
El viejo adagio dicta “es de sabios rectificar” y me refiero a Enrique Ponce natural de Chiva, Valencia que tras más de veinte años de alternativa, atesora conocimiento y maestría. Tanto así que quién quiera ser torero no quisiera tenerlo como maestro para dar cátedra de cómo entender en tan pocas fracciones de segundo, las embestidas de los astados de todas las ganaderías del mundo.
Enrique tiene la etiqueta de sabio en el ruedo por la rapidez de entendimiento de las posibilidades reales de lidia a favor de un toro desde que salta a la arena.
Recuerdo de memoria la tarde del primero de mayo de 2005 en la despedida de Miguel Espinosa Armillita en mano a mano con Enrique en la Feria de San Marcos en Aguascalientes. Me refiero a un toro de Fernando de la Mora que cuando saltó a la arena, presagiaba poco éxito. No para Enrique pues en cuanto salió a dar verónicas de mano alta, me atreví a apostar una comida con un amigo que estaba a mi lado por qué le comenté “ya empezó a lidiar al toro para que llegue con una mejor embestida a la muleta, algo le habrá visto Enrique” y él me dijo “no lo creo, el toro no sirve”
Me aceptó la apuesta afortunadamente y gané. Con la muleta Ponce estructuró una poderosa y bellísima faena con ambas manos con la muleta que enloqueció al público. Probablemente es una de las mejores faenas del valenciano en México, Miguel como luego César Rincón en Bogotá en sus respectivas tardes de despedida lo hicieron, actuando con una figura del toreo llena de celo por el triunfo sin importarle que fuera la última tarde para sus alternantes. Por ello, la de César quién tuvo la capacidad de responder como los grandes fue para quienes la vivimos, una de las tardes de privilegio en la vida para un aficionado.
Cuando terminó la faena en Aguascalientes mi amigo (por cierto notario) estaba ronco de corear los muletazos, me dijo que lo que había visto era “increíble” por las pocas condiciones aparentes del toro cuando de capote y luego en los tercios de varas y banderillas.
Claro que me sentía ufano de intuir lo que Enrique estaba por hacer en el momento desde los primeros lances de capote y por ganar una comida.
Le relaté a mi amigo que el 27 de mayo de 1996, fui testigo de la faena de Ponce al toro Lironcito de Valdefresno en Las Ventas. Faena que quienes la vimos en vivo o por televisión, fue de las que quedan como lección de entendimiento y de cómo es posible extraer a un gran torero del pozo del comportamiento del toro lo positivo puliendo los aspectos negativos.
El de Valdefresno en Madrid al principio por el lado derecho no tragaba los cites e iba por el izquierdo a regañadientes, pero hacia el final era una seda por ambos lados y si no le cortó los máximos trofeos Enrique (como tampoco lo pudo conseguir con el de Fernando de la Mora en Aguascalientes) fue por sus fallas con el alfanje.
Aquellas tardes han pasado a la historia como ejemplo de sabiduría de toreo dominador, estético y de entrega absoluta en el ruedo para ser y mantener un nombre como una de las figuras del toreo más importante de la historia.
La mañana siguiente al tomar el vuelo de regreso de Aguascalientes a la capital del país, me encontré a Enrique con Victoriano Valencia uno de sus apoderados y su suegro (es bueno aclarar que Juan Ruiz Palomares es también su apoderado desde que era becerrista) iba acompañándolo Paloma Cuevas hija de Victoriano, su esposa.
Iba cansado pero feliz de la tarde del día anterior y le comenté que me había hecho ganar una apuesta por la grandiosa faena del día anterior y con sencillez me contestó” hombre, que bueno que tu viste las bondades del toro desde arriba y apostaste, abajo yo no lo tenía con tanta claridad”
Por esa sencillez cuando responde en todo el mundo del toreo, lo admiramos y respetamos su inmensa categoría. Sin embargo con la del domingo pasado ya son varias las tardes en las que el público capitalino le exige verle con toros de la catadura a la altura de su estatura de torero.
El toro de Xajay de regalo que ofreció el domingo 28 de octubre de 2012 fue ruidosamente protestado y eso hubiera bastado para que el juez de plaza acudiendo al reglamento lo hubiera cambiado, sin embargo no lo hizo y la expectativa se convirtió en ira, en diatriba contra el valenciano.
Hoy que se habla de ese hecho en más proporción que de lo magnífico que estuvo Diego Silveti, me pareció importante reflexionarlo.
Recientemente en varias plazas con Enrique pasó lo mismo, tanto en Querétaro como Zacatecas y en menor proporción en Pachuca hubo protestantes. Conociendo la capacidad de su administración, Enrique tiene a la mano el remedio por el celo de figura grande para silenciar a los que el domingo pasado en La México, lo fustigaron.
Lo de los cojines en la arena, alguno como Luis Castro El Soldado inolvidable torero lo convirtieron en acicate para sus siguientes actuaciones. Es memorable la foto de El Soldado parado sobre un cojín toreando por alto después de que el conclave capitalino lo había llenado de improperios y cojines la tarde anterior en nuestra capital.
A la grandeza de los gestos de los iconos y sabios del toreo recurro. Enrique es uno de ellos y creo sabrá hacerlo. Con una tarde como la de Notario de San José regresaría el embelesamiento para ello, su administración tendría que tomar el reto y ahora si a tapar bocas con mejores argumentos ganaderos en el ruedo. Todo lo escribo con respeto para uno de los toreros con mayor cerebro privilegiado para lidiar astados en la historia y de esos muy, pero muy pocos. Espero que así se entienda.



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