Recapitulando… Fantasía, Esperanza y Oro – Gloria en el San Lunes de Morante en La México.

El infinito poder de la naturalidad. Morante en gracia plena con la mano izquierda.
El infinito poder de la naturalidad. Morante en gracia plena con la mano izquierda.

Del fondo a la superficie, de la base a la cúspide, el monumento al derroche absoluto que Morante de la Puebla erige en la Plaza México ha elaborado una inolvidable página de oro en la historia de la Monumental y su Afición. Puerta grande para Morante que rescata una tarde a la que poco faltó para quedar lejana a la historia y próxima al más decepcionante olvido. Menos mal, cerca del final, arribó la más esperada y urgente inmortalidad.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Suena a la muerte del quinto un lujo de pasodoble: “El Relicario” que con más garbo que nunca, brinda el marco musical a la fabulosa vuelta al ruedo de Morante de la Puebla con dos orejas en las manos y la entrega total de la Plaza México.

La Puerta Grande cristaliza en último suspiro la esperanza de toda la Afición, rota turno a turno. Que la gracia del toreo no acompaña al Lunes de Temporada.

Esto sucede porque “El Zapata”, tras inteligente inicio capotero, el acostumbrado despliegue banderillero –sin vuelta al ruedo- y el buen inicio aliviador al cárdeno, alto y flojo, solo apunta y esboza… pero no redondea.

Traza dos buenas tandas por derecho. Cierto, molesta el viento. Pero con el mejor toro del encierro poco eleva, su conjunción no trae rotundidad en el tercio frente a Cuadrillas. Poco alcance al natural justo con el toro que crece por ese lado y el piadoso silencio muestra a la faena de Uriel como corta, principalmente al natural. La espada lo complica todo.

Igual que el insustancial cuarto. Con él, “Zapata” intercala, desmonterado, el “ojalá” má caleserina, lucimiento y variedad, tersura incluso que gusta a la asamblea.

La faena tiene rareza, no cruza el estoque detrás de la cadera sino, en gesto dudoso, lo coloca por encima del hombro. Hay división. “Zapata” solo hace pasar un deslucido toro sin que pase nada. Al último, alcanza entera algo caída en la suerte natural. Cerrada está el negro firmamento y aparece, inexplicablemente un pañuelo blanco.

Mal. Jesús Morales. No por premiar una supuesta buena estocada sino por no leer la Plaza. El ruido no es petición. Concede y el rigor de la mayoritaria protesta castiga con justeza, censura al palco y a la vuelta del tlaxcalteca que… vuelve a puntuar.

Y nada más.

La suerte no sonríe al toreo clásico. El cinqueño segundo hace cosas raras, se emplaza y defiende, protesta. José Mauricio se lo juega en el quite. Da muestra de entrar pronto a la corrida en esas tres gaoneras, no ligadas, por lo manso del toro pero con total valor.

Esa estela capotera se extiende con el tercero, estrecho, largo y bien puesto, de Jorge María. Luce la verónica, camina a los medios, carga el lance perfecto y remata con media magnífica. José Mauricio tira zapatillas y tira del arte en la chicuelina, torera y reunida, rematada con verticalísima rebolera. Momento grande de la tarde.

Cuando la Afición espera la respuesta de José Mauricio ante el estrellón de los dos primeros turnos, justo cuando el quite deja la cosa caliente llega el viento para acentuar una condición buena pero difícil, el toro pasado el primer puyazo enciende, aviva y llega casi crudo a la muleta.

El intento de doblones de la Puerta de Caballos hacia las rayas queda en eso por el viento y, en buena parte, por la sorpresa que se lleva José Mauricio al palpar el cambio del toro. Pero apuesta y tira por la derecha. Convence al principio pero la el toro no ha sido sometido y sigue encendido.

Con la zurda, cuando la cosa eleva, la Plaza México se queda esperando que el muletazo suceda con soltura y al vuelo, ligado. José Mauricio, en medio del problema, se queda cerca de imponerse pero solo es un buenos deseos. Pincha.

Mitad de corrida y el San Lunes no revienta.

El agua de la decepción amenaza el esperanza y oro de Morante de la Puebla con el cinqueño segundo que corretea en desesperanza toda la plaza hasta que el torero dispone pararle. Consigue hacerle volver a regañadientes y tirar un lance por el izquierdo, a la vuelta el toro protesta y le desarma al punto de casi ser empitonado.

