tan mentalizado y decidido, sin una sola prisa. Brinda a todos y pese a la flojedad inicial Rivera deja al toro en los medios para correrle la mano, suave, con la derecha. La pausa y el caminar casi de imperio revisten la tarde que declina mientras el toreo se eleva en la asombrosa media altura del muletazo, desde el cite a la ligazón y su remate. Difícil cosa.

En el aniversario de la partida del abuelo del primer espada, mencionamos los tiempos que éste daba a cada toro entre tanda y tanda. El nuevo Fermín camina pausado y llenando toda la plaza de torería y personalidad, la pausa viene bien al cornúpeta y Rivera vuelve apenas cruzado con la media altura que encela y emociona, la ligazón se acompaña con ritmo y firmeza que andando cerca hace romper el grito del tendido.

Ahoga el toro, Fermín da espacio pero el astado carmelita no se arranca a la media distancia, es uno de esos toros que pese a su falta de fuerza hay que andarle para que daño no haga, como decía el Maestro de la puntilla Don Macario Castelar “Gallinito”, siempre cerca. Por eso, tras la torerísima preparación del cite, acompañado de la vibración del tendido, se pone en la línea, y tras derechazos todos medidos y despaciosos suma un cambio de mano por delante que toma el cárdeno envuelto en temple y que descubre su pitón izquierdo.

La cosa crece medidamente, así se vienen las cosas buenas de la vida, el buen vino o los buenos libros, que comienzan suaves y se viven despacio hasta que la creciente revienta el palpitar. Así, anteceden de modo tan cadencioso son los naturales de Rivera que conjuga la sabiduría de la dinastía trigeneracional con la seriedad de su segundo apellido. Vertical y estoico, rítmico de cintura y pleno de buen gusto, rompe en un terreno corto su muñeca – hay un muletazo inacabable- que liga tres de los naturales más prodigiosos de la Temporada.

Tal como la semana pasada Capetillo, de dinastía a dinastía, la mente clara del menor de los Rivera y su apacible ritmo, envuelven la embestida a la que embebe, otra vez, a media altura y sobre la cual gira bajo la contraporra en momento grande y desgranado de arte. Lleva y cura a un toro agradecido y de fondo bueno, lento y plácido vuelve a los medios pases, uno de la firma enorme hacía las rayas e inmenso el cambio de mano. La faena está hecha, Fermín recibe palmas.

Todo pende de la estocada, la parte flaca. Menos mal que su terno rey y oro, remendado tras la colada del primero, adquiere en la suerte suprema un tono más vizcaíno, más añil. Como arrancada reminiscencia a Martín Agüero, cuadra Fermín más allá de la segunda raya y paralelo al burladero de la contraporra apunta su salida a los medios. El toro busca la muleta, Rivera se entrega y hasta la bola deja soberbia estocada.

Aire brinda la cuadrilla, vencido el burel busca mortaja, el puntillero soberbio remata. Al instante, candilejas prenden e iluminan la llegada, por fin, de Fermín a La México.

Oreja más que justa y la entrega en la vuelta que Rivera disfruta con su apostura proverbial que en momento alguno pierde la planta en el torerísimo recorrido al anillo de la Monumental. Se amarró de la oreja y esperemos haga lo mismo con este ritmo alumbrador. Que, para un torero de su clase, es el único camino.

El tren se va y llega la Posada de las Porras que ayer están particularmente distraídas. Mario Aguilar arrea, alinea su tranco con el capote. Cómo gana aire este torero cuando con el percal se templa como en uno de los lances por el lado derecho al cárdeno cierraplaza.

Natural de Mario Aguilar al tercero de la tarde.

En el quite con el cite a favor de la querencia, Mario gira en sentido contrario al viaje del toro pero natural a la determinación por no irse en blanco.

El chocante péndulo emociona y, a decir verdad, lo consigue porque el toro acude pronto y con fuerza. Con la muleta en la derecha, Aguilar prende adelante y lleva largo pero el burel, zurdo de cornamenta, tiene a salir con la cara arriba y Mario debe apurarse en la versión, no la más templada de su toreo, pero sí la más decidida.

Empuja el triunfo y lo consigue tras espadazo entero. Cierra fuerte el año el hidrocálido que se recupera contra todo y todos, que conste que ha sido el toro serio el que le ha puesto así. Enhorabuena a Mario Aguilar que pone al rojo la emoción en su repetición en la que asegunda.

