Invasiones e Intromisiones – Opus Interruptus de Eduardo Gallo.

Trincherazo de Eduardo Gallo.

La siempre esperada corrida de Rancho Seco decepciona por carecer de lo que siempre le ha sobrado históricamente, emoción. Enfría la bravura del encierro junto con la tarde y solo brinda una alegría con el cárdeno tercero que no es suficiente para sacar a la corrida del marasmo que arrastra a Israel Téllez en nueva tarde para olvidar y a Angelino de Arriaga, hundido en un agotado concepto. En esas, Eduardo Gallo se queda con la mitad de un triunfo al tirar de las cercanías justo cuando aire fresco parece traer su toreo.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Segundo día del Invierno. Cuando éste llega, se sabe que el frío siempre es de toros. Pero a cada invierno que pasa esto se está haciendo tópico, basta ver la entrada.

Por ello, Rancho Seco ha implicado ilusión. Sin embargo, brinda desilusión.

No obstante el invernal encierro, cerca del frío de la sosería y la falta de casta, lejos del fuego de la bravura de hace una década, tiene un pico importante con el tercero, irrenunciablemente tlaxcalteca, de los que hace cuarenta años cualquier torero mexicano con cartel habría cuajado.

Decía cierto Amo tlaxcalteca, toros de estos enseñan a torear. Los toreros antes, en La México, sabían. Hoy vienen, parece, a aprender.

Nombrado “Regocijo”, trae para sus criadores el único de toda la tarde. Desde su tipo, estrecho y corto, bien armado de cabeza, con esos pitones apretados y, claro, finísimos desde su color hasta su simetría. El cárdeno en tono Tlaxcala, de gris misterio, se devela de comienzo con recorrido a grado tal de que Angelino de Arriaga tiene la posibilidad de llegar lanceando a los medios y rematar en airosa rebolera.

Incluso de trazar afectadas chicuelinas a compás abierto que no aportan naturalidad pero interesan porque el toro tiene celo, no obstante su tranco flojo y al paso breve. Tras banderillas, Juan Ramón Saldaña se ve obligado de cambiar al toro de tercio, situación que se le festeja mientras brinda a Luis Marco, uno de los taurinos del año.

Entonces el regocijo llega porque Joaquín desiste del chocante y absurdo péndulo o pase cambiado que contiene la fiebre instantánea y pasajera mas no la paulatina, progresiva y dominadora sujeción que deriva en la posible entrega.

La que parece construir al dejar el péndulo y torear, doblarse efectivo e, incluso, templado para sumar trincherazo y ordenar y hacer notar el estado del toro tras los dos primeros tercios. Luego los derechazos de muleta baja que exigen temple y que, noticia, consiguen inicial redondez.

Pero la entrega, paulatina rendición, no se logra en una sola tanda. Ni a un solo perfil.

Esa es la razón para la cual, justo cuando el toro, dentro de su sonecillo flojo y vacilante por el lado izquierdo, vuelve a poner al torero en el predicamento de aguantar su devaneo por tal lado, comienza a pensárselo más y el torero a convencer menos. De ahí los enganchones. Remonta por derechas pero no vuelve por donde valía la pena.

La de cobrar.

Angelino de Arriaga hace ver su concepto como agotado, falto de la esencia fundamental de la lidia –de lid- sometimiento. El astado, sin dejar el ahogo de su cansino paso, a las calladas, fiel a su origen le deja en evidencia porque pasa y pasa, sin que pase con la muleta algo diferente a nada.

Doblones y pinchazos. División justificada.

El lote de Israel Téllez no ha sido el mejor. Ciertamente. Diría el “oficialismo” con su consecuente disculpa: “Es que no se ha prestado, no se ha dejado…” Claro, hoy los toros si no salen a dejarse brinda el incómodo y certero espacio a la disculpa.

Resulta que el Rancho Seco primero rebrinca en el segundo tercio justo cuando antes es claro al capote del guanajuatense que lancea a la verónica y remata en los medios. Al decidir banderillear solo alterna en el último cuarteo por pitón izquierdo, la lidia pierde su secuencia y no alivia la cabeza vacilante de la res.

Menos los doblones. No cumplen su cometido.

Aun así, como sería el toro, Téllez alcanza a correr la mano pero no es rotundo. Hay temple pero esporádicamente y mucho toque brusco. Aun así, no se impone y hasta queda desarmado. Silencio piadoso.

Peor sería el cuarto con el que está igualmente confuso cuando la cosa es clara, ese negro que abre la segunda parte del festejo tiene casi nada de bravura. Pero al insistir, se estrella con la ignominia de no atinar a dar la muerte al astado sino con un bajonazo. Tarde para el olvido.

La oreja a Eduardo Gallo ha sido un pequeño bálsamo ante la indecisión y falta de casta que obligan, malamente, a Carlos Domínguez Márquez a invadir el tercio y picar a como se pueda al segundo. Gallo toma nota y procesa la información que la lidia arroja en el segundo tercio.