Desorden en varas, hasta dos toma, una en la querencia que da pie al quite del tercer espada. Nada claro en banderillas. Y la poca fe cunde cuando el macheteo parece inevitable. Pero Morante nos ayuda a creer incluso en lo que no podía verse pues acude donde pide el manso al que muletea inteligente por bajo. La rebanadora del toro es eliminada por el torero en tres derechazos en el tercio ante toriles.

Un torero de “pellizco”, de “detalles” no podría hacer lo que Morante cuando tira del derechazo y calma el zumbido del tendido. Pero al hacerlo, el toro, ante la exigencia de la muleta, se acaba que fondo no hay. Sorprende a todos, claro, al cárdeno principalmente, al darle la cruz por todo lo alto.

En la suerte contraria, casi entera y casi a paso de banderilla sin dar opción a pensar, fulmina al infumable toro. Todo con arte, en aire torero, sin mayor concesión. Pero nunca es suficiente. La gente siente roto el tranco cuando salta el negro, chico y feo toro que hace de quinto.

Cuando Morante guarda el capote cambiado el primer tercio, la Afición comienza a ver el modo de arrear las banderas en triste retirada. Solo que si bien se guarda el impar capote de cara al lucimiento, hoy la legendaria prenda forja una página magnifica en el libro de la efectividad y la sapiencia.

Así, Morante recoge la embestida en la querencia bajo la Porra, tira los brazos, echa la capa abajo y hace que el astado vuelva natural a pesar su protesta, cabeceo y expreso arreón. Aun hay quien pita. Torear es más que lancear a pies juntos y chicuelinas.

Prontitud pide el de La Puebla en banderillas. Perfecto “El Lili” que no dilata al bregar e impedir que el toro enganche. La cara de funeral del morantismo en la grada es más que evidente. El único en calma, en “suprema bienaventuranza” es el que envuelve al oro del vestido y el palpitar de la gente en verde esperanza.

Mano derecha abajo y rodilla flexionada logran sacar a “Chatote” del calabozo de los adentros, grilletes de mansedumbre bloquean su embestida hasta caer. Técnicamente el inicio es formidable. El primer derechazo muestra reserva y probatura, más debilidad.

Quietud en el muletazo, movimiento exactoentre pase y pase. Morante espera todo el tiempo. Muleta a mitad de camino en el cite y a toda asta en el remate de cada derechazo, iluminan cierta esperanza, más cuando, ya por fuera de las rayas con el viento que molesta, remata por el lado izquierdo y por alto.

Solo que la noche no prende todavía. Hay contrariedad. Aguardemos.

Es entonces, tras esta condensación, tras hacer suyo el problema que viene la solución del entendimiento práctico, cuando la izquierda encuentra sitio donde hacer y provocar embestidas: el tercio frente a Matadores. Encuentra el camino de mostrar como posible, como realizable, lo que la Plaza anhela: la serie al natural de Morante.

Que se produce.

Llega porque Morante alivia, verticalmente, otorga solo un pedazo del fleco de la muleta y rompe la muñeca en total quietud de plantas y giro magnífico después para despertar a la Plaza de la pesadilla de la decepción.

Al perder pasos gana el tranco del toro. Ayudándose, acude a la muleta sin reserva. Morante no la quita sino espera que la tome para mecer cintura y cuando le aprieta toro, responde con cadencia, sin tonterías o exageraciones y el isidro parece otro porque le recibe con valor en el embarque, con arte en el embroque y a plena fantasía en el remate arriba. Maravilloso.

Milagro morantista en noche oscura, de creciente luna.

Tras el despliegue hay riesgo de que todo se quiebre por la corta bravura del toro. Morante intenta desengañar a pitón derecho pero el toro lo piensa demasiado.

Viene el de pecho a la raya y tras pase de la firma, jugando contrario a la reacción del toro, traza el imposible sueño del cambio de mano por la espalda girando para encontrar, a muleta muerta por un instante y hacia la raya, la columna del pase natural.

Y de aquí a la eternidad.

Han sido dos, vertícalísimos, en dictado supremo de la muñeca, ligados e interrumpidos solo por lo pasmado que queda el toro que rasga y que se va desfondando. Es una faena de pases naturales, sobre en la línea más esencial y sin mezcla o composición alguna del toreo pero de pasos circulares.

