El Agua Rota – Bravura a la Fuga, Pinchazos a la Suma.

Fermín Rivera en su quite por chicuelinas al segundo de la tarde.

A la terrible y penosa sucesión de pinchazos que impide materializar una entretenida primera mitad de corrida sumemos el desplome del hierro de Marrón para entender el contrastante   desinterés del público ante la amarga segunda parte. Como agua entre las manos el triunfo se escapa irremediablemente mientras que, casi en cínico silencio, la mansedumbre desde su barrera de primerísima fila sonríe… socarronamente.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Son tres pinchazos que coronan los tres primeros turnos de la cuarta de la Temporada.

Tres hechos taurinos que de darse en sentido opuesto habrían cambiado la decoración y la historia la tarde. Pero, lo hemos dicho siempre, Clío entiende muy poco de excusas. Y parece castigar tal situación con la pesada condena, a partir del impresentable cuarto, de aguantar un encierro decadente en presencia y, terrible, en su juego.

Sabrá Dios quien tiene la peregrina idea de reseñar un astado como el cuarto y lo que es más grave aun, hacerle jugar en tal sitio. Bizco, chico, sin sustancia alguna y soso hasta el cansancio parte la tarde en dos, trae el mal fario y todo lo que el festejo no había sido.

Pues abre plaza un plateadísimo, alto, largo y hermoso toro, de tranco despierto y amplio que se encuentra con los acostumbrados lances de recibo de Arturo Macías, tan clemente e implorante del hierro titular durante toda su temporada.

Retumban los olés de La México con las saltilleras tras el puyazo. Haciendo el mástil, Macías queda inmóvil en el centro de la suerte con el toro a más siempre arrancado a la distancia larga. Brinda aire y trae emoción. Remata lucidamente pero al comenzar el segundo tercio una vuelta de campana hace pensar que el toro se ha roto pero no es así.

Macías lo sabe bien.

Por ello inicia abajo, alternadamente, para llegar a los medios y descubrir ahí la embestida larga del cárdeno rematada cabeza arriba. Pisa el terreno, abre compás y trata de tapar y ligar para evitar la cara alta, breve pero con eco en el tendido. El pitón izquierdo tiene menos recorrido y Arturo opta por no forzar mayormente ese lado.

Las tandas que crecen por el lado derecho se ven condicionadas por el chocante cambiado en lo corto y un afán, inexplicable, por estorbar la embestida justo cuando el burel pide llevarle largo. El concepto torero de Macías parece agotado demasiado pronto al acortar y tratar de encandilar en cercanías, justo cuando apuntaba un toreo largo en trazo y concepción. Al menos no hay enganchón en exceso.

Esto trae consigo entusiasmo general con una tanda de mejor contenido cuando, en el tercio frente a cuadrillas, tira de la manoletina y el aire que le vuelve a brindar al toro encela bastante para que en la media distancia pegue tremendo derechazo, entero y bien resuelto que no hace más que mostrar que el toro se quedo con algo más dentro.

Mientras en la periferia y más allá hay vítores, orejas y palmas… La México se guarda.

Entera contraria y trasera, con tendencia hacia fuera prologan pinchazos y estrellón del hidrocálido con una de sus ganaderías favoritas. El cuarto, con esa espantosa presencia y nulo fondo, le hacen notar apresurado en la gaonera e insustancial en el paso que pierde entre pase y pase. Ni en el de regalo, de condición mansa.

Mal con la espada.

El segundo sale a arrear, a atropellar… Fermín Rivera sale a torear. Simplemente.

Por ello, el estrecho toro, se ve envuelto entre el morado y solferino vuelo de la rebolera y el brillo del bellísimo malva y oro, fulgurante bajo el celestial y cárdeno toldo. Cuando todo, hasta el toro es gris, Rivera se gusta e ilumina en la chicuelina, a pesar de la clara tendencia del astado a terciarse a toriles, de buscar la querencia, de tratar de huir.

Fuerte el olé, grácil el giro en plenitud de ritmo.

Lastima este “Alebrije” a Javier Escalante al tratar de ir para atrás y él solo acortarse la salida, zarandea el toro afuera de matadores y latente es el riesgo de que sentido desarrolle. Ahí, el largo colmillo de Felipe Kingston amplia la embestida por pitón izquierdo con un par de banderillas corto de lucimiento pero de incalculable valía, un cuarteo punto más que redondo cuando el bicho de nuevo arrea.

Entonces Fermín Rivera, siempre en el sitio exacto y una vez en los medios, deja puesto, perfecto, el engaño, desde la media altura enceladora hasta absoluta extensión natural del trazo con la derecha. Pases de pecho completísimos y, tras intento con la zurda del que el toro acusa la exigencia de la muleta, vuelve a la diestra para girar sin quitar el trapo y ligar en propio eje, sin más que la total entrega al toreo clásico.

Todo en un puñado de metros cuadrados. Todo en los medios y bien rematado.

El toro cambia para entonces su condición inicial de atropellar, la embestida es exprimida e incluso se ha visto mejor. Aun hay toreo al paso, uno de la firma sensacional. Pésima la gente que a la hora de la estocada, del lado de sombra, cerca de la contraporra no se está quieta, piensan que el toreo es como cualquier otra actividad y dan con el traste al cite en la suerte natural.

Cambio de perfil y tardanza del toro.

