Nuevo Progreso de Guadalajara… Mataron como pudieron; Talavante a gran nivel.

08030001_1359961575607_71_20_0_gra

Por Francisco Baruqui.

Qué  de día; primaveral, azulado el cielo sin una sola nube y Eolo desaparecido, con  entrada sobrepasada la media por un público que ilusionado acudió al coso por el cartel de toreros que era interesante.

Interesante, sí, con todo y la ausencia forzosa de El Juli por accidente automovilístico, y acertadamente suplido por Alejandro Talavante quien a la postre brindó lo mejor de la tarde, dejando constancia de cómo ha entrado en el gusto de la afición mexicana que se ha encantado con él.

Tardanza para anunciar toros, saliendo al fin una corrida parchada con dos hierros, Marrón con los tres primeros y San Isidro con los restantes.  A excepción del que abrió festejo, un anovillado para festival, los demás tuvieron presentación digna para plaza de primera, y más para Guadalajara que por acá no hay chupadera de dedos.  Toros con crianza, estampa, astifinos y con romana que daban importancia a la tarde solo que…

Solo que pusieron de manifiesto falta de casta y una debilidad desesperante por la flojedad de patas, lo que desencantó las ilusiones de los concurrentes.  Bureles para ser racionados en el castigo haciéndoseles apenas sangre para descongestionar.  ¡Y vaya puyazo de premiación con el que lució ése estupendo picador de lujo que es David Vázquez..!  Horcajado en su montura citó, lanzando la vara ya casi de pie y chorreando el palo hundiendo la puya en todo lo alto dejando al cornudo asentado.  Desde aquí mis palmas, señor varilarguero…

A destacar uno de Marrón, el segundo, mansurrón dúctil que acometía lento y con bondad, y un sexto isidril que tuvo claridad y son.  ¿Los demás..?  Los demás pá l gato y…

“El Pana” se despidió…  Puro en boca y con sarape saltillense a guisa de capote de paseo, arrancó en el paseíllo clavando puntas y arrastrando arena…  A su estilo.

Una verónica y la “espantá” clavándose al callejón, para posteriormente pinceladas aisladas, muy aisladas, aisladísimas de su personal expresión con aires del toreo de antaño en algunos muletazos por alto a dos manos y por abajo con sobrado pico y dejando luz en el pase, sin alcanzar llegar a la catarsis, — aunque hizo el intento sin logro —, con arrojo de muleta, encaramiento al público y pasos de esclavo arrastrando grilletes, haciendo a instantes las delicias con su folclórico citar girando las plantas armoniosamente e intercalando “pasitos tun-tun” que animan al cónclave villamelón.

Regaló un séptimo del santo Isidro, con voluntad pero…  Perdido con las espadas por lo menos escuchó “Las Golondrinas” en su despedida.

Y tocando aislamientos, Morante de la Puebla no tuvo su tarde.  En su primero esbozó la expresión de su inconmensurable arte en naturales templados con el regusto de su toreo, — ése era el lado del marronero —, dejando aroma del torerazo que es, pero sin rebozarse con el mansurrón noble que debía mantener de pie por la flojedad.  Dos pinchazos y media desprendida para salir a los medios a recibir la ovación.  Se le quiere y admira, empero…

Empero con el quinto, un descastado que desarrolló sentido midiendo mucho al torero y mirándole los tobillos sin un solo pase para lucir, un auténtico regalito, José Antonio se lo quitó como pudo con un espadazo en los blandos recibiendo sonora música de viento.  A esperarle pues…

Y debo decir que Alejandro Talavante, al que vi en su despedida como novillero en Madrid y fui al siguiente día a verle su alternativa, es de los toreros hispanos que mejor ha encajado en el gusto de la afición mexicana.  ¿Por qué..?

Porque a más de un valor cabal, sin falsas posturas de efectos baratos, cuenta con el don divino del temple; de ése cogerle el ritmo al toro mexicano que más que embestir con enjundia camina lento y con son, mandando mucho sobre de él, clavadas las zapatillas en la arena, planteando las faenas con trazo, estructurándolas y haciendo el toreo largo, cadencioso, reponiendo lo mínimo, con armonía y hondura.

Con el tercero, un inválido de desesperación para nada pudo lucir despenándolo de entera trasera tendenciosa para silencio.

Mas, saldría el sexto con el que aplicó su expresión artística en toreo por abajo al natural con la izquierda y ayudados con la diestra muy reunido, aguantando, embraguetado, girando tan solo y empleando la elasticidad de sus muñecas y el quiebre de cintura, armando una faena variada, intercalando la arrucina y cambiados de mano que fuerte se le jalearon.

Sabe Alejandro impactar y darle calor a su obra conectando estupendamente con los tendidos en largos y estentóreos ¡ooleeés..!  Remates ceñidos vaciando el testuz a la hombrera contraria, — como debe ser para que sea el de pecho y no de costadillo cuando sin vaciar sale el toro en línea recta —, y cuando tenía las orejas ganadas a ley….  ¡Anda!, a pinchar, dejando muestra de que no las trae todas consigo con los estoques.  Muy merecida vuelta al ruedo y la certeza de que Guadalajara ha disfrutado con él, como creo que él ha disfrutado en Guadalajara.  A verle de nuevo, que sí….

Y tarde, pues, en la que los tres alternantes confirmaron mi apreciación cuando con las espadas se falla…  Que hay toreros que entran a matar y…  Y otros, a ver si matan…

Via http://opinion.informador.com.mx/Columnas/