Zaragoza: Ginés Marín, ¡Qué Torero!

Ginés Marín, ¡qué torero!
Ginés Marín torea a la verónica rodilla en tierra al sexto novillo. EFE

Lo habíamos apuntado tras su paso por la feria del Zapato de Oro en Arnedo y es que Ginés Marín apunta alto. Tiene valor, empaque, sensibilidad y un buen concepto del toreo. No sabemos a dónde va a llegar este joven novillero, pero ilusiona ver, pero sobretodo saber que ha nacido un novillero con sello, diferente y ortodoxo en las abúlicas filas novilleriles de nuestros tiempos.

Luis Cuesta.

Por Angel González Abad.

¡Qué torero! Ginés Marín, un chavalín de Jerez, bordó el toreo en la segunda de la Feria del Pilar. Huele a torero caro ya solo por las formas de coger el capote. No engaña, y si además juega los brazos con gusto y mimo, rezuma temple, se queda quieto y se los pasa muy cerca, el resultado es un novillero que ilusionó a los aficionados y que los puso en pie en no pocas ocasiones, vamos.

Venía a Zaragoza de ganar el prestigioso Zapato de Oro, el trofeo del ciclo de novilladas de Arnedo, el más importante de la temporada, y encandiló de principio a fin. ¡Qué torero!

Y eso llevándose el peor lote de la buena novillada de Jandilla-Vegahermosa. A su primero lo recibió de forma espléndida con el capote; la media, un deleite. Muletazos largos, con sensibilidad, con torería. Los pases de pecho descomunales, los trincherazos, carteles de toros, y la locura en la Misericordia. Tras la estocada, un punto desprendida, es verdad, una oreja, petición de la segunda y negativa presidencial para abrirle la puerta grande.

En un quite por gaoneras al quinto se llevó un volteretón y el sexto, el garbanzo negro, no le dio opciones. Pero ¡qué torero!

Borja Jiménez cortó una oreja al primero en una faena bullidora y se perdió con el cuarto en otra de muchos muletazos pero que dijeron muy poco a los aficionados. Mientras que José Garrido, un tanto indolente con el segundo, salió espoleado con el quinto. Se fue a portagayola, y cuajó una faena animosa con una y otra mano y de largo metraje. Le pidieron la oreja y como el usía no sacó el pañuelo blanco, el extremeño se aventuró a dar una vuelta al ruedo.

La ovación final fue el reconocimiento del público para un ilusionante Ginés Marín. ¡Qué torero!

FICHA

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