Fermín equivoca y pincha sin mayor decisión. Luego es derribado tras dejar entera en buen sitio que fulmina al astado pero que, en estos tiempos, elimina la premiación.

Tal como el quinto, roto por dentro, sin fondo alguno que suprime cualquier ilusión, no obstante las caleserinas y el incansable esfuerzo por hacerlo pasar. Ayuno de bravura.

Y el sexto ha sido igual.

Por eso lamento al pinchar Juan Pablo Sánchez, para variar, al tercero. Negro astado, estrecho, de bella lámina que llega a la muleta tras cabecear y protestar en los primeros tercios. Pero al igual que Felipe Kingston, Gustavo Campos, luego de pasar en falso una vez, cierra sensacional el tercio con un cuarteo que alinea y cambia, lo mismo que la brega de Alejandro Prado austero y efectivo, el tranco del toro.

Ayer los pares reseñados han valido tanto o más que los capotazos.

Inicio por alto y trazo largo inicial hacen vislumbrar esperanzas. El toro se mueve, busca el engaño abajo y dispara la embestida siempre humillada. Se anuncia un suceso pero esta vez el innegable temple de Sánchez apunta a la redondez, con ese brazo que a veces da la impresión de estirarse poco y estar recogido en el codo.

Lo que puede parecer un defecto es tan solo un rudimento al servicio del arte.

Pero, esta ocasión, Juan Pablo trata de desplazar y mandar sobre el toro sin respetar su línea natural, sin dejar que el temple alivie, repare, sane y a la vez, obligue, mande y… rompa. La genial armonía de la contraposición del toreo. No. Sánchez, tira del toro que en lo corto revuelve sin que emociona lo que de él se espera.

Faena pulcra en dimensión y breve de emoción. De atracción pero de leve sensación.

Decía William Butler Yeats, el gran dramaturgo irlandés, “una línea, de un poema, por ejemplo, quizá pueda llevarnos horas…
pero si no parece una inspiración del momento
todo el trabajo habrá sido en vano.” Y esto ocurre con Juan Pablo, no obstante esa estela de torero bueno que tiene el hidrocálido.

Solo esperamos que su verticalidad aparezca cuando el toro lo requiera, justo como ese tercero. Y que su espada levante justo cuando más se le necesita, como antes de pinchar cuando tiene cortada la oreja.

Imposible el sexto, vergonzoso su desesperante condición descastada.

El sobrero que obsequia es una dura prueba que Sánchez desafía y hace cambiar no obstante lo corraleado y la edad que le sobra al toro. Traza valiente y decidido con la derecha y parece cambiar el astado su áspera acometida cuando un enganchón por el lado izquierdo interrumpe toda la secuencia lógica y ordenada de sus movimientos.

Se va al terreno corto, obtiene embestidas, fuerza muletazos, aguanta horrores, hasta lo indecible hasta pasar de faena al astado. Nuevos pinchazos y frustración absoluta.

Queda siempre aquello de que se compra la experiencia y se vende la esperanza.

Tendrá que ser éstas las del toro bravo las que hacen fluir el agua, naturalmente.

La de nuestra taurina cascada, estado natural de nuestra emoción, que sí se rompe, esperemos, cada ocho días, se pueda arreglar.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Noviembre 17 de 2013. Cuarta de Derecho de Apartado. Más de un tercio de Plaza en tarde fresca con cielo taurinamente encapotad. Intermitente y leve viento.

8 Toros, 6 de Marrón (Divisa Verde, Naranja y Marrón) el séptimo lidiado como sobrero. Desiguales de presencia, el cuarto impresentable. Destacaron los corridos en primero, principalmente, y tercer lugar. El segundo sacó el fondo gracias a la lidia otorgada por su matador. Flojos en general, la segunda parte de la corrida descastada y sin gota alguna de bravura. Y 1 de Campo Real (Salió sin los colores de su divisa Naranja, Azul y Blanco) octavo, lidiado como segundo sobrero de regalo. Muy serio, con edad y cuajo. Acusó la edad y resultó manso e incierto.

Arturo Macías (Azul Rey y Oro) Ovación tras aviso, Silencio y Saludos con protestas en el de regalo. Fermín Rivera (Malva y Oro) Saludos y Silencio. Juan Pablo Sánchez (Carmesí y oro) Silencio, Silencio y Palmas.

Destacaron a caballo Ignacio Meléndez al picar al cuarto y al séptimo y Gabriel Meléndez con el quinto. A la brega Alejandro Prado de la cuadrilla del tercer espada. Gustavo Campos saludo tras banderillear al tercero y al octavo.

El banderillero Javier Escalante pasó a la enfermería tras tremendo revolcón sufrido en el segundo par de banderillas al primer toro del segundo espada.


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2 responses to “El Agua Rota – Bravura a la Fuga, Pinchazos a la Suma.”

  1. Avatar de Luis González
    Luis González

    Demasiada benevolencia en la crónica para Macías, torerito vulgar y pueblerino, que ya demostró que sólo en los ranchos triunfa a base de encandilar a rancheros incautos.

  2. Avatar de drgaiger
    drgaiger

    Faena importante de Fermín a su primer astado muestra del toreo clásico que interpreta. Juan Pablo Sánchez me ha gustado con el de regalo que tenía sus complicaciones y mostró que tiene sitio y ese temple que posee es para mas cosas. Lástima de los fallos con la espada que hubo, y de la vergüenza de encierro que manó Marrón.

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