Nunca en La México, por cosas del destino, alternaron Rivera y Aguilar como novilleros cuando bordaron las dos faenas más importantes de la década pasada: “Arlequín” de Marco Garfias y “Abelardo” de San Martín, pero tarde no es nunca Menos para el arte, la eterna respuesta a nuestra necesidad taurina.

Y a punta del capote del arte, como ayer en La México, como siempre en nuestro corazón el palpitar, sin tiempos extras o toros de relajo cual debe de ser, revienta.

Twitter: Texto @CaballoNegroII.

Foto: @Colorjay.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Domingo, Diciembre 18 de 2011. Séptima de Derecho de Apartado. Un tercio de plaza en tarde fresca con intermitente viento.

6 Toros, 6 de Villa Carmela (Divisa Negro, amarillo y rojo) Desiguales de presentación. Con debilidad en general. Destaca el cuarto por tener un fondo noble y el principio del sexto toro en la muleta. Pésimos primero y quinto por incierto y protestón, respectivamente. Primero y cuarto sobre todo berreones.

Fermín Rivera (Azul Rey y oro) Fuerte ovación con saludos en el tercio y Oreja. Daniel Luque (Marfil y oro con remates negros) Palmas y Silencio. Mario Aguilar (Marino y oro) Silencio y Oreja.

Destacó a la brega Abraham Neiro en las banderillas durante quinto turno, así como Beto Preciado en el segundo tercio del cuarto, lo mismo que Alejandro Prado durante toda su intervención en el tercero de los lotes. Destacó al picar sensacionalmente al cuarto toro el segundo a caballo de la cuadrilla de Fermín Rivera.

Toda la tarde el Juez de Plaza Gilberto Ruíz Torres, en plena distracción, dejó de atender las peticiones de los toreros para cambiar el tercio o solicitar la venia.

Se guardó un minuto de aplausos tras saludar los toreros a la autoridad en el paseíllo por la irreparable pérdida del apoderado y ganadero potosino del hierro de Espíritu Santo, Pablo Labastida, acaecido el pasado viernes tras penosa enfermedad.

2 Comentarios »

  1. Con el debido respeto pero… siento que Mario Aguilar pudo haber sacado un mejor provecho de su segundo enemigo.
    Como que me quedé con ganas de verle algo mejor, digamos un toreo más depurado aprovechando el poco gas del astado pero la enorme calidad de su embestida, sin duda para mi el mejor del encierro.
    En vez de esto, se dio Mario a la tarea de ejecutar un toreo efectista con base en pases como el péndulo tan socorrido últimamente por muchos matadores.

    En fin, como dice la canción; “Me quedé con las ganas,,,”

    De la labor de Fermín Rivera no me queda duda.

    La oreja que le cortó a su segundo astado vale lo que pesa en oro.

    Faena de mucho valor y siempre en la cara de un animal remiso y gazapón y un pedazo de estocada con mucha decisión…

    Dígame amable amigo: ¿usted no se quedó con ganas de que Mario Aguilar aprovechara mejor a su segundo enemigo?

    Bueno, en todo caso es mi punto de vista…

    Salud artista!

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    • Héctor:

      Claro, una versión más templada del torero, menos arrebatado podría haberse mostrado toreramente en mejor nivel.

      Es posible que haya sido el menos malo del encierro, la gran diferencia es que este toro en la muleta se quedó corto de todo. De nuevo objeto el péndulo que no por emocionante es efectivo para efecto de la lidia. Mario, por sus ganas, se cargó el poco tranco y claro el hecho de que el burel no remataba su embestida.

      Yo, objeto un tanto que haya sido el mejor del encierro. Pues el fondo oculto del cuarto toro, aunque gracias a Fermín, lógicamente sobresalió. Me parece que a diferencia del sexto no salía con la cara arriba.

      El toro de Fermín no fue gazapón. Gazapón es el toro que no para y prosigue en búsqueda de la presa como cazando.

      Quizá, como dijo don Victor Iturbe… “Tú ya sabes de qué” Quizá una versión más depurada de Mario habría lucido más con el toro no obstante lo deslucido de la última parte de la embestida habría dejado muy poco para el recuerdo.

      Lógicamente, hay un punto al momento de embarcar donde Mario no siempre estuvo preciso. Sin embargo, de Texcoco a México, pasando por Aguascalientes, Tlaxcala y Pachuca, debo decir que poco a poco Aguilar remonta no obstante aun falta.

      Enhorabuena por tu comentario. Solo así progresará la Afición.

      Un Abrazo y Gracias por comentar.

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