“El Cordobés” en México … la historia inigualable

De SOL y SOMBRA

“Toreó 32 corridas consecutivas en enero y 23 en febrero de 1964, y concluyó su primera campaña en México indultando a `Cuadrillero`, de San Mateo. Su triunfo en El Toreo le costó el puesto al Dr. Alfonso Gaona”.

Enero del 2012 parece el tiempo ideal en el calendario taurino para recordar este texto del maestro Salas que publico el Martes 16 de marzo del 2004 y que viene bien en tiempos donde algunos nuevos matadores ibericos y franceses buscan consolidarse como idolos de la aficion mexicana, haciendo campañas cortas en territorio nacional. Asi que pensamos en este portal que nunca esta de mas volver a recordar a uno de los mas grandes idolos del toreo en Mexico: Manuel Benítez El Cordobés.

Por Don Guillermo Salas Alonso para el eluniversal.com.mx

El torero pisa el área de peligro. Se viste de luces. Toro y torero engranados en un ritual, luchan para ver quién hará caer al otro. Muleta en la mano, los pies bien pegados, con un gesto, el torero hace a un lado a su cuadrilla para quedarse solo frente al toro.

Su único afán, el triunfo.

Corría, en su primera etapa, la década de los 60; 1963 para ser exactos. Debutó en México el discutido diestro Manuel Benítez El Cordobés .

Nadie auguraba nada sobre su campaña en México, y pocos pensaron que llegara a imponer números tales en la fiesta taurina en suelo patrio.

Números difícilmente igualables. ¿Por qué?

La historia empezó en la campaña de 1961: debutó en México, en la plaza El Toreo de Cuatro Caminos, el sevillano Paco Camino. Y dejó constancia de su capacidad torera. Tanta que le decían El Niño Sabio de Camas. Su segunda campaña, 62-63, fue arrolladora, y su clase y arte quedaron plasmados en tardes inolvidables, como aquella de los berrendos de Santo Domingo, un toro “Catrín” que regaló en una corrida de la “Oreja de Oro” y un sinnúmero de éxitos de gran rango.

Su destino: convertirse en un gran ídolo.

En ese tiempo, el doctor Alfonso Gaona era el responsable de la fiesta en la Monumental Plaza México y tenía un elenco poderoso, con el torero de moda, Camino, Santiago Martín El Viti , Juan García Mondeño , Joselito Huerta y Jaime Rangel, entre otros. Pero sobre todo contaba con el ganado de las dehesas codiciadas. Su lugar al frente de la plaza, pues, lucía inamovible. Era el gerente de la empresa de la Plaza México. Y no había para las otras empresas, en el campo mexicano, no más de dos o tres encierros que tuviesen alguna garantía.

Así las cosas, en ese 1963 causaba sensación en España un torero “mechudo”, diferente a todos, que rompía con las normas clásicas de la fiesta, sobre todo en aquello de que: “Para ser torero, hay que parecerlo”. Su gran personalidad se imponía a cuanto obstáculo se presentaba. Pero el promotor de la México recibió una misiva de un amigo suyo, que le advertía: “Me siento en la obligación, como su amigo, de decirle que no lleve a El Cordobés , a la México. Lo van a matar”.

Y él, ¡no lo contrató! Por esas circunstancias que rodean el medio taurino, tampoco signó al rejoneador Juan Cañedo, quien, casado con Dolores Olmedo, se animó lo que parecía una locura a montar una temporada en la plaza El Toreo. Nadie apostaba al éxito de esa empresa temeraria en el coso mexiquense.

Hubo un aumento de precios en las entradas y todo empezó con la actuación del torero de Palma del Río, en dos tardes seguidas: sábado 21 y domingo 22 de diciembre del señalado 1963. Para colmó, Manuel Benítez, quien no sabía estar mal sino siempre en los extremos. O en fenómeno, o simplemente fatal.

La primera tarde alternó con Alfredo Leal y Víctor Huerta, con toros de Tequisquiapan. Media entrada y estuvo desastroso. El fracaso fue sonoro, realmente para llorar.

