¡Fue Cobijero!…de Piedras Negras

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Por: Xavier Toscano G. de Quevedo,.

Ya falta poco, estamos a unos días de que finalice éste año 2013, y se entendería prudente considerar en un balance de los hechos más relevantes del año que finaliza, que obviamente sí los hubo, como fueron las campañas españolas de los jóvenes toreros que allá se esforzaron. Pero de ellos ya hemos tratado en su momento en nuestras columnas. Hoy dedicaré mi escrito, como un homenaje a Alberto Balderas Reyes.

Alberto, que se convirtió por su entrega y valor en ídolo del toreo en nuestro país, nació en la ciudad de México un 8 de abril de 1910 – año en que daba inicio el movimiento revolucionario – en el seno de una familia acomodada. Su padre Antonio Balderas era un famoso violinista y director de orquesta, razón por la cual anhelaba que su hijo Alberto siguiera sus pasos, y llegara a convertirse en un gran músico. Él soñaba en ser torero, y así, en unión de su hermano Francisco, comenzó su aprendizaje con los toreros que acudían a entrenar en los jardines de La Alameda.

El día 10 de enero de 1926 vistió por primera vez el traje de luces, en la plaza de Mixcoac, alternado con el maestro Samuel Solís, con quien compartiría gran parte de su carrera novilleril. Para el 14 de julio del mismo año, hace su presentación en la capital en la plaza El Toreo, de la colonia Condesa, alternando con Fernando López, en la lidia de cuatro astados de la vacada jalisciense de Matancillas, asistiendo como invitado de honor el “Califa de León” Rodolfo Gaona.

Llevando una exitosa campaña en ruedos de nuestro país como novillero, emprende el viaje a España en el año de 1929, y se presenta el 23 de junio en la plaza de Vista Alegre de Madrid alternado con José Muños ante novillos de Solís. Suma en ésta temporada un total de veinte novilladas, de las cuales cinco fueron en el coso madrileño. Al siguiente año, el 18 de mayo de 1930, Alberto debuta ante la afición sevillana, en La Real Maestranza, alternando con el moreliano Jesús Solórzano. Balderas cortó las orejas y el rabo del novillo de su presentación que había brindado a Juan Belmonte, y que pertenecía a la ganadería del Marqués de Guadalest.

Después de realizar una muy importante campaña en ruedos españoles, el 19 de septiembre de 1930, recibe la alternativa en la plaza sevillana de Morón de la Frontera, de manos de Manuel Mejías Bienvenida, que le cede al toro Hocicudo marcado con el número 46 de la dehesa de Guadalest.

Regresa a México, para presentarse como matador el 2 de noviembre de 1930, alternó esa tarde con Heriberto García y Manuel Jiménez “Chicuelo” con ganado de San Diego de los Padres, Balderas corta las orejas y el rabo de Provinciano. Regresa a España en 1934 para confirmar su alternativa actuando de padrino Cayetano Ordóñez “Niño de la Palma” y atestiguando Vicente Barrera, con toros del Marqués de Villamarta.

El 22 de enero de 1939 en un cartel que compartía con el maestro de Saltillo, Fermín Espinosa “Armillita”, lidiando toros de la ganadería tlaxcalteca de Piedras Negras, obtiene Balderas una de las tardes más importantes de su carrera, cortando las orejas y los rabos de Galletero, Lucerito y Marinero. Sus continuos triunfos lo habían colocado en el fervor popular y es elegido por la afición capitalina como “El Torero de México” por la rivalidad que ya se vivía con el regiomontano Lorenzo Garza.

La tarde del 29 de diciembre de 1940 en la plaza “El Toreo” se celebraba una corrida para que recibiera la alternativa Andrés Blando, su padrino Alberto Balderas, de testigo José Gonzáles “Carnicerito”, los toros de Piedras Negras. El tercero de la tarde de nombre “Cobijero” que correspondía a Carnicerito, sin hacer caso de los capotes de los peones, cruza el ruedo en dirección de José que pedía permiso a la autoridad para iniciar su faena de muleta, Balderas se percata de la situación y sale apresuradamente para cortar el viaje de “Cobijero”, que no obedece al capote de Balderas y le propicia la mortal cornada… terminando con la vida de “El Torero de México”.

Ésta es la verdad del Espectáculo Taurino, momentos de gloria y también de profunda tragedia. Fiesta que surgió, vive y se perpetuará, gracias a la existencia de este bello ejemplar que nos entregó la naturaleza; a su Majestad El Toro Bravo.

Vía: http://opinion.informador.com.mx/Columnas/2013/12/26/¡fue-cobijero-de-piedras-negras/

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