Por eso en el inicio alterna y luce en el de trinchera, en los derechazos iniciales en los medios y el encelador martinete. Viene el cite al natural y tras dos, llega la colada que rompe todo, hasta el desarme. Así Gallo planea, sabiendo que el toro solo le alcanza para responder en la corta distancia, la invasión a su terreno, segura y decidida.

La única forma de hacer pasar al astado es esa, la de la fuerza de la intervención al sitio.

Plantea lo mismo que el año pasado al toro de Carranco pero con éste encuentra un rival no tan malo como aquel. Hay dominio con la derecha al grado del desplante arrojando la muleta y, tras convencimiento, el adorno por pitón izquierdo en doble molinete a compás abierto encadenado toreramente al cambio de mano en dos tiempos y el pase de de pecho dejan al toro en la suerte contraria para la entera y la oreja.

Justa, a pesar de la “seriedad” de la Autoridad al premiar. Se hace la de ruegos.

El torero enfrenta aun flojo, desde salida, quinto. Sabe perfecto lo que hacer con solo ver al astado salir del toril. Los pies juntos en los lances es la respuesta atinada con ello el astado va menos obligado y remata espléndido con rebolera y larga de regreso.

Gallo muestra personalidad, seriedad, salmantino su toreo en esencia y en creencia.

El lado “b” de la obra parece encontrarse con este negro toro, a más momentáneamente con el quite combinado, navarra y tafallera, interrumpido por la huida a la querencia del astado pero solventado por el aguante y la serenidad de pies.

O la inteligencia.

Alterna por alto, prosigue por bajo y al paso, bueno el de la firma y sube el tenor al cambiarse de mano. Le enganchan en el primer derechazo pero luego alivia, poco a poco le hace pasar, no obstante el astado es flojo.

Por ello planea nueva invasión.

Cuando se asume tomar algo a la fuerza, el riesgo es salir rebotado. Gallo se ve forzado en el tercio porque el toro siente ese como un mejor terreno. Así, cuando el torero trata de meterse al terreno del toro ya no hay la rotundidad de su primer turno, mas cuando había aquí construido el momento y el tranco del toro, prueba de ello la capetillina, improcedente.

Desarme el resultado. Intenta por alto en manoletinas que responde el toro con doble patada para luego pinchar. Luego la joselillina tremenda y el de pecho pleno antecede el pinchazo. Eduardo Gallo se lo juega pero olvida que en México somos expertos en repeler ciertas invasiones o intervenciones como le llaman en los museos, más si ya se nos convence por la buena.

El toro mexicano le traerá el temple que necesita, sin requerir de cercanías.

Mientras se queda a medias, en protestas, como su vuelta auto regalada.

En el sexto, otro insustancial toro, Juan Ramón Saldaña es prendido tras salir de banderillear, una, por querer regodearse en la suerte y, dos, por no aguantar ni confiar en sus piernas a la salida que debe seguir al hilo de las tablas para dejar al toro en el  terreno del que cubre su salida para él abandonar la línea de ataque del toro por el burladero de matadores, no con el barbas perpendicular a las tablas.

Ya se que se dice fácil, que es a toro pasado, tal como últimamente se anda banderilleando. Pero resulta que hay fundamentos demasiado perceptibles, incluso para los que casi no entendemos de esto.

Pero así los papeles, unos invaden el terreno de otros. O lo intervienen.

Malo es cuando la interrupción se carga una tarde.

A veces es el toreo, otras en la bravura. Y eso, sí es lo preocupante.

Dan ganas de intervenir de inmediato pero…

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2013-2014. Domingo, Diciembre 22 de 2013. Décima de Derecho de Apartado. Menos de Un Cuarto de Plaza en algo fría. 

6 Toros, 6 de Rancho Seco (Divisa Caña y Rojo) Desigual en presentación, chico el tercero. Sosa y descastada en lo general. El tercero ha tenido nobleza y recorrido, al ralentí, por ambos pitones pese a su flojedad manifiesta. Destaca en menor tono el segundo que ha durado poco, lo mismo que el quinto al que ayuda su lidiador. El primero se consume conforme avanza su lidia y el resto han carecido de bravura y fuerza.

Israel Téllez (Grana y Oro) Silencio y Pitos. Eduardo Gallo (Burdos y Oro) Oreja y Vuelta por su cuenta con protestas tras saludar en el tercio. Angelino de Arriaga (Blanco y Plata) División y Silencio.

Destacó a caballo Luis Miguel González Villagómez con el sexto. A la brega, Sergio González y Héctor Rojas.

El banderillero Juan Ramón Saldaña ha sido ingresado a la Enfermería tras ser prendido por el sexto al salir de un par de banderillas de un puntazo en el glúteo derecho, una fractura en la mano izquierda, luxación en el hombro derecho y contusiones en la cara tras impactarse en las tablas y estribo, cayendo feamente. Javier Escalante, que reaparecía, fue igualmente prendido en el quinto, demasiado a merced y a la media vuelta padece seguir en la profesión.

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