Fuente Ymbro: El toro con personalidad propia

Por Rafael Zaldìvar.

Un auténtico corredor ecológico el que transcurre por la campiña jerezana, entre los municipios de San José del Valle, Arcos de la Frontera, Paterna… relieve abrupto en las proximidades de la dehesa ‘Lo Romeral’, enclave de ‘Fuente Ymbro’. Estamos en los límites del Parque Natural de los Alcornocales, donde se encuentra una de las mayores extensiones de alcornoques -170.000 hectáreas- de Europa. Desde San José hasta Algar, el paisaje no miente: acebuches, lentiscos, encinas y al fondo, farallones rocosos donde también se aprecian quejigos.

Desayuno en cualquier venta del camino a base de café de puchero y la consabida tosta de manteca que saben a gloria y enseguida, en una mañana radiante de las que nos ha deparado este mes de noviembre, se divisa el pantano de Guadalcacín. Y, los cercados de toros bravos que rodean las instalaciones. Todo está en su sitio, incluso el viento de levante tan común por estos lares hace su aparición; por eso quizás, el ‘reburdeo’ de los astados se nos hace más próximo. La dehesa es obra de la naturaleza y del hombre.

En ‘Los Romerales’ cada uno está en su sitio, es un todo ordenado. El mayoral Alfonso Vázquez, cordial, nos recibe mientras da consignas al vaquero. Él mismo coge el tractor y distribuye al personal del Ateneo Taurino en el remolque. Son todo atenciones, explicando cercado por cercado, las características de las corridas, sementales y reatas. Al fondo, en alto, la casa del cortijo domina el entorno. Más acá, el largo corredor por el que los bovinos se ejercitan casi a diario. El vaquero, garrocha en mano, viene de repasar otro cercado y se dispone a entrar en las caballerizas, próximas a la plaza de tientas y al embarcadero. Las instalaciones, de lujo. La placita está rodeada de azulejos con toros que hicieron historia, como ‘Sabueso’, indultado por ‘Finito’ en Almagro en 2008, o ‘Rebueno’, perdonado por Vicente Barrera en Ciudad Real.
Decir ‘Fuenteimbros’ es lo mismo que decir ‘Jandillas’; si acaso, han derivado en un toro con personalidad propia. Es el encaste más fino de hechuras de los derivados de Parladé. Bajos de agujas, finos de piel y de proporciones armónicas. En los novillos que salpican otro de los cercados se ven las pintas negras, coloradas, castañas y algún que otro jabonero.

Los cuellos son largos y descolgados, con mucho morrillo y manos cortas. La ganadería cuenta con cerca de cincuenta sementales, y decir eso, es hablar de un laboratorio en la plena extensión de la palabra. Ricardo Gallardo tiene la ganadería en la cabeza. Y supongo que también en el ordenador. La vacada es larga y lidia muchos utreros que le sirven de prueba como nuevos sementales. Mantener un número importante de cabezas significa, traducido al vil metal, una fortuna.

Es lo que tiene la ecología del toro de lidia, no basta con llegar, sino mantenerse en la cima. Han pasado muchos años desde el famoso ‘jazmín’. Sin embargo, a día de hoy, Gallardo sigue cosechando éxitos como el obtenido con ‘Turulato’ el pasado 16 de abril en la Maestranza de Sevilla. Fue premiado por el equipo de veterinarios al toro más bravo. Este año el hierro de la ‘G’ ha lidiado sesenta y un toros y cincuenta y dos utreros. Cogió antigüedad en 2002 y los éxitos se suceden. Las figuras los demandan cuando hay responsabilidad por medio. Algo tendrá el agua cuando la bendicen…

De vuelta, nos hace una seña Alfonso el mayoral, y nos señala al propio ganadero que está repasando a caballo uno de los cerrados. Bella estampa de criador antiguo. Esta temporada próxima lidiará veintidós corridas y todas ellas en plazas de primera. Si acaso -nos dice- lidiaremos también en Logroño, plaza que se puede considerar de primera’. Eso, amigos, a fecha de hoy, es la envidia sana de cualquier criador de bravo. «Bueno, -hace un inciso- si acaso llevaré unos utreros a Torralba de Calatrava que tan bien resultó el pasado septiembre». La piara de cabestros pulula por los alrededores y al ver una de las puertas abierta para el paso del tractor, hacen una incursión a los comederos de los toros de saca. ¡Qué listos son! Inmediatamente se les abre otra puerta y abandonan el terreno no sin antes llevarse en la boca una ‘ración’ de pienso.

Atenciones por parte del grupo de aficionados del Ateneo hacia una familia que es todo amabilidad. Mary Paz, la esposa de Ricardo Gallardo se deshace en atenciones. Prometemos volver a ‘Los Romerales’. Vemos pasar a uno ánades camino del pantano, mientras nos ‘escoltan’ varias filas de chumberas. Por el camino, de regreso a la ‘tacita de plata’, en plena sierra de Grazalema adivinamos un bosquecillo de pinsapos que parecen decirnos: ‘Hasta la vista’.

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