Recapitulando… Lunas Menguantes, Plenilunio Torero – Magna faena de Daniel Luque.

El desdén de Luque a «Luna Brava» remata el inicio de faena. FOTO: Galindo.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Sobradamente la tarde buscaba el encuentro de la noche cuando los arrogantísimos percherones tiraban de los restos del tercero de la tarde, “Luna Brava” nombrado.

Luna de Ariosto, a lo Jorge Luis Borges, dudosa, onírica e inasible.

Esto lo decimos porque Daniel Luque se agarró de las dos orejas de ese corto, por estrecho y discreto de cara, cárdeno oscuro que sale corretón y al que el sevillano  para con verónicas de cite retrasado y lances a pies juntos donde el astado rebrinca templado ante el parón bien rematados tras la raya.

El puyazo que sucede al recibo es perfecto a cargo de “Güero de la Capilla” Ha sido magnífico porque la suerte de varas tiene tiempos igualmente y, a toro arrancado, Ricardo Morales chorrea el palo, tiende el puyazo en el sitio exacto, por todo lo alto, y pica justo antes de que el toro encaje los pitones en el peto.

Pena que “Luna Brava” se escape y escurra justo cuando se había arrancado de largo.

A la perfección del puyazo continúa la diáfana, cristalina e impoluta realización del que es, hasta el momento, el quite de la Temporada: mandiles aéreos con la mano de recibo baja, a temple pleno y Luque en gracia absoluta, viaja el sentimiento de los aficionados porque se alinea al quitazo del de Gerena y su remate al corazón de la Plaza México.

El banderillero español Antonio Manuel Punta saluda por tremendos pares de banderillas, primero y tercero donde gira a su salida de la suerte. Lujo y ambiente caliente deja las cosas puestas para el inicio por alto, firme y bien rematado de Luque que muestran dos condiciones del astado: largueza en los viajes y repetición en la embestida.

Pero en la lidia como en la vida no todo es perfecto, ni la luna, que una sola vez cada mes nos da su plenilunio.

El de “Luna Brava” es desigual pues tras los pases por alto dobla contrario. Entonces el diestro contesta de igual manera en el tercio casi frente a la puerta de arrastre con el cite invertido para pegar hacia terrenos naturales, la dosantina que encadena el cambio de mano, la trincherilla y el desdén que desencadenan el gozo y la ilusión perfumadas.

Entonces, los medios el sitio, muleta a la derecha, Luque embarca ligero, quiebra la cintura y ajusta el tiempo de los derechazos, sutiles y prontos, templados y torerísimo en los remates. Prosigue en tal senda, con una Plaza México en creciente y a la espera que más de cuatro sean pero vienen los remates grandes tras cambio de mano por la espalda.

Roto el pase de pecho.

Muleta a la zurda. Momento esperado. El toro prueba, incluso rasca. Entonces Luque pierde pasos, traza el pase y liga tres con brillantez en el remate. A punto de ebullición, Daniel opta por los flecos de la muleta con los derechazos sin ayudado. A juicio propio, la faena bajó porque la velocidad del toro no ha sido la misma.

Cuando la faena crecía en naturalidad Luque opta por la fantasía.

Prosigue entonces la línea de fuego cuando aflora la vena ojedista de Luque al alternar lados con los de la firma y la vitolina en el mismo sitio. La gente emocionada por la variedad y, claro, la gente le responde. El toro rascó pero Luque se ha inventado el sitio donde correr la mano de manera ligada.

Todavía vuelve para rematar la obra con nuevos derechazos y el remate final bueno dejando cuadro al toro para lo que ha sido el espadazo de la Temporada. Cumbre en la suerte de “Costillares”. Dos orejas inobjetables en el resultado que ha sido la Puerta de El Encierro.

Sin embargo, al inobjetable resultado numérico debemos sumar que el futuro de Daniel Luque se ha visto marcado por lo que este toro indudablemente le ha aportado el temple de un toro especial, no bravo, sino un manso de lío, con fondo bueno, que le ha requerido la exigencia de un temple que a golpe de maduras va a deslumbrar.

Como ayer y aun a más. Preciosa la vuelta, triunfo entregado. Imposible con el sexto roto desde el comienzo.

Y así la corrida ha sido, con una muestra de falta de raza flojedad y sosería con una excepción, el cuarto.

El toro de la corrida bravo berrendo en cárdeno, a decir de Don Eduardo Castillo, asimétrico, berrendo de un lado y cárdeno claro por el otro. Y yo lo creo. Bravo y fuerte desde el comienzo consigue que Ignacio Garibay muestre en parte porque la gente lo espera pero porque también está relegado.

Su brazo manda poco a pesar de que valor tiene, a pesar de que el esfuerzo ha hecho y a pesar de que ha procurado mantener el interés. Fuera de cacho es desarmado, una vez aquí y otras dos con su primero un flojo toro que le probó y aprendió demasiado pronto.

Más cuando Garibay se ve atropellado, mal con el acero en ambos turnos esperemos pronto vuelva ese torero que aun ilusiona a la Afición.

Opta Alejandro Amaya, en nombre de la Madre, por el traje de sombras. Refugio en negro y azabache con golpes de estrellas en plata, precioso el vestido.

Sin embargo, siempre es más importante lo que se hace en la luz que lo que se hace en las penumbras y ayer a plena luz de La México, Amaya se pierde en la corrección de las formas sin dejar que el eterna ancla de la frialdad le deje avanzar, volteado por el segundo más por viento que por error técnico remata una tarde desconcertante tras cinco años de exilio.

Así murieron las “lunas” de La Estancia, tal cual lo predecía Jorge Luis Borges, como uno de esos símbolos que dan al hombre, “el hado o el azar para que un día de exaltación gloriosa, o de agonía, pueda escribir su verdadero nombre”

Toda la vida es poesía y el toreo también en absoluto modo y por ello Daniel Luque ha logrado hacer buena la predicción del poeta argentino.

Porque en la agonía de la luna, cuando la bravura es menguante, solo queda del toreo, como ha hecho Luque, el plenilunio.

 Que bueno e iluminado sea.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2012-2013. Domingo, Noviembre 18 de 2012. Cuarta de Derecho de Apartado. Más de un cuarto plaza en tarde fresca y con viento. Cielo claro, frío al final del festejo. Publico taurino y entendido.

6 Toros, 6 de La Estancia (Divisa Azul, rosa y blanco) Desigual de presencia, flojos en general y faltos de raza. Destacan el tercero con mucha movilidad aunque doblando contrario siempre y rascando. El cuarto es un toro bravo aunque se aburrió al final. El resto insustancial.

Ignacio Garibay (Azul rey y Oro) Ovación con Saludos y Leves palmas. Alejandro Amaya (Negro y Azabache) Silencio y División. Daniel Luque (Azul Noche y Oro) Dos orejas y Silencio. Salió a hombros.

Fenomenal Antonio Manuel Punta de la cuadrilla del tercer espada toda la tarde, en banderillas y a la brega.

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