Bravura hay una.

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A veces un vocablo como este de la “bravura”, tiene diversas valoraciones, y según quien sea el interprete, de tal forma que su evaluación no pocas veces sera discutible.

Por Fermín González.

Dentro del universo taurino, desde quien ejerce de presidente, pasando por ganaderos, toreros, veterinarios, publico, críticos etcétera, se habla siempre de la bravura del toro en un lenguaje poco claro y acomodaticio, desmenuzando el concepto hasta limites insospechados. Según quien se pronuncie en la definición del termino, este tendrá uno u otro significado, y no son pocos los que, sitúan la bravura en un barbecho de tópicos llenos de contradicciones.

De ello se desprende que a la hora de pronunciarse sobre dicho vocablo, nadie se ponga de acuerdo. Y, tanto el que torea, como el que cría, como el que mira enjuician la bravura con más de treinta versiones, incluso, algunos no se andan con remilgos y sostienen que hay bravura buena y mala. Y esto ya es un contrasentido, pues él termino bravura es definitivo, por lo tanto en mi opinión, la idea de bravura es mucho más puntual y rotunda de cómo se viene usando.

La bravura es un conjunto de características incluidas en el caudal hereditario, capaces de ser transmitidas con fijeza a la descendencia, y, su expresión visible en la plaza se demuestra con el valor, la codicia, la pujanza, la ausencia de dolor, el poder, y el persistir en sus embestidas. Luego otros términos, emanan de la bravura, como pueden ser nobleza, carácter, estilo, clase, fijeza, etcétera.

Pero es el torero, la lidia quien debe enseñar que el toro es bravo, cualidad con la que sale a la arena, en mayor o menor medida. Por ello, cuando a un bravo y con temperamento fuerte no se le hacen bien las cosas, no se le torea, no se le desengaña etcétera, la bravura se transforma, el animal degenera, sufre, “hace cosas feas”, cambia su modo se ser. Si un toro es castigado en exceso, si no siente en su entraña que puede ganar, si se pica en los costillares, si pasas seis veces en banderillas, si engancha las telas, u otros alardes “marrulleros”, el animal tira cornadas, levanta la cara, no-pasa, se raja. Si al bravo se le da la lidia adecuada, persiste en su bravura, o en su mansedumbre. – Que también…

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