Colonialismo Taurino.

conquista

Por Óscar López Gamboa*

Muy triste pero cierto aún en pleno siglo XXI, seguimos siendo una colonia española en lo que a  la Fiesta de Toros se refiere iniciando con la conquista de la Gran Tenochtitlan, hoy México, siguiendo hasta el cono sur del continente americano, incluyendo a lo que ahora son Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela, cinco países donde se celebran corridas de toros a la usanza española y como es lógico, en ellos se crearon ganaderías de toros de lidia con pie de simiente ibérico, puede decirse  con toda certidumbre, desde que fueron conquistados por los ejércitos de la corona española, uno a uno aquellos territorios americanos en los cuales a fuego y sangre, nos inculcaron su religión primero y luego, sus costumbres entre ellas las del ocio lúdico como las corridas de toros; tradición la cual hasta nuestros días, sé celebran con mayor o menor éxito, en las regiones que se mencionan.

Cuando las figuras españolas y algunos otros que no lo son tanto, deciden venir en la época de invierno a torear en  América, es porqué tanto en España, Francia y Portugal las temporadas taurinas ya terminaron después de los agobios que viven, lidiando  verdaderos toros de lidia con hasta cinco yerbas, romanas excesivas y cornamentas pavorosas, en aquellas tan largas temporadas europeas y es entonces qué, consideran tomarse unas merecidas vacaciones según ellos,  en suelo americano y para mantenerse en forma, torear en algunas plazas de su elección,  mediante jugosos y convenientes contratos en lo que a honorarios se refiere, así como el ganado que habrán de lidiar, el cual sus veedores se encargan de seleccionar con sumo cuidado y por supuesto; deberán ser de menos edad, catadura y cornamentas muy discretas y afeitadas si es posible, para evitar así, el mayor riesgo posible para su práctica taurina en su periplo vacacional de aquellos diestros.

Y como es lógico cuando llegan a estos lares americanos a tostarse la epidermis alegremente en sus campañas vacacionales aquellos toreros, empiezan a sentirse los efectos del “colonialismo taurino”, haciendo suyos nuestros territorios e imponiendo, sus propias leyes o condiciones, con el alegre consentimiento tácito de parte nuestra, de cuánto sé les ocurra o exijan aquellos conquistadores qué, precisamente por nuestra estúpida sumisión permitimos y ese colonialismo, no es de ahora sino desde los mismos tiempos de Bernardo Gaviño, quien apareció en América, específicamente en Uruguay, en 1829 y cuando arriba a México, con él puede decirse sé establece en nuestro país, el mestizaje  y colonialismo taurino.

El síndrome del “colonialismo taurino”  sé empieza a manifestar en el propio medio taurino que nos rodea, iniciando con las distintas empresas que contratan a los toreros ultramarinos, concediéndoles en su mayoría por no decir todas, sus  deshonestas pretensiones, so pretexto y algo hay de cierto dé, darle gusto al aficionado y mayor relevancia a sus corridas anunciadas; ganaderos que están dispuestos a colaborar incondicionalmente con toreros y empresas, para que adquieran  sus encierros, bajo las condiciones que los toreros extranjeros reclaman, para asegurar triunfos posibles que sí sé logran estos, resultan ser de “oropel” ante el regocijo ignorante, de la mayoría de los espectadores más no de los verdaderos aficionados; matadores nacionales qué, en el afán de ser acartelados junto con alguno de aquellos coletas extranjeros, que así lo solicitan con la promesa de aquella figura, de recomendarlo con alguna empresa española, cuando nuestro torero, pueda ir a cosos españoles a querer torear allá, aceptan contratos muy por debajo de sus real valía;  autoridades de plaza estas en su mayoría, sucumben por  sobornos, ignorancia y sumisión ante los apoderados de ésas figuras permitiendo encierros indignos de las plazas que presiden; luego tenemos a los medios escritos y hablados que claudican ante la presencia y poder de aquellos dizque “adalides o  maestres de campo general”, que los “entronizan” servilmente a cambio de unas cuántas monedas callando  deliberada y obedientemente, la verdad sobre las farsas que orquestan los diestros extranjeros o bien, con la humillante y rastrera actitud de decirle a aquella figura ¡gracias maestro por hacernos sentir algo con lo que usted ha hecho esta tarde enhorabuena! Y finalmente los espectadores y también muchos aficionados, que en una vergonzosa casi “veneración” que profesan hacia ellos, todo les permiten o consienten que hagan en contra de la veracidad y honestidad de la fiesta de los toros. Aquí en México, hubo cuatro figuras españolas, que han sido verdaderamente “idolatradas” ellas cronológicamente son: Joaquín Rodríguez “Cagancho”; Manuel Rodríguez “Manolete”; Paco Camino y Enrique Ponce.

Para concluir está el caso del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, podría decirse que como una máquina barredora desde hace varios años, se está llevando a su país, el “oro y el moro”   del nuestro, emulando así a los soldados españoles que nos conquistaron, so pretexto de hacer empresa y crear fuentes de trabajo, y con ello promoviendo fuertes  derramas de dinero que por supuesto, la mayoría de ese dinero, va a parar en sus alforjas y lo más probable, es que ejerza una fuerte evasión de impuestos que le birla al fisco mexicano.

 Es todo por hoy y hasta la próxima sí el Divino Creador lo permite.

Marzo 01/2013.

*Ex Juez de plaza Calafia y comentarista de Grupo Radiorama.

opiniontaurina@gmail.com

2 Comentarios »

  1. La Colonia no fue una elección, fue una imposición. Tener tantas canonjías para unos cuantos como P. H. de Mendoza quienes con gran descaro viene a robar el dinero de la afición y las inmerecidas a las orejas a los novillos que le ponen en suerte es una opción que podría rechazar la afición. Yo por lo pronto no vuelvo a ver a ese señor, nunca.

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