Plaza México, 18a Corrida de la Temporada Grande: Extraña tarde de toros.

José Mauricio ante su primer toro, "Cantinillo".
José Mauricio ante su primer toro, «Cantinillo».

Cuando en un espectáculo masivo no mandan los gustos del espectador que paga un boleto, sino prevalecen los caprichos y el poder de unos cuantos: algo huele a podrido. 

Así ocurre en la torería, específicamente en la Plaza México, donde cada vez la opinión de los aficionados se toma menos en cuenta.

Por Luis Cuesta para De SOL y SOMBRA.

Mexico, DF.- Parecieran caprichos la formación de carteles como el de ayer, que en el papel no tenia ni pies ni cabeza. Claro, la culpa no es de la empresa nada más; los apoderados y toreros triunfadores llevan algo de culpa en ello.

A fin de cuentas el empresario hace lo que puede. Declara a los cuatro vientos que intenta darle gusto al aficionado, se pelea hasta con su sombra por conseguir el ansiado objetivo y ese es en realidad su mérito. El problema es que la mayoría de las veces no lo consigue.

Leonardo Hernández y José Mauricio regresaban, después de sus polémicos triunfos, acompañados de Mario Aguilar; cuya inclusión no se justificaba del todo, luego de una irregular actuación en su presentación en esta temporada.

Se lidio un encierro de la ganadería de Barralva bien presentado, que dio un buen juego en términos generales. Destacando los corridos en primero (de rejones), segundo, tercero y sexto lugar.

Leonardo Hernández regresaba con su férrea voluntad de agradar, ya que su triunfo pasado no pesó; prueba de ello fue la mala entrada de ayer.

Pero del Leonardo Hernández que venía de España con su gran dominio de la lidia y la pureza con la que la ejecuta -que le situó de golpe y porrazo en la pasada temporada española como eje indiscutible de la primera fila del toreo a caballo- poco hemos podido ver en la Plaza Mexico.

No era sencillo levantar una tarde que comenzó torcida, por el mal ambiente que pareció rodear este festejo. Algo pasó ayer, pero la gente nunca entró de verdad en la tarde. Tampoco la actuación de Leonardo ayudó mucho, con dos toros de distinta condición, pero potables.

Su primero con cierta nobleza tuvo motorcito; el segundo, más parado -con fijeza y nobleza- con los que no alcanzó a redondear la tarde.

Intentó siempre dominar los terrenos, las distancias y los cites. Al primero de su lote, que salió un poco parado de inicio, lo metió pronto al canasto, después de aguantarlo de salida y encelarlo en los medios.

Irónicamente, por momentos, estuvo francamente bien y en otros, francamente mal; colocando rejones traseros y en ocasiones pasándose de las suertes.

Después sin arriesgar, sino lo imprescindible, llegó la mejor parte: a dos manos -en corto el ataque- parecía que tenía todo bajo control, ya que a Leonardo le bastaba con un desplante final temerario y un notable rejon de muerte para llevarse el reconocimiento de la afición capitalina; pero señaló un pinchazo y un horrible metisaca que cayó pesado en la afición.

Con el segundo, intentó reencontrarse con la afición, pero nuevamente su faena no terminó por romper. Inexplicable hay que decirlo, porque Leonardo no estuvo mal, pues durante su lidia acertó en la elección de terrenos y en la manera de citar y arrancarse con una amplia variedad de galopes.

Unas veces en corto, otras de ruedo a ruedo, para ir de poder a poder o cuarteando. Todo esto con ajustadas reuniones, pero el publico ni se enteró o no quiso enterarse.

Para mala suerte de Hernández, volvió a matar de mala manera y se retiró bajo un silencio sepulcral.

José Mauricio con su primero, que tuvo cierta calidad, no se cruzó nunca, no presentó la muleta plana sino oblícua; venía el pase, lo daba corto y al remate no había surgido ni el más remoto destello de arte, porque no había templanza.

Mauricio, que tampoco es un torero mecánico, ante este toro no se iba a poner a pegar muletazos a manera de producción seriada, pero lo cierto es que el arte y la ligazón nunca llegaron. De tal suerte, no pudo conectar con el público ni contagiarle su entusiasmo.

