9ª de Fallas: El Cordobés y Fandi, ídolos del populismo fallero.

El Fandi, en un alarde de rodillas ante el sexto de la tarde. / TANIA CASTRO
El Fandi, en un alarde de rodillas ante el sexto de la tarde. / TANIA CASTRO

Por Vicente Sobrino.

Daba igual que las espadas cayeran bajas, daba igual que los puyazos fueran traseros, daba igual que cuatro toros de la muy buena corrida de Cuvillo se marcharan sin torear. Daba igual todo. Lo que no daba igual es que la presidencia olvidara que Valencia es una plaza de primera, en teoría, y las orejas hay que cortarlas toreando a los toros, no al público.

Eso fue lo que fundamentalmente hicieron El Cordobés y El Fandi, comunicarse mediante gestos y sonrisas con el tendido, que no torear. Torear, lo que se dice torear, ninguno lo hizo. Atisbos puede que los hubiera, no muchos, mas como en esos trances la gente no reaccionaba se echaron al camino de lo populista. También de lo vulgar y chabacano, a veces.

La corrida de Núñez del Cuvillo tuvo cinco toros de éxito grande, pero de torear de verdad. Excepto el cuarto, que sin ser la oveja negra de la familia, llegó al tercio de muerte con un cabeceo molesto y cierta tendencia a defenderse. El resto fueron excelentes, o más que eso. Tuvieron calidad, fueron nobles, duraron y duraron a pesar de algunas perrerías sufridas. Y de esos cinco, solo uno, el primero de la tarde, se marchó al otro mundo con la dignidad de haber sido toreado como Dios manda.

La faena de la reaparición de Finito en Valencia, al toro que abrió plaza, no fue redonda pero tuvo momentos muy luminosos. Chispazos de torería innata. Empaque en los muletazos de entrada. Sobre la derecha, en el remate del pase buscaba aliviarse desplazando al toro hacia fuera. Un cambio de mano y el remate a renglón seguido del de pecho, fueron para retener en la memoria. Por el lado izquierdo rectificó y perdió terreno, y solo una serie por ese lado, y no completa, tuvieron calidad. Trincherillas muy jaleadas. La faena se convirtió en una galería de muletazos y detalles sueltos muy estéticos. Y artísticos.

En el cuarto se esforzó Finito. No es habitual ver a este torero en tal menester, pero puso mucho empeño. Sonsacó naturales, provocados a la voz. Todo siempre por el camino de la seriedad. El toro, muy topón y defensivo, no le dejó para más.

El Cordobés y El Fandi fueron a lo suyo. No deja de ser un mérito ser fieles a su personalidad, pero tampoco deja de ser un crimen que maltrataran con la muleta a sus toros. El Cordobés embutió de molinetes eléctricos y banderazos al segundo. Dócil toro, noble y con un lado izquierdo de calidad extra. Le pidieron que hiciera el salto de la rana, accedió a la petición popular y la gente enardeció.

Más de lo mismo en el quinto. Tropezones a diestro y siniestro, diálogo de gestos con la gente, desplantes, rodillazos. Una serie a pies juntos con la muleta en la izquierda le salió limpia, pero el personal no quería eso. Y El Cordobés, listo, repitió el menú que con tanta fruición se había tragado el gentío. La historia acabó peor: con un bajonazo trasero. No importó. La plaza loca-loca, y oreja al canto. Entre los rugidos de la marabunta surgió alguna voz discordante, pero fue engullida sin posibilidad de dejarse oír.

El Fandi también echó de populismo, faltaría más. Puro y duro populismo. Puso ocho pares de banderillas en total, cuatro por toro. Los ocho fueron un derroche de facultades; corriendo hacia atrás, de costado, al violín y uno por los adentros que resultó el más auténtico. A sus dos toros los recibió de capa con largas de rodillas, dos al tercero y una al sexto. En su primero le enjaretó las series con la derecha con la pierna contraria muy retrasada. Hubo circulares al derecho y al revés. Todo valía.

En el sexto quiso empezar la faena de rodillas, el toro le birló la franela y Fandi la recogió al vuelo: ovación! La música se arrancó sin que la faena arrancase, pero la fiesta no debía decaer. Con la plaza palmeando, Fandi dio un recital de toreo del pueblo y para el pueblo. Perdidos en la inmensidad de la vulgaridad, surgieron como de la nada unos naturales aceptables. Y vuelta a la normalidad: circulares con el toro enroscado a la cintura. Y desplantes. Y rodillazos. La plaza volcada con El Fandi, que a la hora de matar dejó una entera baja que produjo una explosión de júbilo. Dos orejas; y no más porque el toro solo tenía dos.

Cuvillo / Finito, Cordobés, Fandi

Toros de Núñez del Cuvillo, de fina estampa y bien hechos, aunque justos de trapío. De gran juego en la muleta y muy nobles, excepto el cuarto, que se defendió. Cumplidores en varas.

Finito de Córdoba: estocada corta traserilla (saludos); pinchazo -aviso-, dos más, y descabello (silencio).

Manuel Díaz “El Cordobés”: entera baja (oreja); bajonazo trasero (oreja con alguna protesta).

El Fandi: pinchazo y entera trasera y tendida (oreja); entera baja (dos orejas).

Plaza de Valencia, 17 de marzo. 9ª de Fallas. Tres cuartos largos.

Via http://ccaa.elpais.com

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