Por Francisco Baruqui.
Guadalajara, Jal.– Después de nublados, se abrió el día y quedó de campanillas, diáfano, luminoso y azulado el cielo sin el menor asomo de viento y un clima que invitaba al coso, lo que con el cartel de toreros, — que no de toros, siempre con la mosca en la oreja sabiendo lo que traerían —, se metieron nueve mil almas, mismas que expiaron pecados con el resultado de una función tan llana como simplemente… ¡DEPLORABLE..!
Deplorable, que sí, cuando también tan llana como simplemente se trató de una CORRIDA SIMULADA…
Resulta increíblemente incomprensible que, para un festejo anunciado con sobrada antelación, no hayan podido contar, ya no digo con un encierro de lujo, sino tan siquiera digno, con el decoro que merece una plaza como la guadalajarense que se venía ostentando como de primera, cuando el palco de autoridad era ocupado con gente también digna por cuanto a solvencia, conocimientos, profesionalismo y afición pero…
Pero cuando se junta “el hambre con las ganas de comer…” Cuando se une la ignorancia manifiesta con la ineptitud comprobada y al servil ordenamiento de los intereses de los “profesionales” que montan el espectáculo poniéndose de tapete para tragar lo que tragar se tenga, pues sucede… Sucede lo que sucedió…
Reses impresentables, miserables de cornamentas, con la insignificancia que da la falta de edad y la carencia absoluta de la más mínima imponencia con la ausencia total de trapío, conceptos todos fehacientemente desconocidos por las autoridades de plaza, a saber, juez, asesor y equipo de veterinarios, que con un insultante cinismo pusieron al coso tapatío al nivel de placita tranquera, obedeciendo lineamientos más cínicos de los que por vivir de esto, deberían mostrar un respeto mayor.
Si a lo anterior se añade el juego manso, descastado, falto de brío, de fortaleza, de respeto, de emotividad y transmisión, como funesta consecuencia de la “selección” que se ha venido cargando la fiesta con ganaderos que MANEJAN LA MANSEDUMBRE, QUE NO LA BRAVURA, el instinto básico del toro de lidia queda deleznablemente nulificado.
Bovinos, pues, intrascendentes con los que se dio una función en la que, por ende, también campeó la intrascendencia más pura. Así…
Así, pena de tarde y cartel con dos figuras españolas de primerísimo orden y una esperanzadora alternativa de un valor joven que cuenta con todo para llegar a descollar en la profesión. Ah, y con dos regalitos, que sumados a cornudos de San Isidro, de Los Encinos, de Fernando de la Mora y Pepe Garfias, a excepción de un cárdeno de Martínez Urquidi, el más tipo de toro de lidia de los nueve que saltaron, siendo regresado uno al despitorrarse un cuerno desde la cepa estrellándose en los tableros, dieron el tenor ya comentado.
Con ganado así, la pauta la marcó el madrileño del barrio de Velilla de San Antonio, Julián López “El Juli”. Mucho, muy mucho, muchísimo torero para tan poco toro…
Salió con deseos buscando las palmas con capote y muleta, recibiendo con larga cambiada de hinojos, lances a la verónica, chicuelinas y recortes que se le aplaudieron. Con la zarga se dio con su proverbial poderío cuidando y sometiendo en faenas en las que el sitio, la entrega y la gala de recursos, le permitió lucir en toreo por abajo con ambas manos y por los dos lados aplicándose en redondo, montándose casi en los bóvidos, para que un público más entusiasta que exigente, se diera aplaudiendo y otorgando una oreja, luego de pinchar y despenar habilidosamente, cuando bien que tiene su tranquillo saliéndose un pelín, alargando el brazo al salto pasándose y salir triunfador al ser el único que tocó pelo.
Desenvuelto, pisando firme, asumiendo su reto, el toricantano, — así se dice en el argot al que recibe la borla del doctorado en tauromaquia —, Ricardo Frausto reafirmó sus destacables condiciones, mirándose como un torero de muy buen corte, con planta y elegantes formas que proyecta una expresión elegante, fina, estética y llegando fuerte a los tendidos.
Bien por verónicas y media, como en un quitazo por gaoneras, cuatro, sin enmendar un ápice, y chicuelinas de recibo que se le jalearon, para con la flámula desenvolviéndose con seguridad y sitio, conociendo los terrenos y desarrollando series de cambiados por la espalda y toreo por abajo con la diestra y al natural, escuchó el batir de las palmas, sin embargo…
Sin embargo, con la espada no la trae. Se sale desde perfilarse, quedándose en la cara sin pasarse en el embroque resultándole estocadas defectuosas tras de fallidos pinchazos. Buen apoderado tiene en Roberto Fernández “El Quitos”, quien seguramente le hará las observaciones para superarse e ir a más, que de la camada de matadores mexicanos jóvenes, no lo dude, es de los que mayormente puede sobresalir.
Tarde de contraestilo para un artista inconmensurable, non, distinto, diferente, único como lo es Morante de la Puebla que con el santo de espaldas, salvo unos lances a la verónica rematados con toda la esencia y el fondo de su pinturería torera, nada más pudo lograr señalando, debo de hacerlo, todas sus deficiencias en el manejo de los aceros, que le llevó a escuchar los tres avisos en su primero para devolución a corrales, dos avisos en otro y estando, repito, francamente mal en la suprema.
Armó el mitin con el público inconforme que gritó de todo, solo que…
Solo que, a un genio del toreo como es el andaluz, que brilla como ninguno por su esencia, su fondo, su valor, — sí, leyó Usted bien, valor —, que hay que ver la pureza y la verdad con las que torea, sin triquiñuela alguna, cuando asentadas las plantas sembrando las zapatillas en la arena encaja los riñones para brindarse como se brinda, ahí amigos, ahí se acaba todo lo demás y triunfa el toreo.
Probado, aprobado y comprobado por su categoría, bien me vale escribir que… Que, una mala tarde… Una mala tarde, cualquiera la tiene, empero…
Empero, para gloria del toreo Morante es…. ¡MORANTE..!
Vía: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2013/11/18/la-corrida-simulada/?m=t
Foto: Emilio Mendez.





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