Su segundo astado tuvo un inicio esperanzador, ya que metía la cabeza abajo y fue bravo en el caballo; sin embargo Mauricio con el capote no pudo someterlo ni templarlo.

En un momento, al intentar bregarlo, el toro clavó los pitones en la arena, se lastimó y el capitalino tuvo que abreviar tras un estocadón que, en otra tarde, le hubiera valido una oreja.

Regaló un séptimo, también de la ganadería de Barralva, que le permitió por momentos correr la mano con temple, ritmo y gusto; sin embargo también le dio por pegar solo derechazos y llegó un momento en que no sólo perdía el paso, sino también el gusto y el temple.

Su apoderado, ‘El Quitos’, le gritaba desesperado: ‘¡tócalo!’ ‘¡Qué no te agarre la muleta!’ Y fue en ese momento de la faena, cuando surgieron los mejores muletazos ejecutados con mayor quietud y reposo, sentimiento y expresión.

Mató nuevamente de una letal estocada, se llevó una merecida oreja que le dio otro tanque de oxígeno a su carrera y a su paso por la capital.

Mario Aguilar tuvo un lote de para armar un escándalo grande, pero por momentos a Mario parece que le falta corazón. Se ve que le cuesta expresar y exteriorizar su toreo, pero aún así tuvo la mejor actuación de su carrera en La Mexico y cortó una merecida oreja a su primero; un toro de gran calidad pero que me pareció era para un premio mayor.

A su segundo lo lanceó bien de capa y se empleó a fondo en la faena de muleta, mas dio la sensación de estar “atorao” en su repertorio. Entre los altibajos ya mencionados la faena terminó sin unidad y ritmo.

Para el próximo domingo, ultima corrida de la temporada 2012-13 anuncian al rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza con toros de Los Encinos y a pie Fermín Spinola, Alejandro Talavante, Victor Mora con toros por designar.

Es lo que digo yo.

Ficha:

Plaza México. Décima octava corrida. Mala entrada, toros de Barralva: Dos para rejones de sangre mexicana. Y cinco de encaste español.  El rejoneador Leonardo Hernández: Palmas y silencio. José Mauricio: ovacion, ovacion con saludos y una oreja en el de regalo. Mario Aguilar: Una oreja y ovacion. El monosabio Alfonso López se despidió de la profesión.

Twitter @LuisCuesta_

4 Comentarios »

  1. Quiero referirme a un hecho acontecido ayer en la Plaza México, para mí insólito: La «apoteótica» despedida de un Monosabio. Me pregunto: ¿Desde cuando los monosabios son protagonistas en la celebración de las corridas de toros como lo son matadores, novilleros, picadores, banderilleros y…vamos hasta alguaciles? Hay un excepción que confirma la regla: Don Simón Cárdenas quien, con méritos propios se ganó un lugar de honor en la fiesta brava en México. No se si haya algún caso semejante en algún otro lugar del planeta taurino. A este paso, cuándo vamos a festejar la «jubilación» de algún taquillero o de algún cubetero de la Plazota México.

    • Amigo José:

      Me dirijo a usted respetuosamente y simplemente para precisar un detalle que escapa a su atención.

      Pertenecí hace algunos ayeres a la Unión Mexicana de Monosabios, Alguaciles y empleados de puertas de Callejón de la Plaza México.

      Pude constatar al paso de mi fugaz participación como monosabio que ésta, la labor del monosabio sin duda es imprescindible en el espectáculo taurino.

      Me consta, porque así lo viví, que estos humildes personajes tienen una función medular como es el mantener el ruedo en óptimas condiciones para el desarrollo del espectáculo así como la tarea de reparar las tablas de la barrera, las puertas del callejón y el tiro de mulas de arrastre.

      Inclusive algunos de ellos fueron capacitados para dar primeros auxilios a los toreros caídos en acción y saben llegado el momento cómo mover o no mover a algún fracturado.

      No mi buen amigo, le ruego que no les quite méritos porque créame que son actores muy importantes de la fiesta.

      Comparto ahora con usted este video sin querer convencerlo de nada, simplemente lo dejo a su amable consideración.

      Un abrazo!

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