Ese mismo día, cenando con su apoderado Manuel Martínez Flamerique Chopera , El Cordobés le expresó: “Tengo la sensación de que mañana cortó las orejas”.

Y fue verdad. Al día siguiente, el 22, con menos entrada, alternó con Manuel Capetillo y con Jorge El Ranchero Aguilar; astados de Reyes Huerta. El andaluz se divirtió cortándole las orejas a sus enemigos: dos al tercero, otras dos al sexto. La situación dio un cambio de 180 grados.

Se inició el precedente de que el mes de enero toreó nada menos que 32 corridas (en una ocasión lo hizo dos veces en un día). Y en febrero, 23 corridas más, consecutivas.

Actuó todos los días, dándole la oportunidad a un número importante de toreros. Muchos de ellos olvidados. La temporada en El Toreo se fue al alza, los llenos no se hicieron esperar, menudearon los triunfos y se marcó, indudablemente, algo insólito en el medio taurino mexicano.

Se recuerda ese final impresionante, sin paralelo de sus últimas corridas en su primera incursión de Manuel Benítez en nuestro país.

En febrero, viernes 21, en Querétaro, le cortó un rabo a un auténtico buey. Al día siguiente en El Toreo inmortalizó a Conejo de Soltepec, alterando con Raúl García y Andrés Blando, en una faena que se recuerda con asombro, premiada con orejas y rabo.

Dos corridas seguidas en Guadalajara, 23 y 24. Mató cinco toros, cosechó diez orejas y un rabo. En la corrida del domingo, el primer toro infirió una cornada en la cara al venezolano César Girón. Se convirtió el festejo en un mano a mano con Alfredo Leal. Seis orejas obtuvo el diestro andaluz, de los tres toros de José Julián Llaguno.

Al día siguiente, lunes 24, con toros de San Mateo, alternó con Joselito Huerta, Antonio del Olivar y Paco Camino. Huerta le cortó orejas y rabo a un gran toro Veracruzano y El Cordobés , las dos orejas de su primero, que no fue bueno, e indultó al último, el ejemplar marcado con el número 6 y bautizado como Cuadrillero . Tres trofeos simbólicos, dos orejas y un rabo.

La locura era colectiva. No se hablaba de otra cosa que no fuese el discutido, apasionante y personal torero de Palma del Río. Inclusive la calle Corona, de Guadalajara, donde funcionaba el hotel Morales, fue cerrada y se colocaron mesas fuera del recinto. Cuando el torero, que ahí se hospedaba, salió para cenar, la ovación que se le otorgó y los gritos de ¡torero! ¡torero! fueron de auténtico clamor, de estruendo.

Sí, aquel torero, al que iban “a matar”, abrió la puertas de todas las plazas, sentó el precedente de torear todos los días de enero y casi todos los de febrero, con llenos impresionantes, pese a que remó contra la corriente, con un veto que no fue disfrazado de un sector importante de la prensa.

Se impuso a todo y a todos el discutido “mechudo”, que llegó vio, venció y convenció.

Él, quien se catalogó como un torero sin arte, erróneo cuando se acomodaba con un toro. Su trazo solía ser con más justeza, más rítmico y estético. Y es que se moldeaba escultóricamente con los bureles. Y sobre todo, lo que no muchos apuntaban: Manuel Benítez El Codorbés estaba más cerca y más tiempo en la cara del toro que ninguno.

La campaña 1963-64 culminó

La empresa, destinada al fracaso, en la cima.

Y en la Plaza México se dio la campaña normal, pero al final de ella fue destituido como gerente un personaje de la talla del doctor Alfonso Gaona.

Mucha culpa de ello, la tuvo el torero de Palma del Río, figura del toreo, quien labró su nombre en el Siglo XX. Aquél que suele decir: “No me he retirado ni me retiraré nunca del toreo. La fiesta de los toros es mi mundo, y no sé hacer otra cosa más que torear. Es la única forma que entiendo para ser feliz”

Twitter: @Twittaurino

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