Morante vuelve a encontrar el sitio a partir de tal caminar. Paralelo a las rayas de nuevo enciende ascua, deja la muleta cuadrada ante la tardanza, casi ahogo del toro, para incluso incitar con el ayudado y hacerle pasar en el ejercicio del supremo poder taurino, la unión indivisible de temple y mando, en frenesí inacabado e inacabable.

Aun viene el trincherazo y la vuelta a la derecha, con ese juego de cambio de perfiles, de izquierda a derecha y de la diestra hasta el bronce en donde acabaran los derechazos de la postrimería, piedra labrada sobre el arco y la columna clásica, bética evidentemente de Morante más la armonía de los caprichos remanguilleros de flores en molinete invertidas y el desdén punto más, claro está, que genial.

Para irse andando.

Cambiado al estoque ha llegado la segunda faena, la segunda condensación para buscar la igualada. Lo hace cubriendo a pitón contrario y caminando circularmente para pegar nuevo natural. La México ruge y el toro raja al doblar contrario y huir dos veces, despavorido por tanto poder.

Entonces el arte vuelve aliviar, ayudado por alto y nuevo desdén. Lo nota claro pero el astado se arranca. Morante no echa atrás y a media desata la locura cuando el toro rueda en plena querencia.

El arte es, decía Wagner, la obra total. Siendo como ha sido la Puerta Grande es más que justa y necesaria también para la Afición.

Por algo del “El Relicario” de ese lunes abrileño cuando él toreaba… pasamos al San Lunes morantista en pleno noviembre como regalo de varios cumpleaños. Y a verlo fuimos a gritar triplemente, “Torero… torero…” a Morante de la Puebla.

Alguien protesta la segunda oreja, seguramente los mismos que incitan a “Zapata” a regalar previo a la muerte del castaño sexto que ha tenido nobleza y que ha encontrado a José Mauricio pinchando.

Lo cierto es que La México encuentra cristalizada su esperanza, la virtud teologal por la que se aguarda a la proveeduría divina.

La divinidad ha vuelto ha construir a elevar e iluminar el sendero oscuro, el fondo oculto. Y lo que es más grave aun, a redescubrir nuestra necesidad de arte y de su máxima expresión: Morante de la Puebla.

Pareciere que casi cinco largos años se centraban en una sola noche.

La de la reaparición Morante, ha desplegado la fantasía y materializado esperanza en el arte del toreo. Ha sido la noche de la eterna buenadanza, la de la perpetua vida en el arte entregada y en devoción rendida.

Y que como ayer ha sido que mañana vuelva a ser.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2012-2013. Lunes, Noviembre 19 de 2012. Quinta de Derecho de Apartado. Dos tercios de plaza en tarde fresca con cielo despejado. Viento fuerte en el primero, intermitente después.

6 Toros, 3 de Jorge María (Divisa Obispo, rojo y verde) Sin mayores estridencias, desiguales entre suerte en el tercio  tercio final. Infumable el cinqueño segundoecho luqueel vestido. Sin embargo, .ue tambiuna suavidad  o de Luí. Noble el primero de la tarde que mereció mejor suerte en el último tercio. Infumable el cinqueño segundo, crudo se fue el tercero encendido e incómodo en la muleta por bravo; y 3 de San Isidro (Divisa Amarillo, azul y rojo) Chicos en general. Sin fondo el cuarto, rescatado de la honda mansedumbre el quinto gracias al segundo espada. El sexto ha tenido nobleza y calidad aunque dura poco.

Uriel Moreno “El Zapata” (Salmón y Blanco) Palmas y Oreja muy protestada. Morante de la Puebla (Verde Esperanza y Oro) División y Dos Orejas con improcedentes protestas. Salió a hombros. José Mauricio (Teja y Oro) Palmas y Leve ovación.

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Morante a Hombros de la Afición.

Una respuesta a “Recapitulando… Fantasía, Esperanza y Oro – Gloria en el San Lunes de Morante en La México.”

  1. Como es posible que después de semejante cátedra de bien torear, haya quien proteste esas orejas? Una razón pueden ser los 400 o más acarreados que llevó el Zapata, cual político populista y los lorocutores de unicable, que – aunque no se pueda creer – aún cuestionaban al juez por pararse con los dos pañuelos. Que cosas!

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