Por Nieves Bolado. Santander.
Todas las tardes, con su bastón y su visera, Prudencio Diego Fernández (Selaya, 1914) se sienta en uno de los cuatro abonos que tiene en el tendido 1. Es el abonado más antiguo -y seguramente también el aficionado de más edad- de la Feria de Santiago. Tiene desde hace 75 años tres abonos de Las Ventas, «tendido 9, fila, asientos del 38 al 40», y de Santander, «desde hace tanto tiempo que ni me acuerdo».
A sus noventa y nueve años y tres cuartos es un Cossío viviente al que sólo le falla «un poco el oído». De antes, «cuando vivía mi mujer», cada año, hacían el circuito taurino casi completo: Madrid, Castellón, Logroño, Bilbao, Palencia, Burgos… «he visto hasta 80 corridas por temporada». Madrid, la meca, y después a la tertulia del hotel Wellington. Esto es salud y afición, los demás, pipiolos.
En 1934 se licenció en Farmacia en Madrid, «y un año no pisé la Facultad y me dedicaba a ir a la plaza de toros y a dar capotazos en las fincas». En Madrid le invitaba uno de los dueños de Las Ventas, el adinerado torrelaveguense Luciano Herrero, «éramos familia y veía las corridas desde su palco».
Ha visto toros bajo el mandato de Alfonso XIII, Primo de Rivera, la República, Franco y Juan Carlos, «y no entiendo a quienes quieren quitarlos ahora. Al que no le guste, lo tiene muy fácil, que no vaya». Desde Belmonte a José Tomás, pero se queda con Enrique Ponce y cuando habla de él se le iluminan los ojos, que han visto a tantos toreros: «Empecé a seguirle cuando tenía 16 años y era novillero.
Es el mejor torero que ha pisado un plaza de toros. Para mí, no ha habido otro igual en la historia taurina. No hay ninguno como él. Ni siquiera Manolete, que mataba muy bien, pero no toreaba como Ponce. Es muy inteligente y cuando ve salir al toro ya sabe lo que hay que hacer con él. Es un sabio», disfruta contándolo.
Reconoce que ha llorado en la plaza viendo una buena faena, «Paco Camino ha hecho que se me caigan las lágrimas de emoción. Fue un torero inigualable». Ha sido amigo de los matadores más importantes, de ganaderos y de críticos como Lozano o Navalón, «que es el que más ha sabido de toros en España». Recuerda de este casi siglo a Pepe Luis Vázquez, «siempre nos veíamos cuando venía a Santander» y también tiene en estima a Joselito, «me emocionó una tarde en Madrid, cuando se encerró con seis toros y cortó un montón de orejas». Pero también ha sufrido como «con aquella horrible cogida a Julio Aparicio, que le destrozó la cara. Lloré».
A José Tomás, le pasa de largo, «hace el poste», y a Sandín «le convencí para que dejara de torear porque no veía bien por un ojo y eso es un peligro». Tiene fe en los jóvenes «como Fortes, que va a ser un gran torero, valiente» e Iván Fandiño. Se declara seguidor del Juli, «es un torero muy honrado» y cree que Talavante «se ha equivocado».
Y no quiere acabar sin dar su opinión sobre los toros actuales: «No son como los de antes. El problema es que no comen hierba ni andan por los campos. No tienen casta». Magister dixit. A callar.





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